LA CRISIS DEL CORONAVIRUS

Un año con dos Gobiernos en uno en la Comunidad de Madrid

La región aún no cuenta con presupuestos, no ha sacado ni una sola ley y la gestión de las residencias y los hospitales ha abierto una brecha aún mayor

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el vicepresidente de la Comunidad, Ignacio Aguado, con mascarilla, en una sesión de control al Gobierno en la Asamblea de Madrid.
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el vicepresidente de la Comunidad, Ignacio Aguado, con mascarilla, en una sesión de control al Gobierno en la Asamblea de Madrid.Marta Fernández Jara / Europa Press

La piedra de la undécima legislatura de la Comunidad de Madrid comenzó a tallarse hace un año. Y sus grietas son visibles hasta el mismo día en que sus escultores celebran su primer aniversario. La presidenta popular, Isabel Díaz Ayuso, lanzaba un mensaje en su perfil de Twitter el pasado miércoles a las 9.31: “Se cumple un año desde que PP y Ciudadanos acordamos seguir construyendo un Madrid más libre, abierto e integrador #1añoAcuerdoPorMadrid”. El vicepresidente, Ignacio Aguado, hizo lo propio dos minutos después: “Hace un año firmamos un acuerdo con 155 medidas para convertir Madrid en la región más próspera de Europa. Sigamos trabajando. #1añoAcuerdoPorMadrid”. En esos dos minutos de diferencia entre mensaje y mensaje se esconde una guerra fría.

El pacto de la coalición firmado hace un año ―que sirvió para investir a Ayuso como presidenta de Madrid el pasado 14 de agosto con los votos de Vox― es una montaña rusa. Madrid no tiene presupuestos para el año que viene, no ha sacado adelante ni una sola ley y la gestión de las residencias durante la pandemia —más de 6.000 ancianos fallecidos con covid-19 o con síntomas hasta el mes de junio— y de los hospitales —los más afectados en todo el país por el coronavirus, la dimisión de la directora general de Salud por no estar de acuerdo con la presidenta en plena crisis y unos profesionales que llevan arrastrando unas condiciones laborales pésimas durante años— han abierto una brecha aún mayor dentro del Ejecutivo. La presidenta ha barajado incluso adelantar las elecciones por los vaivenes internos de su gabinete de Gobierno. La última encuesta de Telemadrid de junio indica que Ayuso ganaría las elecciones, pero volvería a necesitar los apoyos Ciudadanos y a Vox para continuar con el bastón de mando.

La bicefalia en Sol es un hecho. Raro es el domingo en el que los consejeros de ambos partidos no se cruzan reproches públicamente en los periódicos madrileños. Se cumple un año de la firma, y un mes desde que el consejero popular de Sanidad, Enrique Escudero, acusara de “fariseo” y “traidor” al consejero de Asuntos Sociales de Ciudadanos, Alberto Reyero, después de que EL PAÍS publicara unos correos internos sobre la gestión de la crisis de la pandemia en la Comunidad. Unos mensajes que ponían en cuestión la gestión sanitaria de la región. La información demostraba que la comunicación entre las dos consejerías más afectadas ha sido nula durante los meses más duros. Lo mismo sucede en la escala de mando. Cuando Ayuso y Aguado conceden ruedas de prensa por separado para anunciar algún proyecto, ya está normalizada la pregunta de si la otra ala del Ejecutivo conoce la noticia.

Las sesiones de los Consejos de Gobierno duran, como mucho, dos o tres horas. Los consejeros de Ciudadanos y del PP exponen sus asuntos sin mucho debate. Primero unos y luego otros. Dos gobiernos en uno. Los 13 miembros saben que el mango de la sartén lo tiene Vox, la quinta formación de la Asamblea con 12 diputados y 280.000 votos. La última vez sucedió el 5 de marzo, cuando la pandemia empezaba a zigzaguear por la Comunidad sigilosamente. Aquella jornada fue un día clave en el Parlamento madrileño. Iba a aprobarse el primer proyecto de rebajas fiscales de Ayuso, el primer hito de su primer año de mandato. Era un impacto de 16,4 millones de euros que favorecía a 30.000 personas sobre una población de siete millones. Pero se tumbó. Ciudadanos no aceptó el acuerdo al que habían llegado Vox y PP a sus espaldas.

La minoría parlamentaria hace que todo gire entorno a Vox. Tanto, que su portavoz, Rocío Monasterio, pidió el jueves pasado reducir el número de consejerías y abrir una crisis de Gobierno dentro del Ejecutivo. La presidenta Ayuso no lo descartó. “Si esto es una condición para los presupuestos —que lo era— ayúdennos a sacarlos adelante. Échenos una mano. Y si hay posibilidad de reducir una consejería, le doy mi palabra de que la reduciré”. Los presupuestos de 2021 comenzarán a negociarse en otoño, pero algunas fuentes cercanas al Ejecutivo hablan de que la reducción de consejerías podría ejecutarse mucho antes como gesto hacia la formación de Santiago Abascal.

“Ha sido un año atípico”, dice el portavoz del PP en la Asamblea, Alfonso Serrano. “La crisis del coronavirus ha paralizado el país y los proyectos. El clima es tenso y no es beneficioso para la política. Nosotros tenemos claro que tenemos que caminar juntos con Ciudadanos. La relación entre ambos es cordial, pero también tenemos que coordinarnos con Vox, nuestro principal socio. Esa debe ser la tónica porque si la izquierda se une acapara protagonismo”.

Durante todo este año, el PP ha tratado de mantener una línea de contacto permanente con la formación de extrema derecha. El consejero de Hacienda y hombre de máxima confianza de Ayuso, Javier Fernández Lasquetty, mantiene muy buena sintonía con Monasterio, de ahí que entre ambos pactaran la fallida rebaja fiscal de marzo. Lasquetty, que prevé una caída del 10% del PIB de la región para este año como consecuencia del zarpazo de la pandemia, conoce muy bien el engranaje de la Comunidad. Fue el cerebro de la fallida privatización sanitaria que emprendió la expresidenta Esperanza Aguirre. Algunas voces dentro del partido quieren que gane más peso en la futura reestructuración de Gobierno.

Ciudadanos, por su parte, trata de agrandar su distancia de seguridad con Vox en los espacios públicos y privados, que ya era amplia antes de que la pandemia la impusiera de manera obligatoria. “En los primeros meses presentamos una bajada de impuestos para las personas con familiares en situación de dependencia a cargo, para los jóvenes que se quieren emancipar y para los estudiantes universitarios que quieren hacer un máster”, cuenta César Zafra, portavoz de Ciudadanos. “Lamentablemente, Vox se alió con la izquierda para tumbar la propuesta”. Zafra, que mantiene una férrea distancia con Monasterio en los plenos, lanza un mensaje al resto de partidos para tratar de sacar leyes adelante: “Para lo que queda de legislatura, le pedimos a la oposición que arrime el hombro para convertir Madrid en la mejor región de Europa”.

Mientras tanto, ¿qué balance hacen la presidenta y el vicepresidente? Este miércoles, en Manzanares del Real―el pueblo donde se firmó el estatuto de autonomía de Madrid en 1982― harán una valoración conjunta del acuerdo. Pero la presidenta ya quiso adelantar la fecha en solitario y se pronunció el pasado domingo sobre su socio de Gobierno en La Razón: “Es inquietante el acercamiento de Ciudadanos al PSOE. No sabes qué puedes esperar de ellos”. 24 horas después, su consejero de Transportes, Ángel Garrido, ahora de Ciudadanos y antes expresidente de la Comunidad de Madrid por el PP, le contestó: “Inquietante es que el PP se parezca cada día más a Vox”. Un clima perfecto para celebrar el primer aniversario.

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