Seis días para dejar noqueado a Vox: así desgasta el PP de Ayuso a su rival electoral

Entre el jueves y el martes, los conservadores dejaron a los ultras sin negociar los Presupuestos, criticaron su ausencia en los actos por la Constitución e intentaron arrebatarles la bandera de la guerra cultural contra la izquierda

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, se dirige a los medios en el Congreso, durante el acto institucional por el Día de la Constitución, el pasado 6 de diciembre.
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, se dirige a los medios en el Congreso, durante el acto institucional por el Día de la Constitución, el pasado 6 de diciembre.Alberto Ortega (Europa Press)

La presidenta de la Asamblea de Madrid, Eugenia Carballedo, está escandalizada. Son las 11 de la mañana del lunes, y debe resolver una crisis inusitada: permitir, o no, que se tramiten las enmiendas de Vox a los Presupuestos regionales de 2023, que han sido registradas fuera de plazo. “Lo que hay que hacer es las cosas bien y no estar haciendo constantemente excepciones al reglamento”, se queja la exconsejera del primer Gobierno de Isabel Díaz Ayuso durante la reunión de la Mesa de la Cámara. “Entonces, ¿para qué sirven los plazos?”, se pregunta, explicitando que se siente “incómoda” con la disyuntiva que se le presenta. Su decisión es inapelable: como no hay unanimidad, las enmiendas de Vox se quedan sin tramitar. Es el punto culminante de seis días en los que la formación conservadora acelera para intentar noquear a su único socio parlamentario posible. ¿El motivo? Que Vox, como lo que queda de Cs, es al mismo tiempo el rival electoral clave para que Ayuso logre la mayoría absoluta en las elecciones de 2023, según las encuestas.

Jueves, 1 de diciembre. La presidenta regional deja boquiabierta a Rocío Monasterio, la portavoz de Vox, al anunciar que eliminará la autodeterminación de género de las leyes de Madrid. Esa decisión, sin fecha de ejecución, subraya la apuesta de la líder del PP por apuntarse a la guerra cultural contra la izquierda que hasta ahora monopolizaba la extrema derecha. Todo un reclamo electoral. En las últimas semanas, los conservadores de Madrid han prometido proteger el Valle de Cuelgamuros; rebajar las leyes LGTBI al eliminar los informes de impacto de género en las obras; o reforzar la especialidad de cuidados paliativos frente a la ley de eutanasia. En paralelo, y mientras intenta recuperar ese terreno a Vox, el PP también procura dejarle sin oxígeno: ese mismo jueves, Monasterio califica de “humillación” la actitud del equipo de Ayuso en la negociación de los Presupuestos, que su número dos, Íñigo Henríquez de Luna, tilda de “insulto”. Se trata de que Vox no pueda celebrar ningún éxito traducible en votos como consecuencia de la aprobación de las cuentas.

Viernes, 2. El caos se desata en las oficinas de Vox en la Asamblea. A las 12.00 termina el plazo para registrar las enmiendas a los Presupuestos de 2023. Es un paso clave pensando en las próximas elecciones: si Vox impone su sello ideológico en el proyecto del PP (pide, por ejemplo, menos ayudas para la igualdad de género) tendrá argumentos para seducir a los votantes en los comicios de mayo. A las 11.40, los documentos quedan registrados en la aplicación informática de la Cámara, según el relato de Henríquez de Luna. Y entonces, siempre según la versión de Vox, el sistema se bloquea. Durante largos minutos, nadie consigue transformar esos documentos en los pdf que se necesitan para acudir al registro físico. Para cuando el problema se soluciona, ya es demasiado tarde: son las 12.06. Las enmiendas entran fuera de plazo. Y Vox queda en manos de la Mesa del Parlamento, que puede hacer una excepción y permitir la tramitación de sus peticiones.

Sin embargo, en la Real Casa de Correos, sede del Gobierno regional, aseguran que no reciben ninguna comunicación de Monasterio en ese sentido.

Lunes, 5. La dirección de Vox acude confiada a la Cámara. Creen que no habrá problema. Invocan el precedente de Ciudadanos en 2017, cuando el partido de Ignacio Aguado obtuvo el visto bueno para que se tramitaran sus enmiendas, pese a haberlas registrado tarde. Se menciona también un caso similar de Podemos. Pero para sorpresa de sus socios, que invistieron presidenta a Ayuso, impidieron investigar las muertes en las residencias durante la pandemia y han aprobado todas las leyes del Ejecutivo, el PP se dispone a explotar la herida abierta el viernes con la máxima frialdad.

Todo ocurre a cámara lenta en la reunión de la Mesa de la Asamblea. Primero, los conservadores afean a Vox que se escude en un problema informático: “No parece que haya habido ningún problema técnico, según acreditan los informes de la Dirección de Informática, Tecnología y Transparencia. Los servicios de la Cámara, por tanto, no han incurrido en ningún error”, dice la presidenta de la Asamblea. Luego, rechazan admitir las enmiendas. Como remate, hacen sangre del error en público.

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“Nos ha resultado absolutamente sorprendente que esto haya sucedido”, dice Pedro Muñoz Abrines, el portavoz del PP en la Asamblea, durante una rueda de prensa. “Los votantes de Vox deberían estar preocupados de que su grupo parlamentario no tenga enmiendas porque las han presentado tarde y mal: se quedan sin instrumentos para negociar los Presupuestos, y sin discurso, que es más preocupante”, añade, echando sal a la herida. “Sorprende que hayan caído en una imprevisión de esta magnitud. Es un error muy serio”.

El mensaje apelando a los votantes de Vox es tan claro como poco sutil. Y en ese contexto hecho de derrota política y despecho por no haber tramitado las enmiendas se entiende un artículo que Monasterio publica al día siguiente en El Mundo: “No hay libertad, por mucho que se enuncie, si faltan las certezas que toda persona necesita para desarrollar una vida plena, si nos olvidamos del bien común”, escribe, uniendo en la misma idea la “libertad” que preconiza Ayuso con las propuestas de Vox para los Presupuestos.

Martes, 6. Vox declina acudir a los actos en homenaje a la Constitución que se celebran en el Congreso. Sus portavoces explican que se niegan a compartir espacio con “quienes violan y buscan destruir” la Carta Magna. Eso ofrece una oportunidad a Ayuso, que aprovecha su paso por la Cámara Baja para dejar claro su desacuerdo.

“Cuando [la Constitución] está siendo debilitada” debería ser el momento de “arroparla y acompañarla”, dice la presidenta regional, que al mismo tiempo explica su presencia. “Hoy no es un homenaje a nuestros partidos, sino reconocimiento a la Carta Magna”, argumenta. “Por eso estoy aquí, es lo suyo, lo procedente. Aunque no sea fácil”, expone, en referencia a sus conocidas discrepancias con el Gobierno de Sánchez.

El comentario molesta profundamente en el partido de extrema derecha. En Vox, nadie se llama a engaño. Nada es casual. Detrás de cada palabra y cada decisión del PP hay una estrategia: desgastarles para hacerse con sus votos. Así lo expresa el partido en sus cuentas oficiales de Twitter. Y así lo entienden sus estrategas: aunque el PP aún depende de Vox en el Parlamento de Madrid, por ejemplo para aprobar la ley ómnibus (15 de diciembre), o los Presupuestos (22), la carrera por las elecciones ya ha comenzado.

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Sobre la firma

Juan José Mateo

Es redactor de la sección de Madrid y está especializado en información política. Trabaja en el EL PAÍS desde 2005. Es licenciado en Historia por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Periodismo por la Escuela UAM / EL PAÍS.

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