Un caudal ecológico para recuperar L’Albufera

El lago ha mejorado su estado ecológico en las últimas dos décadas pero necesita consolidar los aportes de agua regulares para su recuperación

Los arrozales no solo son el paisaje más extendido,  sino que juegan un papel clave para mantener la extraordinaria riqueza ornitológica de este espacio protegido.
Los arrozales no solo son el paisaje más extendido, sino que juegan un papel clave para mantener la extraordinaria riqueza ornitológica de este espacio protegido.Monica Torres

L’Albufera es hoy una zona húmeda llena de vida y lugar de alimento y descanso para miles de aves que emigran de la Europa fría hacia regiones más cálidas en invierno. Pero hace medio siglo colapsó y se convirtió en un espacio amenazado. Ahora se recupera lentamente gracias a medidas que se han conquistado a pulso, como los aportes que recoge el plan de cuenca del río Júcar, a punto de aprobarse, que llevarán cerca de 35 hectómetros cúbicos de agua de calidad a una zona húmeda de gran valor ecológico, frecuentada por una población de 80.000 aves acuáticas de promedio anual.

Este lago de agua dulce es producto de la intervención humana, del cultivo de los arrozales y de la llegada de los sobrantes de riego de los regadíos de la Acequia Real. El colapso ecológico en los 70 dio a sus aguas un característico color verde por el exceso de microalgas en suspensión. Los nuevos sistemas de depuración han rebajado la entrada de mucha contaminación pero también se ha producido una bajada alarmante del agua que llegaba al parque. El futuro plan de cuenca del Júcar, pendiente de aprobación, obliga por primera vez a una aportación fija anual o caudal ecológico al lago, lo que unido a otras mejoras, hacen pensar a las administraciones responsables que en una década la zona húmeda, que ha mejorado su estado según varios indicadores, consolidaría su recuperación.

“Si dejáramos de cultivar arroz y no llegara el agua de riego, el lago se salinizaría enseguida porque así fue en su origen. Eso sí cambiaría totalmente el ecosistema que conocemos”, enuncia el vicealcalde y concejal de Ecología Urbana de Valencia, Sergi Campillo. “Se han concedido más usos para el agua del que los ríos eran capaces de soportar. Y eso es una realidad en Doñana, en el Delta del Ebro o en las Tablas de Daimiel. Es la consecuencia de una nefasta planificación hidrológica que ha sobreexplotado los ríos y ha provocado que espacios naturales como L’Albufera se queden sin agua durante mucho tiempo”, apunta el edil.

Paula Tuzón, secretaria autonómica de Emergencia Climática en la Consejería de Agricultura, asegura que el lago está en un proceso de recuperación. “Ha habido oscilaciones porque en las décadas de los 80 y 90 el saneamiento de las aguas era horrible [al lago lo rodean 19 municipios]. Llegaba mucha materia orgánica y teniendo en cuenta que L’Albufera es un ecosistema donde convive de forma natural la agricultura con las especies naturales, el uso de nutrientes [fósforo y nitrógeno] también ha supuesto una merma en la calidad”.

Desde el 2000 hay una clara tendencia a la baja de la presencia de clorofila en sus aguas. Ha pasado de rondar los 300 microgramos por litro a 100, incluso menos a veces, según la consejería. “La abundancia de clorofila revela la presencia de microalgas, que se alimentan de nitrógeno y fósforo esencialmente, y no nos interesan porque crecen cerca de la superficie del lago, tapan la luz del sol e impiden que llegue al fondo del lago: y ni se desarrollan plantas más grandes ni dejan que el agua se oxigene y todo muere alrededor”, explica Tuzón. La Generalitat, responsable de gestionar el parque natural, ha visto en los últimos seis años la aparición en el fondo de plantas más grandes, que hacía 20 años que no se veían. “Son apariciones espontáneas pero si seguimos trabajando en esa dirección creemos que pronto veremos un crecimiento extensivo”.

Más aves

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Otro indicador esperanzador para la secretaria autonómica de Emergencia Climática es la presencia de aves durante el invierno, que paran en el lago en su largo viaje hacia regiones más cálidas. En la década de los 80 apenas se veían ejemplares del Morito y ahora mismo hay 19.000. Y esto se repite con otras especies. Hay una serie de aves cuya población ha crecido desde la década de los 80, lo que significa que el humedal es un sitio vivo.

“Son parámetros que nos dicen que las cosas van mejor pero no hay que caer en la autocomplacencia porque tenemos muchos retos por delante. Si seguimos esta tendencia, L’Albufera habrá dado un salto de calidad en una década. Estamos cerca de tener un ecosistema que no está mal pero todavía es frágil, lo necesitamos más robusto”, sentencia Tuzón.

Las aportaciones de agua de río son vitales para el lago. En este sentido, el vicealcalde de Valencia recuerda la negociación en 2016 con la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ) y la Generalitat para que llegará mas agua al lago. Así se consiguió que parte de los ahorros generados por la modernización de los regadíos de la Acequia Real se ganasen para el lago. Se empezó por derivar dos hectómetros cúbicos y se ha ido incrementado la cantidad hasta los 14,5 “pero la gran novedad es que el futuro plan de cuenca del Júcar ha aceptado que todo este ahorro vaya a parar en un año normal obligatoriamente cuando hasta ahora era solo una posibilidad”, dice Campillo. “En total el próximo invierno tendrían que destinarse 35 hectómetros cúbicos para la inundación invernal de L’Albufera y esa es una cifra muy importante”, recuerda el concejal.

Futuros desembalses

Y otra novedad: el plan de cuenca recoge que cuando haya que desembalsar agua se priorizará que vaya a L’Albufera, como acaba de suceder con un desembalse extraordinario desde el pantano de Tous, muy lleno por las lluvias. “No obstante”, añade el edil, “el lago sigue siendo una masa de agua amenazada, sobre todo, si tenemos en cuenta el efecto del cambio climático”, concluye.

La organización Acció Ecologista-Agró valora los avances conseguidos pero el aporte de agua acordado les sigue “pareciendo insuficiente”, aunque esperan a ver “cómo responde el ecosistema”, apunta la ecologista Lucía Moreno. “Ahora hay que evaluarlos para que sepamos los requerimientos hídricos del área y cuál es el protocolo de gestión que necesita el lago para recuperar su buen estado ecológico”, añade.

Desde 2018, y a raíz de una denuncia a la Fiscalía, hubo una orden de la Generalitat que regula los niveles del lago. “Que haya más ojos mirando los niveles y una mayor intervención de la Administración medioambiental es el camino a seguir”, afirma Moreno, quien demanda que los hectómetros cúbicos sean agua de río y se distribuyan a lo largo del año para garantizar la perellonà.

“Los datos están ahí y es verdad que hay una reducción de la concentración de clorofila pero es insuficiente para la sostenibilidad del lago. Hay que seguir trabajando”, apunta la portavoz de Agró, que no tiene claro que esas medidas, por sí solas, “nos ayuden a revertir ese mal estado ecológico. No puede ser que por dar unos pequeños pasos digamos que L’ Albufera esté salvada”, subraya.

Los niveles en L’Albufera han mejorado, según la CHJ. Antes del 2000, los niveles en la época del cultivo del arroz eran de seis centímetros por encima del nivel cero, y durante la perellonà, de 14 centímetros. Ahora están en 13 y 24 centímetros, respectivamente. “Si antes llegaba agua al lago, con una cantidad de nutrientes o de productos fitosanitarios después de pasar por el riego a manta, y ahora estamos poniendo agua de Tous sin ninguna carga contaminante, la mejora en la calidad del lago debe ser evidente”, apunta el director técnico de la CHJ, Manuel Torán.

Sobre la firma

Cristina Vázquez

Periodista del diario EL PAÍS en la Comunitat Valenciana. Se ha ocupado a lo largo de su carrera profesional de la cobertura de información económica, política y local y el grueso de su trayectoria está ligada a EL PAÍS. Antes trabajó en la Agencia Efe y ha colaborado con otros medios de comunicación como RNE o la televisión valenciana À Punt.

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