LA CRISIS DEL CORONAVIRUS

Las UCI de Madrid ya están en alerta

La Sociedad Madrileña de Medicina Intensiva advierte de que la situación, con un 90% de las camas ocupadas, es “muy preocupante” y pide “medidas urgentes más drásticas para disminuir los contagios”

Una de las UCI del hospital Ramón y Cajal, el 15 de octubre de 2020.
Una de las UCI del hospital Ramón y Cajal, el 15 de octubre de 2020.OSCAR DEL POZO / AFP

En dos semanas, las UCI de Madrid han pasado de la tensión a la alerta. Alcanzan el 90% de ocupación, con 456 enfermos en sus camas, y con previsión de que ese porcentaje siga aumentando, sobre todo en las dos próximas semanas. Este jueves, la Sociedad de Medicina Intensiva de Madrid (Somiama) alertó de la situación, “muy preocupante”, en unas unidades que soportan el peso final de la pandemia, allí donde se trata a los enfermos más graves del virus, los que no pueden respirar por sí mismos. Llevan 10 meses haciéndolo. “Y no vemos tregua”, dice Alfonso Canabal, jefe de servicio de la UCI del hospital La Princesa y presidente de Somiama.

Entre la segunda y la tercera todo ha sido “un continuo”. “Hemos tenido, con diferentes momentos, siempre enfermos. Es una situación de mucho trabajo y con la capacidad para ver otras patologías muy mermada”. Y esta les preocupa más que la anterior: “Porque su ascenso es más pronunciado y lo que cabe esperar es que se alcance un pico de enfermos mayor que en la segunda. Y que nos pilla con las UCI ya bastante llenas, estamos al 90% solo de covid para atender todo, lo covid y lo demás. No tenemos mucha capacidad para seguir incrementando”.

Desde hace varios días, cuenta Canabal, Tetrix, el grupo de WhatsApp creado en primavera para organizar el traslado de críticos entre hospitales según la demanda que tuvieran unos y otros, funciona de forma más intensa: “Se piden cada vez más, pero otra vez todos estamos muy justos de camas”. Si además se suma el resto de patologías a quienes atienden en sus unidades, el porcentaje crece muy por encima del 90%. “Y para que una UCI funcione bien, con margen de respuesta, para maniobrar, improvisar, poder ingresar, para cualquier eventualidad, se recomienda un 75% de ocupación”.

Esa cifra ya no es posible. ¿A partir de aquí? “La única solución viable es activar por completo los planes de elasticidad”, responde Canabal. Es decir, poner en marcha los protocolos que redactaron los hospitales tras la primera ola y que recogen los movimientos necesarios para que los centros puedan hacer frente a otra crisis: ampliación de intensivos ocupando otros espacios, aplazamiento de cirugías, dobles circuitos, o la apertura de áreas solo para el virus. “Y no nos gusta, tiene un coste global, para el hospital, para los enfermos, para la población, pero no hay otra forma para poder atender el pico”.

Ese coste es la dilatación, de nuevo, de la atención al resto de patologías, “como los planes para aumentar la actividad quirúrgica, que ha sufrido mucho, vamos a tener que paralizarlos”, ejemplifica el especialista. Fuera de los hospitales, Somiama insta en su comunicado a “que se tomen medidas urgentes más drásticas para disminuir los contagios entre la población y poder amortiguar el ascenso de las curvas de enfermos ingresados, mientras se comienzan a ver los efectos del plan de vacunación”. Canabal nombra la vacuna en varias ocasiones: “Pero va a tardar meses hasta que sus efectos se vean en la incidencia de la enfermedad y más aún en que la veamos en los hospitales”. Mientras, dice, hay que darse prisa para frenar lo que sea posible frenar. Intentar no volver al lugar del que ya vienen.

Diez meses, tres picos

Al primer envite, cuando alcanzaron un pico de 1.520 críticos, una saturación del 291%, fue el 5 de abril de 2020. ¿Cómo se funciona a casi el triple de la capacidad máxima? Lo hicieron junto a los equipos de Anestesia y otros especialistas, como los de Interna o Neumología, enfermeras de otros servicios, celadores de otras unidades. No había manos suficientes. Y lo hicieron expandiéndose a otras áreas del hospital como los quirófanos o las unidades de reanimación tras la anestesia, las postquirúrgicas, las bibliotecas. Sufrieron las peores semanas de su historia. “Duras, durísimas, por la intensidad”, recuerda Canabal.

Apenas les dio tiempo a recuperarse cuando, en julio, volvieron a llenar las camas. La segunda ola llegó el domingo 26 de ese mes, con 27 críticos de covid aún y antes de lo que esperaban; alcanzaron el máximo el 2 de octubre, con 505 enfermos, un 96,6% de ocupación. Entonces advirtieron de que mientras que el confinamiento y el cierre de los hospitales redujo los pacientes de otras patologías en sus unidades entre marzo y mayo, el contexto era distinto: ya no era viable seguir desplazando al resto de enfermos y ya no partían de una ocupación baja, arrastraban todavía las consecuencias de la primavera.

Y sin terminar de salir de la segunda, llegó la tercera. No hay una fecha exacta consensuada de esta nueva ola, pero el 6 de diciembre frenó la tendencia descendente que mantenía la comunidad y el 30 de diciembre, tras unas semanas de oscilación, la curva comenzó a subir. Arrancaron esa subida con 294 pacientes. Desde ese día, las UCI han sumado 158 enfermos más, solo en 15 días han añadido un 30% a su ocupación. Canabal recuerda el semáforo de riesgo que creó el Ministerio de Sanidad para medir la situación de las autonomías, que marca como riesgo máximo cuando se alcanza el 25% en ocupación de las UCI: “Entonces se considera criterio de gravedad epidemiológica. Y estamos por encima del 90%. Si contamos con las ampliaciones, al 40%, pero incluso ese 40% está mucho más allá del 25% máximo que fija el baremo”.


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