‘Cascos azules’ escolares para terciar en pequeñas broncas
La creación de equipos de mediación ayuda a prevenir y desactivar las disputas antes de que escalen y lleguen a las redes sociales

Pequeñas peleas; una bronca en clase que continúa en redes sociales; malentendidos derivados de los “tú por qué me miras” y de los “me han dicho que has dicho”… El equipo de mediación del IES Ramiro II de La Robla, en León, trabaja para solucionar los conflictos que van surgiendo en el día a día del instituto, y evitar así que escalen.
Los 56 alumnos y ocho profesores que lo componen (algunos años ha contado también con padres) se han formado para ser lo que podría denominarse como los cascos azules escolares, capaces de poner paz mediante un arbitraje en una disputa. Utilizan la calma, la ecuanimidad, la escucha activa y la empatía. “Me parecía una manera de ayudar”, explica Carlota, alumna de 4º de la ESO y mediadora desde hace dos cursos.
A partir de 2004, prácticamente todas las comunidades autónomas han ido legislando para que los centros educativos incluyan actuaciones concretas de mediación dentro de sus planes de convivencia. El IES Ramiro II la puso en marcha en 2003, después de que unos alumnos pincharan las ruedas del coche de un profesor y el incidente terminara en un grave enfrentamiento entre estudiantes, educadores y familias. “Se rompió el centro”, recuerda Jorge de Prada, actual director, que por aquel entonces llevaba dos años como profesor y fue uno de los impulsores de esta fórmula para tratar de pacificar el ambiente. Sirvió para superar aquella gran crisis y la comunidad educativa ha sabido darle continuidad, convirtiendo a este instituto leonés — con 300 alumnos y 45 docentes— en un referente en la materia.
Esta mañana de febrero, una representación del equipo de mediación del IES Ramiro II atiende a EL PAÍS por videoconferencia. Acompañan a los chicos y chicas el director; la orientadora, Sara González; la jefa de estudios, María Luisa González, y la coordinadora de convivencia, Sandra Sierra. Entre todos desgranan cómo funciona la mediación, que es voluntaria y confidencial: lo hablado en ella no trasciende. Las dos partes han de aceptarla para comenzar el proceso: rellenan su solicitud, eligen a sus mediadores y afrontan una premediación —cada una por separado— durante un recreo. Finalmente, ambas partes se juntan con dos mediadores para dialogar y salen con algún tipo de acuerdo o compromiso. Durante los siguientes 25 días, los árbitros informan a la coordinadora de si se ha cumplido lo acordado.
La jefa de estudios recuerda que la mayoría de los problemas surgen sin una interacción personal, por la vía de las redes sociales o de personas interpuestas. “Cuando sientas a dos personas a decirse a la cara lo que sienten, lo que les hace daño o les parece mal de la situación, la cosa cambia. El cara a cara es muy importante”, comenta. De Prada asegura que el procedimiento es “altamente educativo” y que una vez finalizado el conflicto concreto que lo ha originado no vuelve a producirse. “Que te escuchen tiene un valor terapéutico”, apostilla María Luisa González. También beneficia a los mediadores, que se sienten orgullosos de su labor. “Cuando ayudas a que un malentendido no rompa una amistad, te sientes bien”, resume Sofía. Desde que el IES apostó por esta fórmula, evita los expedientes disciplinarios y las sanciones. Y explora, como alternativas, estrategias de justicia restaurativa y acuerdos reeducativos.
Distintos componentes
Otros centros han organizado equipos solo de alumnos para resolver litigios entre iguales. El Ramiro II ha optado por que en el suyo haya estudiantes y docentes, que han intercedido entre compañeros, entre alumnos y profesores, entre padres e hijos y entre miembros adultos de la comunidad educativa (en este último caso no intervienen mediadores menores). No hacen guardias en los recreos, pero “todo el mundo nos conoce y sabe que puede acudir a nosotros cuando tiene un problema”, explican. Hay fotos del equipo en cada sala del instituto. “Yo he escuchado al conserje decirle a unos que se estaban peleando, ‘¡Vosotros dos, a mediación!”, interviene María Luisa González, jefa de estudios. “Es parte de la cultura del centro y de nuestro estilo educativo”, acota.
El instituto aborda entre cinco y 10 de estos procesos al año; son relativamente pocos gracias a la labor preventiva de toda una red de ojos y oídos que avisan ante la más mínima fricción para que la cosa no pase a mayores. Un rifirrafe dentro del aula se puede parar con una asamblea grupal dirigida por el tutor, por poner un ejemplo. “La figura de los tutores es clave”, refrenda la orientadora. Entre ellos, el equipo directivo, la coordinadora de convivencia y la propia orientadora están continuamente apagando fuegos. Son actuaciones espontáneas, no formales, pero en ellas utilizan igualmente las técnicas, herramientas y conocimientos de mediación adquiridos. Entre otros, que no se actúa sobre un conflicto en caliente y que toca conocer la postura de todas las partes implicadas e invitarlas a que ellas mismas den soluciones. “Analizar el conflicto muchas veces implica remontarse atrás, hasta llegar a los orígenes del problema”, apunta Sara González.
El instituto leonés ha realizado encuestas sobre convivencia entre la comunidad educativa y ha recibido un 4,5 sobre 5 puntos. La orientadora no tiene estadísticas que la respalden, pero su percepción es que, a mayor clima de convivencia, mejor rendimiento escolar. “Lo veo con varios alumnos de diferentes cursos con los que he intervenido y trabajado. En el siguiente trimestre han mejorado sus resultados académicos”, destaca. “Si un alumno se encuentra bien, el clima de clase es el adecuado, disfruta de unas buenas relaciones sociales y no hay ningún conflicto grave en el que esté implicado; estará mejor y eso aumentará las posibilidades de que esté más atento en clase y haga las tareas», concluye.
Mayor problemática con las familias
Del total de conflictos que vivió el profesorado durante el curso 2023-2024, el 24,72% fue con el alumnado y el 51,30% tuvo como contraparte a las familias —un 70% más que en el curso anterior—, según el informe del defensor del profesor del sindicato sectorial Anpe. Las tipologías más frecuentes de problemas son las falsas acusaciones (22,47%), las situaciones de acoso (13,48%) y la presión por las notas (11,24%). Un 76,66% de docentes consultados por STEs-Intersindical (Confederación de Sindicatos de Trabajadoras y Trabajadores de la Enseñanza-Intersindical) declaró que estaban aumentando las agresiones verbales y/o físicas hacia ellos por parte de las familias.
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