Rachel Valdés

Las confesiones de Rachel Valdés, la novia artista de Alejandro Sanz

La artista cubana, cuya fama ha aumentado por su noviazgo con el cantante, participa en un proyecto sobre La Habana en ARCO. “Lo sagrado es mi trabajo, la vida personal es personal”, afirma

La artista Rachel Valdés —junto a su obra— y el comisario Juan Delgado, en ARCO.
La artista Rachel Valdés —junto a su obra— y el comisario Juan Delgado, en ARCO.

Cada año, la inauguración de la feria Arco se convierte en un microcosmos en el que se dejan ver artistas y galeristas, pero también modelos, influencers, actores, exministros, rostros del papel cuché y todo tipo de personajes. Y, en ocasiones, esos dos mundos se juntan. Eso ocurrió el miércoles, cuando la artista que nadie esperaba se convirtió en la sensación de la feria, en el nombre más perseguido. Ella es Rachel Valdés Camejo (prefiere que se la llame con sus dos apellidos), cubana de 30 años y enorme proyección que expone dos de sus obras en el pabellón 7, en el expositor 7G09 y como parte del proyecto Detrás del Muro. Además de una reputada pintora, escultora y creadora de espacios expositivos, Valdés es la pareja del cantante Alejandro Sanz. De ahí que, cuando se supo de su presencia en la principal feria de arte moderno de España, saltaran todas las alertas.

A las cuatro y media de la tarde, ese stand presentaba el proyecto Detrás del Muro, un proyecto sociocultural que, desde la Bienal de 2012, invita a artistas cubanos a trabajar en el Malecón de La Habana “para llevar el arte a la sociedad, para que la gente lo integre”, como explica su comisario, Juan Delgado, presente en Arco. Muchos deseaban ver allí a Valdés, pero pocos esperaban su presencia en él. Ella, en cambio, desmiente por completo y en una carcajada que huyera de la prensa. “¡Ni siquiera sabía que había una presentación! Llegué muy temprano y me fui de la feria a las dos de la tarde, pero para nada me he escondido”, relata a EL PAÍS en conversación telefónica.

No le habría importado dejarse ver ante los informadores, insiste. Entre otras cosas, para que los gráficos le hubieran hecho algún retrato. “¡No tengo buenas fotos!”, bromea. “Además, no soy nada fotogénica. Si estoy trabajando... salgo fatal”, confiesa divertida. Sin embargo, no es la primera vez que pasa por Arco, aunque obviamente sí con esta exposición mediática. Ya expuso en la feria en 2016, cuando creó un cuarto de espejos de casi 10 metros cuajado de luces y colores.

Pero pese a que ella apenas se dejara ver, su obra destacó. Valdés ha expuesto en tres ocasiones en Detrás del Muro. Su creador, Juan Delgado, fue uno de los primeros que comisarió a Valdés allá por 2010, recién salida de la Academia Nacional de Bellas Artes de La Habana, donde se graduó en Pintura y logró una Medalla de Oro. “Es una gran, gran artista”, asegura Delgado. “Más allá de la pintura, le auguro una gran carrera. Es sencilla, linda, una mujer trabajadora e independiente, que a sus 30 años es inteligente, brillante”.

Sus colegas y amigos también se deshacen en halagos con Valdés. Es el caso de Fabelo Hung, otro de los artistas cubanos que exponen en Detrás del Muro y también en Arco. Hung estudió con Valdés en la Academia. “Fue la primera persona a la que conocí, nos sentamos juntos el primer día”, rememora. “Forma parte de una generación que tiene mucho que expresar como artista. En los últimos años ha minimizado su paleta, su temática... centrándose en el espejo y su reflejo de la realidad. Ella es todo un ejemplo de la revolución artística”, afirma Hung, que relata que la pandilla aún sigue saliendo junta a menudo.

El programa que creó Delgado existe desde hace tres ediciones como parte de la Bienal de Arte de La Habana, y Valdés ha expuesto en las tres. En 2012, cuando solo tenía 22 años, colocó un gran espejo en el céntrico paseo cubano en el que se reflejaban el mar y sus paseantes. En 2015 instaló un enorme cubo de cristal azul que más tarde donó a la ciudad. Reality, como se llamaba la obra, jugaba con “la distorsión de la realidad, la rareza de los reflejos”. Cuenta Pepe Fernández, comisario de la Bienal, que la donación de Valdés, situada en el Castillo de la Punta de la ciudad, quedó destruida apenas dos años después a causa del huracán Irma. En Arco se expone una maqueta de aquel cubo. Como dice la artista, “tuvo un final caótico, pero poético. Toda una experiencia”.

De aquí que su tercera obra, Inmersión, que realizó para la 13ª Bienal (celebrada en 2019), sea también un gran cubo azul de acero y cristal que, ahora sí, está preparado para ser desmontado en caso de huracanes. En la feria de arte contemporáneo se puede ver una fotografía de la misma. En este caso, fue el historiador de la ciudad quien la compró.

Valdés se dedica a la pintura, y ahora prepara una serie de gran formato sobre piscinas vacías en acuarela, una técnica compleja. La creación de espacios, su otra pasión, la deja para proyectos como Dentro del Muro o para cuando es auspiciada por coleccionistas o fundaciones, como la Rockefeller Brothers Foundation, que la ha apoyado en alguna ocasión.

"Mis piezas son un culto a la tierra, al espacio, para aprender lo que tenemos. Tengo una obsesión por el reflejo, por lo que existe y lo que no. Normalmente lo vemos todo, pero no a nosotros mismos", reflexiona Valdés. "Me gusta jugar y crear un paisaje dentro del paisaje", relata.

Valdés vive a caballo entre La Habana, donde le gusta pintar, “por la luz, supongo”, y Barcelona, además de acompañar a Alejandro Sanz en su gira estos meses. Junto a ella va siempre su hijo, que está a su lado incluso en la entrevista. El pequeño tiene cinco años, lo cuenta ella misma. “Yo no miro las noticias ni nada de eso. Pero no me oculto, no tengo nada que ocultar. Para mí lo sagrado es mi trabajo, la vida personal es personal”, explica con sencillez. “Para mí lo importante es el trabajo, así que por tener esta relación [con Alejandro Sanz] es lógico que se me mencione”. Pero ella prefiere no nombrarle siquiera.

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