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El uniforme escolar comienza a calar en las escuelas públicas

Cada vez más centros se decantan por la vestimenta reglada, ya que es más práctica, favorecedora de la cohesión y menos diferenciadora

Peter Muller (getty images)

En algunos países, el uniforme escolar constituye una insignia del sistema educativo y una referencia cultural, como el sailor fuku japonés —vestimenta inspirada en el traje marinero— o el tradicional school uniform británico, utilizado de forma transversal tanto en centros privados como públicos. En Francia, tras décadas de desuso, se estudia su reimplantación con el objetivo, entre otros, de reforzar el principio de laicidad. En España, el uso de una vestimenta reglada sigue siendo un debate recurrente en la comunidad educativa, con partidarios y detractores.

Según sociólogos y psicólogos consultados, el uniforme escolar funciona como un símbolo ambivalente: actúa como mecanismo de homogeneización socioeconómica y construcción de identidad colectiva, pero también como elemento de distinción y elitismo que puede limitar la expresión individual. “La función de homogeneización puede contribuir a generar pertenencia, reforzar la identificación con el centro, el orden normativo y reducir comparaciones basadas en consumo”, asegura el sociólogo Alberto Álvarez de Sotomayor, profesor en la Universidad de Córdoba. Pero también limita la individualidad expresada a través de la indumentaria.

La psicóloga experta en educación Alicia Banderas explica que “el niño necesita seguridad y rutina, por lo que el uniforme apenas interfiere en su desarrollo”. En la adolescencia, sin embargo, “vestirse es decir quién soy, y la ropa puede funcionar como armadura psicológica, por lo que el uso del uniforme puede comprometer estas funciones”. En esta etapa, añade, cuando la diferenciación y la autoafirmación son centrales, “una norma percibida como rígida o impuesta sin diálogo puede vivirse como una limitación de la autonomía, no tanto por la prenda en sí como por lo que simboliza: control externo”.

Función educativa

En cuanto a su función de distinción social, “permite identificar públicamente la pertenencia del alumnado a un colegio o a un tipo de centro, privado, concertado…, lo que puede funcionar como marcador de estatus, y, por tanto, como un claro elemento de capital simbólico”, señala Álvarez de Sotomayor. Para Ángela Melero, presidenta de la Confederación Católica de Padres de Familia y Padres de Alumnos (CONCAPA), llevarlo conlleva más que sentir la identidad, “es un elemento diferenciador y se le debe un respeto. Hay que comportarse en el exterior del centro de acuerdo con unas normas porque el uniforme identifica una entidad educativa. Hay un grado de responsabilidad en llevar un uniforme y esto es educativo”, opina.

Se calcula que en España el 60% de los centros privados y concertados lo utiliza, mientras que en la escuela pública, pese a que cada vez es más frecuente por su practicidad en el día a día, su uso es minoritario, alrededor del 20%.

Las asociaciones de padres no se oponen en general a su adopción, pero para María Sánchez Martín, presidenta de la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnado (CEAPA), es imprescindible que no sea obligatorio sino una elección libre y flexible. Dicho lo cual, admite que “a muchas familias les parece más cómodo para no tener que estar eligiendo qué ponerse todos los días y a los centros también les facilita la gestión, por ejemplo, a la hora de la identificación del grupo en las actividades fuera del colegio”.

La Escola Màrius Torres fue la pionera en implantarlo hace más de 10 años en la escuela pública catalana. El contexto fue determinante para adoptarlo ya que el colegio está situado en el límite entre Les Corts (Barcelona), un barrio con un nivel socioeconómico medio-alto, y L’Hospitalet de Llobregat, municipio con renta per cápita más baja. “El uniforme se planteó como un mecanismo para paliar desigualdades entre el propio alumnado del centro y en relación con el entorno inmediato. La propuesta buscaba reducir comparaciones en la vestimenta y evitar que las diferencias económicas se hicieran evidentes en algo tan cotidiano como la ropa”, detalla Galia Fahmi, actual directora.

El principal beneficio real que han observado en estos años es la simplificación organizativa y “una cierta neutralización de diferencias visibles en un contexto social muy antagónico”, pero precisamente que sea una recomendación, pero no una obligación, conlleva “la pérdida progresiva de uso en las edades superiores, lo que hace que su impacto sea desigual según la etapa educativa”. Hoy, señala Fahmi, responde más a criterios prácticos que identitarios.

También se implantó en el instituto Barrio Loranca de Fuenlabrada (Madrid), en este caso hace 20 años, “con la idea de unificar las diferencias sociales que existían en el barrio para ayudar a las familias con menos recursos económicos”, recuerda Yolanda Martín Romero, jefa de estudios del centro. El uniforme era obligatorio en toda la ESO y “mejoró la convivencia”, pero se dejó de usar hace tres años debido al progreso económico del barrio.

El coste que supone la compra de esta vestimenta es otra cuestión controvertida. Según ha observado la presidenta de CEAPA, en los colegios públicos suele ser el propia AMPA la encargada de comprarlos directamente en fábrica y venderlos sin ánimo de lucro, “algo muy diferente respecto a lo que ocurre en los colegios concertados en los que se busca el beneficio al incrementar sensiblemente los precios”. En ese sentido, para Álvarez de Sotomayor supone un obstáculo más para el acceso de las familias de nivel económico más bajo a estos colegios.

Reutilizar el material y la ropa, una estrategia creciente de ahorro familiar

Los gastos que se afrontan en la preparación de cada curso escolar varían mucho según la edad y, sobre todo, el carácter público, concertado o privado del colegio, de ahí que el 30% de las familias, según datos del comparador Idealo.com, opten por recurrir a la segunda mano. Además de los mercadillos que muchos centros organizan en septiembre, existen multitud de plataformas especializadas que facilitan el reciclaje de material o ropa. En Wallapop, los productos más buscados son los libros de texto (44%) y material electrónico (15%), seguido de ropa o uniformes (11%), pudiendo alcanzar un ahorro del 54% por alumno.

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