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La primera esposa del emir de Dubái también fue su víctima, como la princesa Haya

Randa al-Banna estuvo casada con Mohamed Bin Rassih en los años setenta, pero tras su divorcio se le prohibió ver a su hija, a la que no ha vuelto a ver

El jeque Mohamed Bin Rashid, en una carrera de Fórmula 1 en 2015.
El jeque Mohamed Bin Rashid, en una carrera de Fórmula 1 en 2015. GTRESONLINE

La familia real dubaití y sus tramas palaciegas y personales eran relativamente desconocidas hasta hace unos meses, cuando saltó a los medios, en verano de 2019, el nombre de Haya de Jordania. La princesa, esposa del emir de Dubái, decidió huir del país llevándose consigo a sus dos hijos, menores de edad. Como se fue sabiendo después, se había refugiado en Londres, y es desde allí desde donde está gestionando un mediático y multimillonario divorcio que se prevé largo y que se irá dirimiendo a lo largo de este año.

Sin embargo, la separación de Haya no es la primera a la que se enfrenta el jeque. En los años setenta, Mohamed Bin Rassih estuvo casado con Randa al-Banna, con quien tuvo una hija, Manal. Poco se sabía de ambas hasta que Randa ha concedido una entrevista al diario británico The Times (la primera que da a un medio occidental) en el que ha contado cuánto sufrió en su divorcio y lo difícil que sigue siendo, décadas después, enfrentarse a ese pasado.

Al-Banna conoció al emir cuando tenía 16 años, en 1972, y acababa de dejar su escuela de Beirut. La entonces adolescente libanesa, rebelde y adelantada a su tiempo, fue presentada en una fiesta en su ciudad a Bin Rassih, a cargo de un pequeño país entonces prácticamente desconocido. La boda llegó rápido, y también las noches de fiesta, champán y bailes por las capitales europeas. Un par de años después llegaría su primera hija, Manal, que ahora tiene ya más de 40 años. A Randa le costó adaptarse al pequeño emirato después de una vida en la cosmopolita y francófona Beirut. Ella, por ejemplo, no entendía el árabe clásico. En la corte trataron de cambiarle el nombre, considerado demasiado occidental, y renombrarla como Haifa, pero ella se negó. 

Según ha explicado la primera esposa del emir, que ahora tiene 64 años, ella tomó la decisión de separarse de él, y eso le llevó a que él la expulsara del emirato y le prohibiera volver a juntarse con su hija, a la que no ha vuelto a ver desde que la niña tenía cuatro años. Tras su huida de la corte, Randa fue secuestrada y obligada a casarse de nuevo. De ese matrimonio forzoso tuvo dos hijos y consiguió divorciarse en los años noventa. Además de contar su historia ahora, también prepara unas memorias. 

Haya de Dubái, a la salida de su juicio, en Londres en noviembre de 2019.
Haya de Dubái, a la salida de su juicio, en Londres en noviembre de 2019. CORDON PRESS

"No es un hombre fácil. Es muy terco", afirma Randa sobre quien fue su esposo. "Me alejé, yo tomé esa decisión, pero ahora no puedo ver a Manal y no sé cómo está. No se me permite verla porque yo me marché, ese es mi castigo". El emir le prometió en repetidas ocasiones que le llevaría a la niña a Beirut o a Londres, pero eso nunca sucedió. Tampoco consiguió acudir a la boda de la ahora jequesa Manal en 2005: antes de volar a Dubái desde Beirut, un hombre la atacó con un bate de béisbol, le rompió cuatro vértebras y le causó una herida en la cabeza para la que necesitió 27 puntos de sutura. Randa tampoco conoce a sus nietos, los hijos que ha tenido su hija con el jeque Mansour, vice primer ministro de Emiratos Árabes Unidos.

Además de los casos de Haya y el ahora hecho público de Randa están también los de las princesas Latifa y Shamsa, hijas del emir dubaití. En el año 2000 Shamsa Maktum, de entonces 19 años, se fugó de la finca que su padre tiene en Longcross, al oeste de Londres. La encontraron en Cambridge a través de unas escuchas telefónicas. Tuvo que volver en helicóptero a Francia y desde allí, en avión privado a Dubái, donde sigue. Por su parte, en febrero de 2018 Latifa, de entonces 32 años, se escapó y trató de huir en barco hasta las costas de Goa, India. Su caso fue más mediático porque dejó grabado un vídeo para difundirlo si fracasaba su intento de fuga, como así ocurrió cuando la interceptaron y la devolvieron al país. 

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