Bendita imperfección: ¿qué beneficios tiene comprar frutas y verduras feas?
La sociedad cambia el chip: las hortalizas “feas”, rechazadas por la cadena de suministro convencional, encuentran una segunda vía para llegar a casa a través de innovadoras plataformas como Remolonas, Talkual o Im-perfect

Cada día, millones de frutas y verduras perfectamente comestibles son descartadas por proveedores y supermercados. Las razones son variadas: muescas y protuberancias,, tamaños inusuales, pequeñas imperfecciones o formas irregulares. Como si en el casting les dijesen: “eres demasiado fea”. Al mismo tiempo, cada español tira a la basura algo más de 24 kilos de comida al año, según datos del último informe anual sobre desperdicio alimentario publicado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Otro estudio reciente del CSIC revela que en España se descartaron más de 480.000 toneladas de frutas y hortalizas entre 2018 y 2024, antes incluso de llegar a las tiendas. Cada año nuestro país elimina 1.300 millones de toneladas de alimentos que no llegan a consumirse jamás..
Pero ambos fenómenos están cambiando: cada vez desperdiciamos menos comida —las actuales son las cifras más bajas desde 2016, algo a lo que contribuye la nueva Ley aprobada en 2025—, a la vez que plataformas especializadas conectan a los consumidores con las hortalizas descartadas del circuito comercial. Los movimientos ugly food —comida fea— y zero waste —residuo cero— han llegado para quedarse, con ejemplos como Misfits Market en San Francisco, Perfectly Imperfect Produce en Lisboa, Fruta Feia en Canadá, o Second Life en Reino Unido. En nuestro país, la avanzadilla la marcan plataformas como Remolonas, Talkual o Im-perfect, nacidas en la última década y conscientes de que cada kilo de tomates, zanahorias o manzanas salvado de la basura es una victoria que celebrar.

Adiós al canon de belleza
“Hemos decidido abandonar el estándar de la belleza y seguir el de la singularidad”, anuncia la web de Remolonas, orgullosos de dar salida desde su nacimiento en 2024 a “puerros gigantes, micromanzanas o calabazas con cicatrices fascinantes”. Pero también a aquellos con etiquetas dañadas, a las verduras pasadas de moda o a las cercanas a la fecha de caducidad. “La chispa no fue una idea de negocio convencional, sino un choque frontal con lo absurdo. Al observar la cadena de suministro, descubrimos una realidad invisible: camiones enteros de alimentos perfectos siendo rechazados simplemente por una cuestión de estética, por un exceso de stock o por una gestión ineficiente de la industria. Vimos cómo productos de primera calidad se convertían en ‘residuo’ antes de llegar al estante por no cumplir un canon de belleza o una métrica de rotación”, explica su CEO, Carlos Pérez. También decidieron contratar a trabajadores con discapacidad y en riesgo de exclusión. “Nos demuestran todos los días que la excelencia técnica no entiende de etiquetas”, añade.

“Más de una tercera parte de los alimentos que se producen en el mundo terminan en la basura. A su vez, en Cataluña y en el resto del Estado español, un 25% de la población vive en situación de riesgo de pobreza, con dificultades para acceder a una alimentación saludable y a oportunidades laborales”, recalca Mireia Barba, directora es Im-perfect y fundadora de la Fundació Espigoladors, cuyo obrador elabora conservas con las “excluidas” del huerto y también da trabajo a personas en riesgo de exclusión. Organizan “espigueos” con voluntariado en los campos y trabajan en red con entidades sociales y servicios de distribución gratuita de alimentos (SDA) para canalizar la fruta y verdura espigada. Desde sus inicios hasta marzo de 2026 han transformado 922.268 kilos de frutas y verduras de proximidad y de temporada, evitando la emisión de 1.390 toneladas de CO₂ —el equivalente a 208 vueltas al mundo en coche—, y ahorrando 6.329 millones de litros de agua —el equivalente a 79.119.924 duchas—.
Entre los hitos de Im-perfect destacan la prueba piloto que impulsaron hace un lustro para transformar naranja amarga de la ciudad de Barcelona en su propia marca de mermelada solidaria: La Marga. Certificados como empresa B Corp en 2023, al año siguiente se trasladaron desde a un nuevo centro de producción, una potente nave industrial que les permite llegar a 800 puntos de distribución en Cataluña, Madrid y Valencia. Convierten frutas feas en patés, mermeladas, salsas, compotas, cremas y limonadas, que también pueden adquirirse vía online. Compota de manzana, crema de calçots, mermelada de cebolla o paté de berenjenas con alcaparras son algunas de sus viandas.
Otro proyecto exitoso que salva hortalizas descartadas es Talkual, la startup de Marc Ibós y Oriol Aldomà, dos chicos de Lleida. “Somos amigos desde hace tiempo y allá por 2019, tras regresar de una temporada en Australia, fui a visitar a Marc al almacén familiar de peras y manzanas. Me quedé sorprendido de la enorme cantidad de manzanas Fuji, algo pequeñas, que Marc iba descartando porque no encajaban por calibre en las grandes superficies”, relata Oriol. Investigaron y vieron que estos rechazos eran masivos y normalizados y se preguntaron qué les gustaría a ellos que se hiciese con los excedentes hortícolas. La respuesta fue fácil: cajas a domicilio, con productos “tal cual”, directos del campo. Así se bautizaron y salieron al mercado, justo antes de la pandemia. Desde entonces han rescatado 6.000 toneladas de frutas y verduras.

Ofrecen distintos formatos, siempre estacionales: desde cajas medianas —ideales para parejas o personas solas, de unos seis o siete kilos— a las cajas grandes —de nueve o diez kilos, el formato estrella para familias o pisos compartidos—, o las cajas extra —para familias numerosas o grandes consumidores de vegetales—. También incluyen derivados: sofritos de tomate tradicionales, pisto o membrillo artesanal. Su propósito es que la gente reconecte con el ciclo natural del campo. “No vas a encontrar tomates en enero ni fresas en diciembre”, cuentan.
Asombro, sabor, frescura y verduras ‘outsiders’
Todos coinciden en que las frutas y verduras “feas” son en realidad más ricas y naturales: “Lo especial es que son alimentos reales, sin filtros ni cosmética”, destaca Carlos Pérez de Remolonas. Explica que en muchas ocasiones, la gran distribución obliga al agricultor a recolectar el producto cuando aún está verde para que soporte semanas de transporte y estantería, impone calibres muy estrictos y provoca que no se lleguen a recoger las piezas con defectos estéticos, ya que la mano de obra le supone un coste que no va a recuperar.
Además, cuando una fruta o verdura se cosecha para la distribución masiva, se la somete a procesos de lavado y encerado cuya única función es que la pieza brille bajo los focos, aunque eso suponga añadir capas químicas innecesarias. “En Remolonas el proceso es el inverso. Como operamos bajo una demanda conocida, nuestros productos no van a estar expuestos en un lineal esperando semanas; se recogen en su punto óptimo de maduración”, anota. Al evitar ese tuning estético, el producto llega a casa mucho más natural, con todo su sabor y sus propiedades intactas. “Irónicamente, lo que el mercado descarta por feo es, nutricionalmente, lo más honesto”, puntualiza. La tecnología es su aliada: la plataforma informa en tiempo real de un excedente de producción o una partida que no encaja en la gran distribución por un cambio de etiquetado o formato. “Así, el productor monetiza lo que antes era una pérdida y nuestro cliente accede a marcas de toda la vida”, anota Carlos Pérez.

En cuanto a la experiencia gastronómica, estos vegetales causan asombro. “Al morder una pera deforme o un tomate feo, descubren que el sabor es espectacular, a menudo mejor que el del supermercado porque viene directo del campo”, relatan desde Talkual. “Cuando visitamos a proveedores de nectarina por ejemplo, nos confiesan que a su casa se llevan esas feas porque normalmente son las más dulces y con más brix (azúcar)”, apostillan.
El factor sorpresa es otra de las ventajas: las cajas son descubrimientos continuos que permiten salirse del “sota, caballo, rey” y ampliar la lista de la compra habitual. “Como dependemos 100% de lo que da la tierra y de lo que se rescata cada semana, a veces incluimos productos como el apionabo, el romanesco o ciertas variedades de calabaza. Nos mandan fotos de las recetas que se inventan; es genial ver cómo una hortaliza imperfecta fomenta la creatividad en la cocina”, destacan desde Talkual. Así, algunas verduras viejunas, olvidadas y descatalogadas vuelven a la vida.
En el caso de la labor de Im-perfect, se suma la comodidad de proporcionar un producto ya hecho. “Nuestro producto estrella es el paté de alcachofa, un producto típico del Baix Llobregat”, destaca Mireia Barba. Su nueva línea de cremas vegetales “resuelve con facilidad el menú de los días en los que no hay tiempo o ganas de cocinar”.

Las otras métricas del éxito
El espigueo o la rebusca (espigolament en catalán) es una actividad milenaria que consiste en la recogida de los alimentos que quedan en el campo después de la cosecha. En la Fundació Espigoladors recuperaron esta práctica para aprovechar alimentos saludables, acercar la ciudadanía al campo y visibilizar la labor de los agricultores. ¿Cómo lo hacen? Los productores les avisan, ellos activan el protocolo, visitan el terreno y movilizan a su voluntariado. Después, contactan con las entidades para distribuir estos productos frescos a colectivos en situación de vulnerabilidad. “El espigueo permite visibilizar la punta del iceberg de un sistema agroalimentario insostenible y que conduce a la precarización del campesinado”, recalca Mireia Barba.

Su modelo es un éxito para toda la sociedad: en Im-perfect trabajan 23 personas en situación de riesgo de exclusión, en compañía de personal técnico y a partir de un modelo integral y holístico, llevan a cabo un itinerario individualizado de inserción laboral con períodos que oscilan entre los seis meses y los tres años. Al completarlo, obtienen competencias técnicas de ayudante de cocina o mozo de almacén, lo que les permite trabajar en cualquier empresa ordinaria agroalimentaria. “Aprenden a manipular alimentos, cocinar, seguir recetas, envasar, dosificar, pasteurizar, esterilizar, etiquetar, empaquetar, almacenar, limpiar o usar maquinaria”, anota Barba. Uno de los mayores hitos del proyecto es el traslado del obrador en Sant Cosme al centro de producción en el Fondo d’en Peixo hace dos años: pasaron de elaborar 395.489 productos en 2023 a 664.933 en 2024 y a contratar una media de 21 personas en 2023 a 34 personas en 2024.
Desde Remolonas subrayan que el desperdicio alimentario es el responsable directo del 10% de todas las emisiones de CO₂ vertidas a la atmósfera y recuerdan que el 28% de la superficie agrícola mundial se explota para producir comida que nunca llegará a ser consumida. Su plataforma rescata unas 25 toneladas de alimentos cada semana. Al margen del peso, integran frescos y despensa en un mismo envío, por lo que eliminan la necesidad de múltiples rutas de transporte y repartos fragmentados, reduciendo todavía más la huella de carbono. La compra semanal aterriza en un único paquete de cartón reciclado, sin plástico innecesario.
Desde Talkual hablan de triple impacto: medioambiental, económico y social. “Aprovechamos recursos naturales (tierra, agua y energía) al dar salida a productos que de otro modo se perderían, eliminamos intermediarios innecesarios y cambiamos la mentalidad de las personas. Cuando un cliente nos envía una foto de una zanahoria con piernas o un tomate gigante y le parece algo natural y divertido en lugar de un defecto, sentimos que nuestra misión está cumplida”, señalan Marc y Oriol. Su labor también es pedagógica con los agricultores para que comprendan que buscan imperfección estética, no falta de calidad. “Una vez que entienden que nuestro modelo les ayuda a rentabilizar una parte de la cosecha que antes daban por perdida, la relación se vuelve muy estrecha”. Un campesino de Lleida les confesó hace poco que estaba aliviado por ver que el sudor de tantos meses no acaba en la basura o malvendido en zumo solo porque la manzana tenga un tamaño distinto o marcas en la piel.
Un futuro circular
La emergencia climática exige cambiar el sistema alimentario: según la Organización Meteorológica Mundial, los 11 años del período comprendido entre 2015 y 2025 han sido los 11 años más cálidos de los que se tiene constancia, mientras se multiplican los fenómenos extremos, el derretimiento de los glaciares no da tregua y el océano absorbe cada año el equivalente a 18 veces la cantidad de energía consumida anualmente por la humanidad. “El modelo agroalimentario actual, enfocado únicamente en la homogeneidad y la estética, es insostenible a nivel ecológico y moral. No podemos permitirnos descartar una parte enorme de lo que producimos”, exigen los creadores de Talkual. Para ellos, el futuro pasa por la economía circular. “Afortunadamente, la mentalidad está cambiando muy rápido”.
“Se ha acabado la era de la complacencia. El consumidor actual entiende que comer un tomate con una forma extraña o comprar una conserva rescatada es un acto de rebeldía”, anota el responsable de Remolonas. Las verduras feas son hoy, si cabe, más guapas que nunca.







































