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Un visitante en la exposición de Cosmocaixa de Barcelona 'Extraterrestes ¿hay vida fuera de la Tierra?'.
Un visitante en la exposición de Cosmocaixa de Barcelona 'Extraterrestes ¿hay vida fuera de la Tierra?'.Gianluca Battista

Los extraterrestres encuentran casa en Barcelona

Cosmocaixa dedica una exposición muy rigurosa, con algunas concesiones a la imaginación, a la búsqueda de vida más allá de la Tierra

Jacinto Antón

No nos sale a saludar ninguna princesa marciana, ¡ay!, ni E.T., ni —afortunadamente— Alien o el artero embajador del planeta rojo que empaló con su bandera a Jack Nicholson en Mars attack!, pero por ahí andan todos ellos. La exposición Extraterrestres, ¿hay vida fuera de la Tierra? que se ha inaugurado hoy en el Museo de la Ciencia Cosmocaixa ofrece casa en Barcelona (con lo buscada que está) a los alienígenas, aunque dejando muy claro que de momento ellos, los extraterrestres, son solo producto de nuestra fantasía, nuestros anhelos y nuestros miedos. La realidad, subraya la muestra, es que todavía no hay ninguna evidencia concluyente de que no estemos solos en el cosmos (lo que desde luego sería un desperdicio de espacio, con lo grande que es el universo, como apuntó Carl Sagan). Y sin embargo, se destaca con notable optimismo, “por primera vez en la historia los avances científicos y tecnológicos nos permiten imaginar una respuesta a este gran misterio”.

La exposición, de producción propia y que podrá verse en Cosmocaixa hasta el 30 de agosto de 2026 (se calcula que la visitarán en los dos cursos 800.000 personas), es rigurosamente científica y trata de establecer el estado de la cuestión de la búsqueda de vida extraterrestre explicando, eso sí, cómo la humanidad ha imaginado y soñado a los alienígenas a lo largo de la historia. En el recorrido encontramos a los selenitas de Luciano de Samosata (siglo II), “una raza que moquean miel muy sabrosa y sudan leche por todo el cuerpo”, a la reina marciana de tres pechos Aelita (y su complejo sujetador), del cineasta ruso Yákov Protazánov; al metafísico océano pensante del planeta Solaris descrito por Stanislaw Lem y a los crípticos heptápodos de Ted Chiang materializados en La llegada, de Denis Villeneuve. También unos evocadores popurrís de extraterrestres favoritos: un collage con dibujos en los que aparecen multitud de ellos, de Predator al vulcaniano Spock (yendo de peor a mejor), y una vitrina con muñecos como Supermán, Marvin el Marciano, un azulado na’vi de Avatar o Alf.

Imagen de la exposición sobre Extraterrestres en Cosmocaixa.
Imagen de la exposición sobre Extraterrestres en Cosmocaixa.Gianluca Battista

Pero donde el pulso se acelera de verdad es frente a los ámbitos dedicados a los lugares en donde podemos encontrar vida extraterrestre real: los exoplanetas (Teegarden b, 8 Ursa minoris b, o Dulcinea, por poner los de nombres más sonoros de los siete mil descubiertos) y los mundos oceánicos de nuestro propio sistema solar —las lunas heladas de Júpiter o Saturno como Ganímides, Titán, Europa (aunque esta la tenemos vetada, a tenor de 2010, Odisea dos) o Encélado—. Emocionantísimo también el vídeo que muestra el movimiento real de cuatro exoplanetas alrededor de la estrella HR 8799; dan ganas de gritar: ¡¿hay alguien ahí?!

La exposición, dividida en cinco áreas temáticas pretende “aclarar algunas dudas mediante la divulgación del conocimiento científico existente, romper tópicos, proyectar futuros posibles e inspirar a los visitantes para qué imaginen cómo sería hallar vida fuera de la Tierra y qué supondría para la humanidad”. Se explican asimismo las estrategias de búsqueda, incluido el proyecto de escucha SETI (Search for Extraterrestrial Intelligence) o el sofisticado intento de localizar en la luz que emiten los planetas la tecnología de civilizaciones muy avanzadas (tecnofirmas). En el recorrido de la exhibición, punteado por frases de mentes brillantes como Stephen Hawking, Asimov o Gregory Benford, se recalca que la vida allá afuera “puede ser completamente diferente a lo que esperamos”.

Se le podría reprochar a la muestra, pese a las puntuales concesiones en materia de muñecos, dibujos y películas, un exceso de contención y seriedad, seguramente achacable a la personalidad de sus comisarios, un equipo compuesto por la doctora en Ciencias Físicas, astrofísica e investigadora del Centro de Astrobiología (CAB) CSIC-INTA, Montserrat Villar; la también doctora en Ciencias Físicas y astrofísica y profesora de investigación en el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), Eva Villaver; la doctora en Ciencias Biológicas, viróloga, bióloga molecular e investigadora del CAB CSIC-INTA, Ester Lázaro, y el doctor en Ciencias Físicas, astrofísico e investigador asimismo del CAB CSIC-INTA, Benjamin Montesinos. Cierto, parece la tripulación de Interstellar. Por capacidad científica y rigor la cosa no queda, desde luego. Quizá se habría podido ser un poco más osados (y alegres) y colocar réplicas de extraterrestres a tamaño natural, de un platillo volante —el de Roswell, el de Los invasores (“David Vincent los ha visto”) o el de Ultimátum a la Tierra, con Klaatu y su robot Gort—, o de una de las máquinas de los marcianos de H. G. Wells, por dar unas ideas. Es cierto que en cambio se exhibe una reproducción a tamaño natural del rover Perseverance y del pequeño helicóptero Ingenuity, dos de los artefactos creados por la NASA para explorar Marte (y eventualmente hallar vida), y que dan ambiente. Se expone también un meteorito marciano que tiene un nombre digno de un líder skorpi de las aventuras de Flash Gordon, Ksar Ghilane 002.

La réplica del rover marciano en Cosmocaixa.
La réplica del rover marciano en Cosmocaixa.

“El reto era barajar contenido que el público corriente pueda entender sin decepcionar a los especialistas, combinar divulgación y rigor científico”, ha reflexionado el director de Cosmocaixa, Valentí Farràs, que ha recalcado que aún no conocemos la respuesta a la pregunta que plantea la exposición pero, ha vaticinado (sin señalar con el dedo como E. T.), “próximamente la sabremos”. Entre los mitos que rompe la exposición, el de que imaginar extraterrestres es algo moderno, o el de que los ovnis vienen de afuera, señala Villar. La muestra aprovecha para explicar cuál es nuestro lugar en el cosmos y para revelar qué extraordinarias formas de vida hay en la propia Tierra.

En ese sentido, la exposición incide en la presencia en nuestro mundo de organismos que por su aspecto y biología (capaces de vivir cabezudamente en entornos extremos dignos de la pluma de Hal Clement, el maestro de la ciencia ficción dura) parecen auténticos extraterrestres. Un dispositivo interactivo muestra diferentes criaturas de aspecto extravagante y te pide que digas si son verdaderas (de nuestro planeta) o falsas (extraterrestres): ¡es fácil equivocarse! Lo que dirías que es un alienígena de Independence day es un ophiopluteus, una larva de estrella de mar quebradiza; el personaje que recuerda a un hirsuto wookie es una araña de la familia de los filodrómidos, y en cambio ese bicho que te parece tan familiar de un documental de la BBC resulta ser un extraterrestre de Quatermass and the pit. Revelador también lo que se muestra en una enorme foto: no, no es un jawa de Tatooine ni un gusano de Dune, sino un tardígrado, un invertebrado microscópico.

A destacar asimismo un audiovisual que muestra cómo nuestra concepción de los extraterrestres ha ido variando a lo largo de la historia en relación con los acontecimientos de cada época: los cefalópodos tecnificados y despiadados de la versión cinematográfica de 1953 de La guerra de los mundos surgen tras la pesadilla del hitlerismo y la Segunda Guerra Mundial; el bonachón E. T., en los años marcados por el pacifismo, y los homínidos gigantes de Avatar en plena efervescencia del ecologismo.

Vitrina con muñecos de extraterrestres en Cosmocaixa.
Vitrina con muñecos de extraterrestres en Cosmocaixa.Marta Pérez (EFE)

Tras el recorrido por la exposición, que para su completo aprovechamiento exige tiempo y quizá más de una visita (sobre todo los menos duchos en ciencia), sales con la cabeza llena de ideas de adónde apuntar el telescopio, e imaginando cómo reaccionarás cuando llegue (si llega) la noticia de que se ha encontrado vida extraterrestre en Marte, Europa, Titán, un exoplaneta o por la visita de un nuevo Oumuamua o un mensaje inapelable recogido por los radioastrónomos: ¿te acabarías el desayuno o correrías a la calle a mirar el cielo?, como se pregunta Jon Willis en la evocadora Todos estos mundos son vuestros, la búsqueda científica de vida extraterrestre (Alpha Decay, 2017). Y como resumen, la gran frase de Arthur C. Clarke que recoge la muestra: “Hay dos posibilidades, o estamos solos en el universo o no lo estamos, y ambas son igual de aterradoras”.

Entre las actividades paralelas a la muestra, Cosmocaixa ofrece la atractiva experiencia para público familiar Dormir entre extraterrestres, que consiste en pasar la noche en la exposición imaginando cómo podría ser la vida en otros planetas.


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Sobre la firma

Jacinto Antón
Redactor de Cultura, colabora con la Cadena Ser y es autor de dos libros que reúnen sus crónicas. Licenciado en Periodismo por la Autónoma de Barcelona y en Interpretación por el Institut del Teatre, trabajó en el Teatre Lliure. Primer Premio Nacional de Periodismo Cultural, protagonizó la serie de documentales de TVE 'El reportero de la historia'.
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