La crisis del coronavirus

Madrid no tiene aún los 172 rastreadores prometidos: así funcionan los que están en marcha

El Gobierno regional permite por primera vez visitar uno de los equipos que se ocupan del seguimiento de los nuevos casos de coronavirus y sus contactos

Así trabajan los rastreadores de la Comunidad de Madrid.Luis Almodóvar (Realización) | Antonio Nieto (Redacción)

El 7 de mayo Madrid intentó por primera vez pasar a fase 1. El Gobierno lo denegó. Volvió a ocurrir una semana después. Durante 15 días, el Ejecutivo de Isabel Díaz Ayuso repitió que no existían “criterios técnicos” para esa negativa. Había varios. Dos de ellos, imprescindibles: reforzar las plantillas y aumentar la capacidad de hacer PCR. Y uno, clave: los rastreadores. Los encargados de averiguar dónde y con quién han estado los nuevos casos de coronavirus, contactar a esas personas y poder cerrar una nueva transmisión, evitar que el virus vuelva a expandirse.

Hasta ahora, la Comunidad mantenía en absoluto silencio tanto a los equipos como el funcionamiento y su ubicación. Este martes, se permitió una visita a uno de ellos, en Coslada; aunque no aportan más información que la de ese grupo. La primera vez que la región solicitó el cambio de fase esos equipos específicos por la crisis de la covid-19 no estaban funcionando ni existía todavía el protocolo que había de acompañar en atención primaria (AP) y Salud Pública (SP), los dos pilares para controlar la pandemia a partir de ahora. Con la segunda intentona, apenas llevaban 48 horas arrancados a marchas forzadas. Empezaron el 11 de mayo.

Hace una semana, la Comunidad aseguró en la documentación que envió al Ministerio para la desescalada que el sistema de detección precoz y seguimiento y trazabilidad de casos contaba con 36 epidemiólogos, 16 médicos residentes de cuarto año y 14 de tercer y segundo año, inspectores de la Dirección General de Inspección y Ordenación Sanitaria y de los centros de salud pública del Ayuntamiento y nuevas contrataciones de 66 enfermeras comunitarias y 40 operadores para el Centro de Atención Personalizada (CAP). 172 profesionales.

“Por lo pronto, lo de los residentes, no es verdad. A excepción de los que estuvieran en las áreas de Salud Pública (SP) haciendo la rotación cuando llegó la pandemia, el resto ni estamos incorporados ni está claro cuántos ni cómo lo haremos”, explica uno de ellos. Todavía este 27 de mayo, ni los centros de salud ni las áreas de SP cuentan con el refuerzo prometido de 600 personas para primaria y hasta 172 en SP. La Consejería de Sanidad, tras repetidas preguntas, no contesta a cuántas personas hay en este momento haciendo el rastreo ni cómo están repartidas ni cuándo está previsto que se complete ese crecimiento de las plantillas. Y en el último informe del Ministerio, el que permitió el viernes 22 el pase de Madrid a fase 1, el Gobierno incluyó este refuerzo como “previsión” e instó a que se formalizara.

Mientras, alrededor de 36 profesionales —la cifra que más parece acercarse a la realidad de las que ofrece la Consejería, según varios profesionales de este ámbito— se reparten en las 11 unidades técnicas de Salud Pública con las que cuenta la Comunidad, donde entre sus funciones está de forma habitual hacer ese mismo rastreo para otras enfermedades. Es también allí donde lo hacen ahora para la covid-19. Comenzaron a realizar esta investigación de forma sistemática al principio, cuando apenas había un puñado de casos. Pero el virus explotó, el cúmulo de positivos se les vino encima y fue imposible seguirle el ritmo a la evolución de la pandemia. Retomaron el 11 de mayo.

Reciben diariamente, a través de su sistema de vigilancia, la información de los casos confirmados desde los laboratorios. Entonces se activa el rastreo. En la unidad de Coslada hay 26 personas, seis de ellas se incorporaron al principio de la crisis. Nueve son rastreadores. Este martes se mantenían al teléfono. Varias conversaciones simultáneas se cruzaban en la oficina de esa área que cubre a una población de aproximadamente medio millón de personas. Atiende a los distritos de Chamartín, Salamanca y los municipios de Coslada, San Fernando de Henares, Velilla de San Antonio y Mejorada del Campo; en coordinación con 22 centros de salud, cuatro hospitales públicos y seis privados.

La primera llamada es “crucial”

Una de esas voces pertenece a una enfermera. Le pregunta a un jubilado si su mujer se había hecho la prueba y cuál de ellas, mientras anota la información en una hoja donde se cruzan fechas y datos. “Hay que actuar en los casos individuales para saber quiénes han sido los contactos estrechos [alguien que ha estado a menos de dos metros sin utilizar las medidas de protección por un periodo de más de 15 minutos] para que también estén en aislamiento o que se hagan una PCR si empiezan con síntomas”, explica Andrea Núñez, otra de las enfermeras del equipo.

Del seguimiento de todos esos contactos se ocupará después el personal del CAP, que mantiene la vigilancia, indica prevenciones como tomarse la temperatura dos veces al día y deriva a un centro sanitario si se comienza a tener síntomas. Pero la llamada “crucial” es la primera al infectado. El adjetivo lo pone Nelva Mata, médica de Preventiva y Salud Pública y coordinadora de ese equipo de rastreadores que cuantifica esa primera conversación en un mínimo de 30 minutos. “Te tienes que ganar su confianza, mostrarte muy empático y ya vas dirigiendo la encuesta”. Tienen que identificar qué ha estado haciendo el contagiado desde los dos días antes de inicio de síntomas. “En los asintomáticos, desde que tienen el resultado positivo de la prueba nos vamos para atrás”, dice Mata.

Tras más de dos meses de confinamiento, los contactos han sido sobre todo con los convivientes, “pero también si han tenido contacto laboral se le pregunta por el nombre de la empresa, un teléfono de un responsable, el tipo de trabajo que desempeña y se contacta con el servicio de prevención de riesgo laborales para avisarles. O si es una persona que recibe atención domiciliaria, han de contactar con quien les presta esa ayuda”, añade la médica. Ahora, con el paso a fase 1, el rastreo se complica por las reuniones sociales. “Todo es muy importante, que no se escape nada”, concluye Mata.

Para que eso no suceda, hacen falta manos. En la Comunidad, con 6,6 millones de habitantes, la previsión de refuerzos queda muy lejos de las cifras que los expertos consideran óptimas. Una de esas cifras, la que maneja Alemania, son cinco rastreadores por cada 25.000 habitantes; con esa horquilla, la Comunidad debería tener alrededor de 1.320.

Más cerca, los números tampoco llegan hasta ahí pero también superan a la región. Cataluña, con 7,5 millones de habitantes, estima 328 personas; en Castilla y León, 500 para 2,4 millones de habitantes; y en Castilla-La Mancha, con dos millones de ciudadanos, ya se han contratado a 330 enfermeras que se han unido a 90 personas de Salud Pública. Madrid, el territorio más golpeado por la pandemia, ofrece para cercar al virus 172. Es 27 de mayo y aún no todos han llegado.

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