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Mediación escolar para niños y niñas

Su objetivo es entender y respetar necesidades e interés en cualquier contexto escolar en el que se encuentre el alumnado, buscando ideas, valores o necesidades comunes

Alumnos de secundaria de The English school de San Sebastian dan las clases en las canchas del polideportivo.
Alumnos de secundaria de The English school de San Sebastian dan las clases en las canchas del polideportivo.Javier Hernández

¿En qué puede ayudar la mediación escolar en tiempos de crisis? ¿Qué beneficios tiene un proceso de gestión de conflictos versus un proceso en el que se resuelven conflictos? ¿En qué nos puede ayudar en este final de curso tratar de afrontar conflictos desde la participación en vez de la resolución?

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En un centro escolar, se va rápido o a veces muy rápido y todo está organizado por horarios desde que entras hasta que sales. Te encuentras, por tanto, en un marco en el que es complicado, salvo que se apueste por ello -y se apuesta poco-, hacer cosas que no están dentro de un horario definido. ¿Cuál es el problema? Que un conflicto no entiende de horas ni mira el reloj. Y si hay algo que tienen en común un conflicto y la mediación es eso: el tiempo. Aplicarla es dar prioridad a la participación del alumnado en el centro escolar, no limitar su tiempo. La mediación escolar es, en este sentido, un proceso participativo, ya sean las nueve, las doce o las cuatro de la tarde.

La mediación prioriza las necesidades de quien está en conflicto y no deja fuera a nadie por sus características, pensamientos, valores o ideologías. Este proceso rompe barreras, permite ser y expresar con libertad, permite participar en la toma de decisiones sin miedo, permite que puedas ventilar tus emociones, impide la culpabilizaban y el juicio y vela porque los acuerdos alcanzados se puedan llevar a cabo con seguridad y compromiso. ¿Y cómo se hace esto? Buscando equilibrio en la toma de decisiones, o lo que es lo mismo, buscando equilibrio de poder.

En la mediación, el poder está totalmente distribuido. El mediador no decide ni aconseja y no se pone de parte, lo que garantiza que nunca va a influir en la toma de decisiones. Esto permite, por definición del propio proceso, la participación activa y respetuosa sin distinción y sin límite. Por tanto, la mediación escolar no segrega, no discrimina y permite la accesibilidad de todo el alumnado para resolver sus problemas. Su fortaleza es generar un clima donde:

  • Hay participación activa.
  • No te centras en lo que se ha hecho mal, sino en como pueden llegar a hacerlo bien.
  • Te centras en las habilidades y fortalezas de quien está participando en el proceso y no en su pasado o en el problema por el que justamente te han llamado.

El objetivo de la mediación escolar es entender y respetar necesidades e interés en cualquier contexto escolar en el que se encuentre el alumnado, buscando ideas, valores o necesidades comunes.

Si condicionamos el conflicto a horarios o a figuras de poder en un centro escolar, es posible que haya conflictos que se enquisten y luego sean muy complicados de afrontar.

Por lo tanto, la mediación escolar en plena crisis nos ofrece:

  • Mayor libertad. Un proceso de mediación al ser imparcial y neutral, es un factor de protección en sí mismo pues todos esos límites bajo los que hoy vivimos, sencillamente no existen. Es por tanto, un proceso de libertad personal fundamental hoy día.
  • Confianza. Si les dejas mediar, les darás confianza, y lo agradecerán. Si damos al alumnado la opción de resolver bien, ¿por qué va a hacerlo mal?.
  • Serenidad. Un proceso de mediación además de buscar un acuerdo, se centra como eje fundamental en la ventilación emocional. En mediación, lo que más se trabaja ante de hablar de un conflicto es la expresión emocional para bajar nivel de activación, eliminar percepciones erróneas y permitir expresar lo que sientes y lo que piensas con libertad. Esto hace que sea un lugar abierto en el que, después de la tempestad, siempre viene la calma. Y la calma hoy en día no es fácil de mantener.

Albert Einstein dijo: “Todos somos genios. Pero si juzgas a un pez por su habilidad de trepar árboles, vivirá toda su vida pensando que es un inútil”. Así pues, ¿qué pensará un alumno que tiene conflictos, al que no dejamos participar en su resolución? Pues, como el pez, entenderá que además de no poder trepar árboles, es un inútil resolviendo conflictos. Y, me pregunto yo, ¿no es la labor de la escuela cambiar esta percepción?

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