Los límites de la mejor croqueta: ¿debe parar el circo de los concursos gastronómicos?
Los incontables certámenes de hamburguesas, ensaladillas, pizzas o pinchos son una plaga en la gastronomía contemporánea… aunque todos ganan con ellos


En los últimos años, la gastronomía viene sufriendo los azotes de muchas lacras, de la maduración de las carnes para convertirlas en el cuerpo incorrupto de san Isidro a la sobreexplotación hasta el empacho de la burrata, pasando por la omnipresencia de la torrija caramelizada de brioche, los tartares de todo lo tartareable o las vinagretas / salsas / postres de yuzu con olor a Ajax Pino. Sin embargo, existe una plaga que no es un producto ni una preparación, cuya capacidad para estomagar comienza a superar a todas las anteriores: los concursos de la mejor (inserte aquí cualquier plato popular de gran éxito).
La mejor pizza. La mejor hamburguesa. La mejor ensaladilla. Las mejores croquetas. De España. De Madrid. De Barcelona. De Murcia. De Navamorcuende de Valdecarábanos, que no existe, pero si existiera tendría también sus tres o cuatro competiciones. Pensábamos que no podría haber nada más cansino que los días mundiales de cosas comestibles, que hay varios cada 24 horas, pero tenemos una legión de cocineros, bares y restaurantes luchando por alzarse con un título que les ponga en el mapa del buen comer.
Examinemos por un momento la maquinaria de los concursos, un triángulo de beneficio equilátero con tres vértices: los negocios hosteleros participantes, las marcas patrocinadoras y los medios de comunicación. Los primeros logran visibilidad y, si se llevan el gato al agua, una subida importante de la facturación: todo el mundo quiere probar el mejor de lo que sea. Los patrocinadores también consiguen presencia, y si además producen o distribuyen ingredientes del plato, jugada perfecta: el ganador casualmente llevará su jamón, su carne o su mayonesa, y estará así de buena porque se hizo con él o ella.
¿Qué nos llevamos los medios? Pues un contenido jugoso que grita a los cuatro vientos “clícame”. Una pieza informativa que no exige pensar demasiado, fácil de resolver sin grandes esfuerzos, perfecta para ser difundida en redes sociales y firme candidata a entrar en la lista de artículos más vistos. No quieras arruinarnos la fiesta preguntándonos por las pegas de algunos de estos concursos (criterios de selección dudosos, amiguismos y conflictos de intereses en los jurados, falta de rigor en los procedimientos), ni nos pidas que indaguemos sobre los intereses a los que obedecen: el periodismo está como está, y con sobrevivir ya tenemos bastante.
Si nos ponemos positivas, debemos reconocer que algunos de estos certámenes ponen el foco en establecimientos que lo merecen. Premios como el del panettone de Tonatiuh Cortés en Barcelona o la tortilla de patatas de O Cabo en A Coruña, por poner solo dos ejemplos, reconocen un excelente trabajo y consiguen que muchas personas se enteren de la existencia de negocios pequeños sin grandes presupuestos para marketing o publicidad.
Aun así, cabe preguntarse si la loca carrera por encontrar al número uno en todo tiene sentido, y esto aplica igual a las muy discutibles listas de mejores bares y restaurantes, que gustan más que un baptisterio romano en el mundillo gourmet. Si lo pensamos bien, es como buscar el mejor grano de arena en una playa. Existen incontables lugares donde comer e infinitas hamburguesas, torrijas o tartas de queso, y que un grupo de señores elijan sus favoritas entre unos pocas preseleccionadas no debería llevarnos a conclusiones demasiado rotundas.
Sospecho además que debajo de esta fiebre subyace algo intrínsecamente neoliberal: la necesidad de competir sin descanso, de medir tu éxito no tanto en función de hacer las cosas bien o mal, sino de ser más que el de al lado. De vivir, en definitiva, consumidos por la ambición bajo la coartada de la “creatividad”. El sueño capitalista genera monstruos, y no hay más que darse una vuelta por algún concurso de pinchos o tapas de cualquier localidad española para comprobarlo: los habituales montajes churriguerescos de “comida en miniatura”, monumentales gastrocursiladas que te hacen suspirar por una simple banderilla, son la demostración incontestable de que la búsqueda de lo mejor no siempre nos lleva a lo bueno.
Sigue a El Comidista en Youtube

Consulta aquí todas las piezas del Especial Gastro de 'El País Semanal'
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.
Sobre la firma

Más información
Archivado En
Últimas noticias
Sergio Ramos lidera a un grupo de inversores para comprar el Sevilla
Jóvenes atrapados por las llamas en la fiesta de Año Nuevo en Crans-Montana: “Teníamos muchos amigos dentro de los que no hay noticias”
Bonoloto: comprobar sorteo del jueves 1 de enero
La Primitiva: comprobar sorteo del jueves 1 de enero
Lo más visto
- El vestido de Cristina Pedroche en las Campanadas 2025: un traje hecho con sus anteriores estilismos y en recuerdo a las personas con cáncer
- Campanadas 2025, de Pedroche a José Mota: baratas, escasas y recicladas
- Al menos 40 muertos por un incendio en el bar de una estación de esquí en Suiza
- Nuevas reglas de tráfico para 2026: los conductores que no señalicen con la baliza V16 serán multados
- Sandra Barneda: “Eso de las izquierdas y las derechas es arcaico, un pensamiento que solo sirve para marcar distancias”










































