Disfunciones sexuales: todo lo que la fisiosexología puede hacer por ti

Esta rama de la fisioterapia ayuda a solucionar muchos problemas sexuales, como el vaginismo o la anorgasmia, incluso aunque estos tengan un origen psicológico

Una mujer recibe un masaje en el abdomen.
Una mujer recibe un masaje en el abdomen.getty

Tendemos a pensar que las disfunciones sexuales con causas psicológicas deben tratarse, lógicamente, en el diván. Pero esto no es del todo cierto. Para empezar, porque el cuerpo tiende a somatizar los problemas de la psique y a reflejarlos en alguna zona de la anatomía, en forma de bloqueos, tensiones o acortamientos. De tal manera que lo que empezó en la mente afectará, tarde o temprano, al cuerpo y viceversa. Pueden preguntarle a su espalda, experta en echárselo todo a la ídem y esconder emociones (estrés, ansiedad, miedo, frustración). Ella puede contarles mil y una historias para no dormir.

Pero está también el hecho de que la respuesta sexual no es un dominio exclusivo de la mente. Aunque el cerebro sea el órgano erótico por excelencia, el cuerpo también cumple su papel y, por ejemplo, durante la excitación los genitales cambian y se recolocan (literalmente) para facilitar la relación sexual; tanto en el hombre (lo que resulta bastante evidente) como en la mujer (dilatación de la vagina, aumento del tamaño del clítoris, elevación del útero). “Es aquí donde, si hay bloqueos, tensiones o acortamientos, puede producirse el dolor o la falta de sensibilidad”, cuenta Ana Belén Fernández Álvarez, fisioterapeuta del suelo pélvico y sexóloga, que trabaja en el centro deportivo Vigoentrena, en Vigo.

La fisiosexología es una rama de la fisioterapia que trata las disfunciones sexuales. Es relativamente joven, y aunque tiene su epicentro en el tratamiento del suelo pélvico hay también otras partes del cuerpo muy conectadas con la respuesta sexual, como el sistema nervioso (el simpático y el parasimpático trabajan juntos y en armonía en las personas con una sexualidad dichosa), el diafragma, los abdominales o las lumbares.

Una mujer que ha pasado por una cesárea recibe un masaje pélvico. Los expertos recomiendan una valoración del suelo pélvico, aunque no haya problemas, “tras el parto y pasada la cuarentena”.
Una mujer que ha pasado por una cesárea recibe un masaje pélvico. Los expertos recomiendan una valoración del suelo pélvico, aunque no haya problemas, “tras el parto y pasada la cuarentena”.Westend61 (Getty)

“Siempre que hay una dificultad sexual habría que revisar tres grandes campos”, enumera Fernández Álvarez, “el orgánico —y aquí es donde actuaría el ginecólogo o el urólogo—, el psicológico y el funcional. En este último es donde interviene la fisiosexología. Un enfoque multidisciplinar ayuda a identificar la raíz del problema y a solucionarlo más rápidamente”.

Sonia Bedate es fisioterapeuta especialista en uroginecología y fisiosexología, además de osteópata y sexóloga. Dueña del Centro de Fisioterapia Integral, en Mérida, recuerda el caso de una paciente de 56 años con vaginismo. “El vaginismo casi siempre tiene causas psicológicas y consiste en la contracción involuntaria de los músculos que rodean la vagina, provocando el cierre parcial o total de la misma, lo que origina dolor e impide la penetración. Esta mujer llevaba tiempo tratándose en el plano psicológico, pero en cinco sesiones de fisioterapia consiguió poder practicar su primer coito y, poco a poco, fue mejorando”, señala Bedate.

“Incluso aunque la causa de la dificultad sexual no sea orgánica o funcional, la fisiosexología ayuda mucho, ya que hay personas con las que el trabajo emocional se hace mejor desde la parte física”, apunta Fernández Álvarez. “Hace poco traté a una chica que no podía tener orgasmos. Su valoración del suelo pélvico era correcta y descubrimos que el problema estaba en que adoptaba una actitud muy cerrada, de vergüenza, le costaba expresar sus emociones a través del cuerpo. Trabajando la parte física conseguimos acabar con esta limitación”, comenta la fisioterapeuta gallega.

Una mujer embarazada sigue un tratamiento por parte de una terapeuta. Los especialistas recomiendan tener una correcta postura corporal, tener orgasmos, practicar la gimnasia hipopresiva o los ejercicios de Kegel.
Una mujer embarazada sigue un tratamiento por parte de una terapeuta. Los especialistas recomiendan tener una correcta postura corporal, tener orgasmos, practicar la gimnasia hipopresiva o los ejercicios de Kegel. Jonny Long (Getty)

No hace demasiados años, las pacientes de fisioterapia del suelo pélvico eran mujeres mayores, con incontinencia urinaria, que veían cómo, después del tratamiento, no solo solucionaban su problema sino que recibían un bonus extra al revitalizar su vida sexual. “El suelo pélvico es muy agradecido y enseguida nota cualquier trabajo que se haga en él. Además, no hay límite de edad para trabajarlo. En cualquier momento responde muy bien a la terapia”, señala Bedate.

A día de hoy quienes recurren a la fisiosexología son personas de ambos sexos con problemas como dispareunia (dolor en las relaciones sexuales), anorgasmia o dificultad para llegar al orgasmo, vaginismo, endometriosis, reglas dolorosas, falta de sensibilidad o disminución del deseo, disfunción eréctil, eyaculación precoz o retardada, poca lubricación, atrofia vaginal o dificultad de las relaciones en la menopausia. “La fisiosexología ayuda mucho en esta etapa de la vida de la mujer”, reconoce Bedate, “en la que la disminución de estrógenos puede producir sequedad vaginal, falta de deseo, molestias, picor, dolor en las relaciones. Aquí obtenemos grandes logros y las mujeres vuelven a retomar las relaciones y el placer por el sexo”.

Hay también situaciones en la vida en las que sería aconsejable una valoración del suelo pélvico, aunque no haya problemas. Según Fernández Álvarez, “tras el parto y pasada la cuarentena”. “Yo he trabajado en Francia y allí la revisión postparto es obligatoria en mujeres. La sanidad pública paga 10 sesiones de fisioterapia de suelo pélvico a las que han sido mamás. Otra revisión obligada es tras cualquier cirugía en la esfera ginecológica o del campo de la urología (cáncer de útero, hemorroides, fístulas anales, fimosis). La fisiosexología puede ayudar mucho a los hombres que han pasado por una operación de próstata, tanto en el terreno físico como en el sexual. Y, también deberían hacerse un chequeo los que practican deportes de impacto, especialmente ciclismo. Siempre que hay una intervención hay una cicatriz, y esta se traduce en un estímulo negativo en una zona, que hace que se contraiga el músculo. Al estar siempre contraído y en tensión no tiene oxigenación y duele”, explica.

Esta fisioterapeuta y sexóloga con consulta en Vigo recuerda el caso de una paciente que al llegar a la menopausia empezó a tener dolor en las relaciones coitales. “Descubrimos que hacía 40 años le habían hecho una episiotomía [corte en la zona del perineo para ensanchar la abertura de la vagina durante el parto]. La cicatriz nunca le había dado problemas hasta llegar a la menopausia, cuando los tejidos se retraen”.

“La estructura de un órgano gobierna su función”. Esta máxima en fisioterapia significa que para que una parte del cuerpo realice bien su trabajo, debe estar en posesión de todas sus facultades. “El suelo pélvico es un lugar clave en la respuesta sexual. Hay un aumento de la vascularización en esa zona, que debe estar libre y despejada; porque si hay alguna irregularidad o alteración en esa estructura la respuesta fisiológica puede complicarse. Se produce un cortocircuito y en vez de sentir placer puede haber dolor, quemazón, molestia o falta de sensibilidad”, apunta Fernández Álvarez.

Una mujer practica pilates con un balón especialmente diseñado para ello. "El suelo pélvico es un lugar clave en la respuesta sexual. Hay un aumento de la vascularización en esa zona, que debe estar libre y despejada", afirma Ana Belén Fernández Álvarez, fisioterapeuta del suelo pélvico y sexóloga.
Una mujer practica pilates con un balón especialmente diseñado para ello. "El suelo pélvico es un lugar clave en la respuesta sexual. Hay un aumento de la vascularización en esa zona, que debe estar libre y despejada", afirma Ana Belén Fernández Álvarez, fisioterapeuta del suelo pélvico y sexóloga.Srdjan Pavlovic (Getty Images)

Desconocemos tanto nuestro cuerpo y vivimos tan ajenos a sus mensajes que muchas mujeres no saben ubicar sus músculos del suelo pélvico, porque ni siquiera los tienen posicionados en su cerebro. “En muchos casos, nuestra primera misión”, señala Sonia Bedate, “es enseñarles a identificarlos y moverlos. Inaugurar esa conexión cerebral que nunca había existido”.

Las herramientas de trabajo de las que dispone la fisiosexología son muchas e incluyen la terapia manual, técnicas osteopáticas y miofasciales, ejercicios hipopresivos, de Kegel, técnicas de respiración, control postural, tronco de propiocepción. “Usamos también el biofeedback (para identificar los músculos y saber cuándo se están contrayendo y cuándo no), la radiofrecuencia, la electroestimulación, la vibración o la magnetoterapia, entre otras técnicas”, señala Bedate.

¿Qué podemos hacer, mientras tanto, para mantener un suelo pélvico en perfecto estado? Según Fernández Álvarez, “la hidratación, la alimentación y la actividad física son esenciales. Tener relaciones sexuales es una agradable forma de entrenamiento del mismo, y hay que evitar los deportes de impacto”. Bedate da también importancia a “tener una correcta postura corporal, a evitar el estrés y la ansiedad, que bloquean el diafragma, a tener orgasmos y a practicar la gimnasia hipopresiva o los ejercicios de Kegel”. “Pero aconsejo que la gente no se ponga a hacerlos en casa, siguiendo tutoriales de YouTube”, recomienda, “sino que le hagan primero una valoración del suelo pélvico para saber qué tipo de ejercicios y prácticas le convienen y cuáles no”.

Rita Abundancia es periodista, sexóloga y autora de la web RitaReport.net

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