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La dieta saludable logra rango de asignatura

El comedor aspira a ser un espacio pedagógico más a partir de una nueva ley que garantiza menús más equilibrados

yatate (getty images)

La comida sabía toda igual” “muy procesada, como si llevara mucho tiempo ahí”. La primera opinión la da Andrés y la segunda Pablo, alumnos andaluces de 14 años. Forman parte de una encuesta hecha a más de 1.600 adolescentes (de 12 a 18 años) de toda España para elaborar el informe Comer en el cole: alimentación, educación y equidad, realizada por la ONG Educo dentro de su campaña Espacio Comedor 5 Estrellas, lanzada el pasado mes de octubre con el objetivo de que esta iniciativa sea universal y gratuita. “El 94,5% de los encuestados lo valora positivamente, sin embargo acaban calificándolo con un tres sobre cinco cuando hablamos de menús, sea por su sabor, las raciones pequeñas, la inadecuada temperatura de los platos, entre otras quejas frecuentes. ¿Quién dijo que lo sano y lo rico no es compatible?”, cuestiona Pilar Orenes, directora de la organización, quien no entiende que el espacio para comer no forme parte del proyecto educativo del centro.

Las cosas van a cambiar por imperativo legal. El Real Decreto 315/2025 modificará la carta de los colegios a partir del próximo mes de abril, cuando se cumpla un año desde su aprobación, con doce meses de margen para adaptarse, por lo que se prevé que los nuevos menús se estrenen el próximo curso. “Los centros escolares servirán cinco comidas a la semana nutritivas, equilibradas, saludables y conformes a los estándares de la de la Organización Mundial de la Salud o de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y de Nutrición”, explicaba el ministro de Derechos Sociales y Agenda 2030, Pablo Bustinduy, al anunciarla en Consejo de Ministros. Como prioridades: el impulso del consumo diario de frutas y verduras frescas, legumbres, pescado y carne de calidad, primando los productos de cercanía, locales, y de temporada, y en paralelo la limitación de alimentos ultraprocesados, precocinados y fritos. También desaparecen de las máquinas dispensadoras y cafeterías de los colegios las bebidas azucaradas y energéticas, así como la bollería industrial. La apuesta incluye además “un modelo más sostenible, más eficiente, más racional y que implique menos envases, plásticos, residuos y desperdicio”, añadía Bustinduy.

Por su parte, desde el Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes, subrayan que “esta garantía de acceso a una alimentación y nutrición de calidad se encuentra alineada con el Plan de Acción Estatal para la Implementación de la Garantía Infantil Europea (2022-2030), el segundo Plan Nacional de Derechos Humanos (2023-2027) y el Plan Estratégico Nacional para la Reducción de la Obesidad Infantil (2022-2023)”. Eduard Mogas, pediatra endocrino y miembro de Sociedad Española de Obesidad (SEEDO), ve “crucial que el entorno escolar se sume al intento actual de estabilizar la prevalencia de esta enfermedad que muchas veces empieza en la infancia, afecta a más del 40% de los menores, dados los ambientes obesogénicos que derivan del estilo de vida actual. Debería primar lo vegetal frente a la barra libre de hidratos de carbono. Promocionar el descanso activo e inclusivo es igualmente importante, incluso por qué no, adaptado a cada circunstancia y cuerpo”, reclama Mogas.

El Plan Nacional de Control Oficial de la Cadena Alimentaria 2021-2025 ya evidenció la necesidad de solucionar algunas cosas por ley: el 16% de los centros educativos no cumplen la recomendación de tomar, al menos, cuatro frutas semanales; tampoco la misma ración de verduras en un 37% de los casos. Además, el 7% nunca ofrece pescado. Unas carencias que se suman al debate, siempre animado, sobre cuál es el mejor horario nutricional para el alumnado.

¿Retomar la jornada partida?

No basta con saber, por ejemplo, que el azúcar impacta en el cerebro y boicotea el aprendizaje, sino que conviene conocer los ritmos biológicos de las y los estudiantes, pues se considera que el periodo de mayor atención se produce a media mañana y por la tarde. La pandemia terminó de consolidar la ya extendida jornada continua, adoptada en el 80% de los centros públicos frente a un 20% con horario partido, porcentajes que se invierten en los de titularidad privada y concertada. Ahora, la discusión sobre el modelo adecuado se ha reavivado desde diciembre cuando la Comunidad de Madrid aprobó una normativa para alargar la jornada lectiva, tal y como ha sido tradición en Cataluña, País Vasco y, más recientemente, en Navarra. “Esta apuesta del Gobierno regional tiene como objetivo mejorar el rendimiento escolar, el descanso, la capacidad atencional y los hábitos de alimentación, facilitando la conciliación de la vida familiar y laboral, ya que garantiza a los padres que sus hijos están atendidos más horas en su entorno escolar”, explican desde la Consejería de Educación, Ciencia y Universidades de la región madrileña.

Sobre lo que sí parece haber consenso es en el reconocimiento de que, como explica Carmela del Moral, responsable de políticas de infancia en Save the Children, “para algunos alumnos en situación de vulnerabilidad el colegio es el único lugar en el que pueden realizar una comida al día, con productos frescos”. Pero “el problema es que el acceso al comedor no está garantizado, por falta de medios físicos, especialmente en Secundaria, o porque las becas no lo cubren. En nuestro informe Comedor garantizado recogimos el dato de que estas [ayudas] llegaban al 11,2% del alumnado, cuando la pobreza infantil en España es del 27,4%, según la última ECV”, lamenta Del Moral.

“Aplaudimos el nuevo Real Decreto, pero siempre que se operativice. Es decir se haga seguimiento, se traslade a todos los ámbitos competenciales y se procuren los recursos necesarios”, concluye Orenes.

Alternativas obligatorias

Una futura norma estatal hará que se flexibilice la oferta alimentaria de los servicios públicos de restauración, con la inclusión de alternativas que respeten la diversidad ética, cultural o religiosa sin sobrecoste alguno. Hospitales y, por tanto, también colegios se verán directamente afectados. Por ejemplo, el menú halal para los musulmanes y el vegetariano, así como aquellos sin lactosa y sin gluten, pasarán a ser opciones obligatorias cuando cristalice el anteproyecto de Ley, elevado a consulta pública a inicios de año por el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030.

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