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El principal proveedor de las residencias de la Comunidad de Madrid asegura haber recibido pedidos de bogavante y caviar

Plataforma Femar niega una merma en la cantidad o calidad de los menús frente a las quejas por la comida que sirve. Asegura haber incurrido en pérdidas de 400.000 euros por las exigencias de la administración autonómica

Contratos del hambre Madrid
1.- Imagen facilitada por CC OO en enero del estado del salmón que llegó a las residencias infantiles. La empresa alega que fue "una partida defectuosa de septiembre que se retiró de inmediato". 2.- Papilla de frutas que se sirve en la residencia Francisco de Vitoria, en una foto tomada la semana pasada por Julia Martínez. 3.-Coliflor con moho, servida en este mismo centro a finales de febrero, en una imagen hecha por los trabajadores.
Victoria Torres Benayas

¿Qué está pasando en los comedores de los centros sociales de Madrid? Las quejas por baja calidad, escasez, mal aspecto y estado del producto o diseño de los menús han arreciado desde que se cambió el sistema de suministro de alimentos, a cuyo proveedor principal el Gobierno regional ha impuesto seis sanciones. Sin embargo, la empresa niega una merma en calidad o calidad y denuncia pérdidas de 400.000 euros por el elevado nivel de demanda y exigencia del cliente, que ha llegado a pedirle exquisiteces como “bogavante, cordero lechal y caviar”. “Lo que se busca en estos centros es que se coma dignamente, no nos pueden pedir salmón ahumado”, se quejan los responsables de la compañía, que en 25 años de licitaciones a distintas administraciones “nunca” habían visto “nada igual” como lo que les está sucediendo con la Comunidad de Madrid.

El problema comenzó en septiembre, con el nuevo contrato anual en la Agencia Madrileña de Atención Social (AMAS), dependiente de la Consejería de Políticas Sociales y que gestiona 58 instalaciones en las que sirve comida, entre residencias de mayores, centros de menores, ocupacionales o para discapacitados, y comedores sociales. En total, 50.000 menús diarios por una media de 5,37 euros al día por persona. Salió a concurso en nueve lotes, de los que cinco fueron adjudicados a una empresa sevillana, Plataforma Femar. En total, 37 centros con capacidad para 5.235 personas: 9 residencias de mayores, 22 de menores y 6 centros sociales que, hasta entonces, se autoabastecían.

La primera denuncia llegó en enero, cuando CC OO se quejó de “mala calidad, estado pésimo y escasez” en las residencias infantiles. En febrero, los hijos de los mayores del centro Francisco de Vitoria de Alcalá de Henares aseguraron en un pleno que sus padres “pasan hambre”. A ellos se suman cuatro escuelas infantiles ―Vallehermoso, El Valle, El Encinar y El Tomillar―, cuya comida la pone la residencia infantil con la que comparten recinto y que han estado recibiendo “menús locos”, según Raquel Pérez, directora de El Tomillar, con “alimentos inadecuados, no recomendados o prohibidos” para niños de 0 a 3 años. Por ejemplo, ensalada de canónigos con nueces, pasas y gambas; salmón y pipirrana. Allí se solucionó en diciembre, gracias a la presión de los padres. “Ahora los niños se van a casa comidos y han comido bien, pero fue todo horrible, muy desgastador”, explica la directora.

Frente a las críticas, Fátima López, responsable de licitaciones de Femar, asegura que su materia prima “no es de mala calidad, cumple los pliegos” y admite algunas incidencias, pero las “normales” de cualquier cadena de suministros: “Incidencias siempre va a haber, somos una empresa de 200 trabajadores y en Madrid llevamos otros muchos clientes, como Palacio Real y Prisiones. Si un producto no gusta o ha salido defectuoso, se retira y se sustituye. Los centros piden lo que necesitan y piden de más, no hay escasez”.

López alega que la planificación de los menús compete a la Agencia Madrileña de Atención Social: “Cuando empezamos, empezaron las quejas y con razón, había frutos secos, orejones, quinoa, cuscús... Después de mucho hablar con AMAS, retocó los menús y los nuevos empezaron a servirse tras la Navidad”. Un portavoz de Políticas Sociales sostiene que son nutricionalmente “correctos y están supervisados por nutricionistas”. “Están equilibrados y ajustados a las necesidades de los niños, con verduras y otros alimentos que en ocasiones pueden no ser del gusto de algunos”, aduce. “¡Pero si incumplían la Guía de la Asociación Española de Pediatría!”, replica Enrique Urquijo, un padre de Vallehermoso, donde los problemas se prolongaron hasta febrero.

La comida ‘gourmet’

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¿Y dónde va la comida gourmet que Femar asegura que les han llegado a pedir? AMAS sostiene que solo exigen que “cumplan escrupulosamente el contrato” y explican que “nunca se ha servido bogavante”, pero admiten que una directora de una residencia infantil lo llegó a pedir para Navidad. En los pliegos, figuran “carnes, productos cárnicos y preparados de carnes fresca” y “productos pesqueros frescos” sin más detalle, pero en un modelo de pedido hay cordero lechal y langostinos en la lista adicional para festivos. La consultora Quimicralm, que vigila la calidad del suministro, no puede hablar de “las auditorías porque son internas” y, aunque niega que estén sirviendo esas exquisiteces, admite que “a nivel interno” desconoce qué pide AMAS. “Nosotros auditamos que cumplan los pliegos. Lo que ocurre es que han ganado un concurso que tienen que respetar, que en este tipo de servicios se exige una salvajada y que han subido los precios”, indica su gerente, Victoria de la Cruz.

A Manuela Soarece, auxiliar de enfermería desde hace tres años en la residencia Francisco de Vitoria, se le escapa una carcajada: “Yo eso nunca lo he visto, ¡si no tenemos ni galletas, si ni me acuerdo de cuánto hace que no vemos un flan! Se lo comerá la dirección, los abuelos no”. A Julia Martínez, cuya madre, de 74 años, tiene disfagia a causa del alzhéimer, se le cae el alma a los pies cuando ve el caldo, “agua con color”, y una papilla de fruta “color chocolate que no hay cuerpo que se la tome”. “Hasta la cena de Nochebuena fue vergonzosa. La comida es más que normal y con un aspecto bastante malo, lujos cero”, ratifica Maite López, que tiene a ambos padres con alzhéimer en este centro y que se pregunta quién se bebe 2.822 botellas de vino, 106 con denominación de origen, que constan en los pliegos “cuando solo pueden tomarlo unos pocos mayores”. Su padre ha perdido entre seis y siete kilos desde que ingresó en diciembre y su madre, cuatro.

La empresa fue penalizada entre septiembre y octubre con seis multas por un total de 43.000 euros por “incidencias en la cantidad y calidad de algunos productos”. Según la Comunidad, “desde noviembre ya no hay problemas de suministro y, si se detecta algún desajuste, se corrige de manera inmediata”. El gerente de Femar, Ignacio Muñiz, replica que aquello fue por una cuestión logística: “Debíamos tener un almacén a menos de 40 kilómetros de Madrid. Mientras que lo terminábamos, cerramos un acuerdo con un almacén que, días antes del inicio, rescindió el contrato. Tardamos cuatro semanas en localizar dos”.

Femar tiene a dos personas dedicadas al contrato, que visitan los centros y se están encontrando “muchas sorpresas, como que el nivel de suministros y de consumo es más del doble del que tenían el año pasado”. “Estamos suministrando todo lo que pide y en los primeros cuatro meses hemos incurrido en pérdidas de 400.000 euros por el nivel de exigencia del cliente, que demanda bastante más de lo que podemos servir”, estalla Muñiz, que asegura haberlo “contrastado con centros y proveedores, que confirman que piden cosas que antes no habían pedido, desde calidades a productos fuera de temporada”. “Este cliente es la queja continua, cuando es lo mismo que servimos a los hospitales y no se queja nadie. Algo se nos escapa y tiendes a pensar mal, gente que antes se lucraba y que ahora se quiere seguir lucrando”, continúa el gerente de Femar.

La empresa reconoce errores. Ganó ofertando por debajo de lo presupuestado por la Comunidad, que daba 70 puntos de 100 al precio. “En algunos lotes fuimos muy agresivos”, admite Muñiz. En el que más, en el que afecta a Francisco de Vitoria, la rebaja fue de 878.613 euros, un 22%. “Hablo con mi competencia y estamos igual”, indica Muñiz, que culpa en parte a la inflación: “Compro un 30% más caro. No hay cláusula de revisión, es la peor escalada inflacionista en 30 años y la Administración, como si oyera llover”. Entre su competencia, Alessa Catering Services, con dos lotes, y Fructícolas Ateca, SL, con uno, los hay benévolos ―”ni el malo es tan malo ni el bueno, tan bueno”, dice una― y críticos. Eliseo Vidal, gerente de Ateca, afirma que nunca le han pedido nada fuera de lo establecido. “Yo no tengo ni una queja. Sirvo correctamente y con calidad. Ganamos poco, pero ganamos”, asegura. A su juicio, el problema es que Femar “tiró los precios”.

A pesar de todo, la Comunidad ya ha movido ficha para prolongar el contrato. “Cómo serán los problemas que tienen con nosotros que nos mandaron la comunicación con siete meses de antelación, no lo hace nadie. Si te preavisan con menos de dos no tienes que prorrogar, pero con siete sí y, si lo rompes, te penalizan. Normalmente, los organismos preguntan si quieres seguir y, cuando ven que los contratos están desfasados, convocan otro concurso”, explica Muñiz, a quien se le han quitado las ganas de volver a presentarse a una licitación del Gobierno regional. “No quiero suministrar ni un kilo de arroz a la Comunidad. Las demás administraciones son un paseíto militar al lado de esto”, concluye.

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Sobre la firma

Victoria Torres Benayas
Redactora de la sección de Madrid, también cubre la información meteorológica. Licenciada en Periodismo por la Universidad de Navarra, cursó el máster Relaciones Internacionales y los países del Sur en la UCM. En EL PAÍS desde el año 2000, donde ha pasado por portada web, última hora y redes, además de ser profesora de su escuela entre 2007 y 2014.

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