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Columna
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Vivir mata

El café, a raíz del proceso de tueste, también contiene acrilamida, pero en este caso no importa. Hace poco nos informaron de que hasta cinco tazas de café al día alargan la vida

Alimentación
Maria Nicolau

No comas pan blanco. Los refinados son el mal. Come pan integral. Y poco, que engorda. Si para desayunar tomas pan, que no sea más de una rebanada, y que nunca se te ocurra ponerle jamón, o pavo, o chorizo, o longaniza. Eso son carnes procesadas, aumentan el riesgo de sufrir cáncer colorrectal y están cargados de sal. El atún en lata lleva mercurio. Tampoco comas fruta recién levantado. Te marcharás a la oficina con el azúcar en sangre disparado. Pero no salgas de casa en ayunas. Por la mañana, puedes tomar arroz integral. Hiérvelo justo antes de consumirlo, los cuarenta minutos que necesite. Comer arroz recalentado es una práctica de riesgo y madrugar es de triunfadores. Aprende a cocinar para cada ocasión la cantidad exacta que vas a comer. Tirar comida es pecado. Planifica, pero no te obsesiones demasiado con el control y el orden, que la vida está para gozarla mediterráneamente, para ser espontáneo, para vivir aventuras.

Nada de lácteos, claro. Son flatulentos y te saldrán granos. A no ser que tengas doce años y vivas en un orfanato. O que te gusten y te sienten bien. En ese caso, un vaso de leche fortalece los huesos.

No comas carne cruda o te devorarán las bacterias. Escherichia no es una variedad de escarola. Cocina la carne hasta que esté completamente hecha, pero no demasiado, o te matarán las aminas heterocíclicas que aparecen junto al color dorado y que no son fases de una sexualidad fluctuante, sino potentes mutágenos que causan tumores. Lo mismo pasa con las patatas y las acrilamidas. Las patatas crudas son indigestas y ligeramente tóxicas. Las patatas doradas están llenas de subproductos nocivos. El café, a raíz del proceso de tueste, también contiene acrilamida, pero en este caso no importa. Hace poco nos informaron de que hasta cinco tazas de café al día alargan la vida.

El huevo crudo está prohibido. Sólo se puede consumir fuera de casa y mezclado con carne cruda, en un steak tartar.

Ante todo, desconfía del poder de tu cuerpo para filtrar y depurar aquello que no le interesa ni le conviene. El hígado es para comerlo encebollado. Los riñones, al jerez. No seas puntilloso, ni tiquismiquis. Goza de los placeres de la mesa. Una guerra, tendrías que haber pasado. Le buscas el “pero” a todo. A nadie le caen bien los maniáticos y comer en soledad acorta la vida.

Para remover la cazuela, usa cuchara de plástico, de látex, de poliéster. Nunca de madera. Es porosa. Qué asco. Reduce el consumo de plástico. Tienes el cerebro y los testículos llenos de microplásticos. Compra cucharas de bambú, de producción artesanal de proximidad, para no arruinar al pequeño comercio, y de poco bambú, porque es una planta invasora. No metas la mano con la que has metido el bistec en la sartén en el salero. Vas a dejarlo lleno de restos de carne. No tengas mano de carne. Ponte guantes de plástico.

No uses trapos ni bayetas en la cocina. Sólo cambian la porquería de sitio.

No chupes la cuchara con la que mueves el guiso; lo llenas todo de babas. Aunque tu saliva viva en tu boca las veinticuatro horas del día, es peligroso que salga y vuelva a entrar. O, peor: tu saliva podría entrar en contacto con las bocas de aquellos con quienes compartes la mesa y la cazuela. No beses a tu pareja. No beses a tus hijos. Nunca des el amor por sentado. El amor se hace y se demuestra cada día. Mantener viva la llama del amor está en tus manos. Nunca hay que abandonar las caricias ni las muestras de afecto cotidianas. Besa a tu pareja. Besa a tus hijos. Besa a tu gato y súbelo a Instagram.

No aburras con tanto pollo. No comas carne roja. No comas cerdo. No compres pescado de piscifactoría. No comas pescado salvaje asediado por la sobrepesca. Protege a tus hijos de las espinas. Hay que comer pescado. El pulpo tiene sentimientos. Come gusanos, grillos, insectos. Toma proteínas. El asco es una cuestión cultural. La gastronomía es una cuestión cultural, mitad costumbre, mitad nostalgia. La costumbre nunca ha sido un buen argumento y la nostalgia es propia de los que tienen más pasado que futuro. La nostalgia es de viejos.

Fríe con aceite de oliva virgen extra de primera prensada, procedente de aceitunas recolectadas a mano al amanecer de una noche de luna llena al son del canto aflautado de tres vírgenes nacidas al unísono mientras un sátiro toca el arpa. El aceite refinado es el enemigo. El de girasol es el mal, o es de pobres, que es peor. Como el pollo. O las varitas de merluza. Qué vergüenza.

No comas fast food. No des fast food a tus hijos. No seas estirada, lleva a los críos al McDonald’s. No juzgues a las familias ajenas.

Come temprano, cena a las siete, y dale a tu cuerpo un par de horas para hacer la digestión, antes de meterte en la cama. Pero no te acuestes con hambre, o no pegarás ojo. Bebe un vaso de agua antes de dormirte. Mantente hidratado. No bebas antes de acostarte. La próstata. El arroz de noche está prohibido. Es de guiris. Sólo puedes comer arroz para cenar cuando estás enfermo, entonces cura.

No comas siempre lo mismo. La clave para una buena salud es una dieta variada. Y sobre todo no tengas ansiedad, ni estrés, ni miedo, ni angustia. Las descargas de cortisol que desata la ansiedad debilitan al sistema inmune.

La principal causa de oxidación celular, de envejecimiento, es la respiración. Ella es la puerta de entrada del oxígeno a tu organismo. El oxígeno es veneno. No respires.

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Sobre la firma

Maria Nicolau
Es cocinera de oficio y por vocación. Durante más de veinticinco años ha trabajado en restaurantes de España y Francia. Autora del libro ‘Cocina o Barbarie’, prologado por Joan Roca en catalán y Dabiz Muñoz en castellano. Actualmente vive en Vilanova de Sau, Osona, donde ha conducido el restaurante de cocina catalana El Ferrer de Tall.
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