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Los intentos de suicidio del barrio más pobre de Barcelona triplican la media de la ciudad

Un informe de la Agencia de Salud Pública municipal confirma la mala salud mental en Ciutat Meridiana. El instituto público estudia cómo combatir las desigualdades

Intentos de suicidio del barrio más pobre triplican la media de Barcelona
Un vecino en el barrio de Ciutat Meridiana de Barcelona.CARLES RIBAS

Vivir en la periferia de la periferia de Barcelona no es fácil. Desempleo. Desahucios. Bajos niveles de estudio. Absentismo escolar. Vulnerabilidad. Pobreza energética. Percepción de inseguridad. Ciutat Meridiana es el barrio más pobre de la capital catalana. Situado al norte de la ciudad, casi dentro de la sierra de Collserola, su renta familiar por persona es la menor de sus 73 barrios: 10.929 euros, menos de la mitad que la media (21.642) barcelonesa. Son 28.871 euros menos al año de los que disponen los del barrio más rico, que es Tres Torres (Sarrià-Sant Gervasi), con 37.800. ¿La consecuencia? Altos niveles de afectación en la salud mental. Según una encuesta de la Agencia de Salud Pública de Barcelona (ASPB), los vecinos de Ciutat Meridiana triplican la media de las tentativas de suicidio de la ciudad (7,1% frente al 2,6%). Los datos son similares a los de Vallbona y Torre Baró, que junto a Ciutat Meridiana conforman la denominada Zona Nord de Barcelona, conocida por el peso del estigma. El trabajo ha sido impulsado por la Agencia de la mano de la Taula de Salut Comunitària de la Zona Nord.

El Ayuntamiento de Barcelona busca con el informe la forma de mejorar las condiciones de vida del barrio a partir de la diagnosis. A través del programa Barcelona Salud en los Barrios, un plan comunitario para reducir las desigualdades sociales de salud, realizó una encuesta entre los vecinos para determinar la calidad sanitaria de las personas que viven en la zona y sus determinantes. Los resultados, presentados este jueves por la tarde al vecindario de Ciutat Meridiana, confirman la relación entre el impacto de la situación socioeconómica y la salud que plantea buena parte de la literatura científica.

En un barrio donde casi la mitad de sus vecinos (45%) asegura que tiene dificultades a final de mes (frente al 13,5% de Barcelona), casi la misma proporción (48%) admite tener una mala salud mental (por el 22% de la media global). “Hace por lo menos dos décadas que hay voces diciendo que la salud mental en el barrio empeora”, avisa el presidente de la Asociación de Vecinos de Ciutat Meridiana, Filiberto Fili Bravo. “El problema es que al final lo normalizas: aumenta el malestar de la gente, el fracaso escolar, la agresividad, las consecuencias de la pandemia…”, añade sobre una comunidad golpeada por los desahucios desde que estalló la crisis del ladrillo.

Primero fueron desahucios por hipotecas impagadas (tras quedarse los vecinos en paro y dispararse las cuotas), luego ocupaciones, más desahucios o logros como los alquileres sociales; y más tarde, ejecuciones de quienes tampoco podían pagar las rentas. “Si tienes que vivir con esta angustia, es normal que afecte a la salud, física y mental…”, resume. Una profesora de una escuela de primaria del barrio, ya jubilada, siempre comparaba trabajar en el barrio con pedalear en una bicicleta estática: te esfuerzas pero nada se mueve.

Los resultados de la encuesta de la ASPB afloran la punta de un perverso iceberg. Un 7% (9% por las mujeres y un 5% los hombres) de los vecinos del barrio declaran haber intentado suicidarse alguna vez, un porcentaje casi tres veces mayor que el global de Barcelona (2,6%), aunque la agencia pide prudencia en la comparación porque la obtención de las cifras llegó por metodologías diferentes. “El suicidio es la máxima expresión de los problemas de salud mental”, analiza Carme Borrell, gerente de la Agencia. En todo caso, esta realidad no es ajena al barrio. Desde la asociación vecinal Bravo se recuerdan años en los que ha habido “seis o siete” casos y recuerda precedentes concretos de personas jóvenes y mayores. “Esperamos que este informe sirva de algo”, confía; a la vez que lamenta la “falta de respuestas, por muchos proyectos que comienzan y cuyos efectos no se perciben”.

Con los resultados desgranados y planteados, los responsables sanitarios prevén plantear nuevas intervenciones que “mejoren la vida y reducir las desigualdades”, defiende Borrell. Estas deben consensuarse con los agentes sociales y vecinales del barrio para optimizarlas. La Agencia ha desplegado en los últimos años medidas a nivel de infancia, familia, juventud y gente mayor. “No podemos incidir en cuestiones como la vivienda, pero sí en materia comunitaria”, defiende la gerente, que señala la importancia de trabajar las “relaciones equitativas” desde las primeras edades; ofrecer “alternativas deportivas” para el ocio juvenil; o crear espacios sociales para la tercera edad como cursos de cocina.

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