‘Aturem la guerra’: el mismo logo y el mismo lema vuelven a Barcelona veinte años después

La Plataforma convoca este miércoles una concentración contra la invasión rusa de Ucraina

Protesta histórica en Barcelona contra la guerra de Irak el 15 de febrero de 2003. El Ayuntamiento cifró entonces la participación en 1,3 millones de personas.
Protesta histórica en Barcelona contra la guerra de Irak el 15 de febrero de 2003. El Ayuntamiento cifró entonces la participación en 1,3 millones de personas.Marcel.li Saenz Martinez

Han pasado casi veinte años y estamos ante una nueva guerra. El logo y el lema son los mismos. El logo, una bomba dentro de una señal de prohibido. El lema, “Aturem la guerra”. El jueves comenzó la ofensiva de Rusia sobre Ucrania. Y el viernes pasado la Plataforma Aturem la Guerra, nacida con la guerra de Irak en 2003, se activó: a la asamblea virtual que se convocó de urgencia se conectaron 70 personas de entidades. Todo el mundo convencido de que había que convocar de nuevo una protesta en Barcelona contra la guerra. La concentración está convocada para este miércoles a las 18.30 en la plaza de Catalunya.

La ciudad protagonizó el 15 de febrero de 2003 una de las mayores manifestaciones en todo el mundo de repulsa a la guerra de Irak. Barcelona venía entonces de un ciclo de manifestaciones de varios años (las del movimiento antiglobalización); y, además, las protestas contra la guerra lo fueron también contra el gobierno con mayoría absoluta de José María Aznar, el presidente español en esa época. “Incluso George Bush nos puso en el mapa cuando dijo que no le importaban las manifestaciones de Barcelona”, recuerda Dani Gómez-Olivé, uno de los portavoces de Aturem la Guerra entonces. “Fue potente porque se juntó una guerra con mentiras que no veía nadie, salvo el Trío de las Azores, con un movimiento por la paz puntero en España y una sociedad civil muy engrasada”, analiza.

En las asambleas de 2003 había 200 personas. Desde sindicatos, ONG y asociaciones, hasta el movimiento por la paz y todos los partidos salvo el PP. Siempre se ha dicho que en la protesta del 15 de febrero en el paseo de Gràcia hubo un millón de personas. Luego el colectivo Contrastant aseguró que en esta vía no caben más de 350.000, señala el entonces portavoz.

En cualquier caso, aquella protesta fue solo el inicio de tres meses de movilizaciones constantes en una ciudad donde incluso los balcones clamaron contra la guerra, donde se implicaron las escuelas y el movimiento estudiantil, y donde se celebró una consulta popular en la que votaron 650.000 personas.

Diseño de David Karvala
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El logo y el diseño de las convocatorias los hizo David Karvala, activista en varias plataformas de izquierdas y antifascistas. Adaptó el logo que en Reino Unido había lanzado Stop the war. A la autora del original y a él les dieron un premio FAD por sus obras, recuerda. “La idea era que fuera sencillo y replicable, y la imagen no podía pesar más de 30K, la capacidad de internet entonces, que permitía difundirla por listas de distribución”, cuenta.

Dani Gómez-Olivé, que entonces rondaba los 30 y ahora los 50, fue uno de los portavoces de la protesta, junto a históricos como Arcadi Oliveres (fallecido abril de 2021), Francesc Tubau o Pilar Massana. “La Plataforma ha seguido viva, cada año hacen una manifestación coincidiendo con el aniversario de la guerra de Siria”. Gómez-Olivé, técnico ahora en La Fede, que agrupa a las ONG catalanas de cooperación, alucinó el viernes con la respuesta a la asamblea de urgencia. Muchas cares de las de entonces, pero también nuevos colectivos como la Red por la Justicia Climática o Fridays for Future. Ahora, buscan también complicidades con la comunidad ucrania (y rusos que quieran sumarse).

Cadena humana en la Diagonal de Barcelona durante las protestas de 2003 contra la guerra de Irak.
Cadena humana en la Diagonal de Barcelona durante las protestas de 2003 contra la guerra de Irak.

A diferencia de 2003, cuando estaba claro quién era el enemigo, ahora ha sido más complicado fue consensuar el manifiesto. Es mucho más ambiguo que entonces sobre el papel de la OTAN y se centra en la necesidad de desescalar y el rotundo “no a la guerra”. “No hay solución militar posible, hay que rechazar el modelo de seguridad hegemónico militar mundial, y de la OTAN en particular, abordar las causas estructurales de la guerra y evitar tomar medidas que aumenten el sufrimiento y las tensiones del conflicto”, dice el texto. Este jueves por la mañana el manifiesto contaba con 205 adhesiones, entre ellas las de los comunes, la CUP y ERC.

Iolanda Fresnillo, economista especialista en cuestiones de deuda, otra de las caras de la plataforma en 2003, señala que entonces “fue muy clave lograr una movilización muy transversal”. “Ahora el conflicto es muy complejo, hay más opiniones sobre el papel de la OTAN: la base debe ser el ‘no a la guerra’ para conseguir de nuevo transversalidad”. Lamenta pensar que la situación se repite. “Me veo igual que en 2003 o que en 1994 contra la guerra de los Balcanes: no entender cómo podemos haber llegado aquí, que todos los mecanismos de la diplomacia han fallado, o que no existan suficientes mecanismos. O el mundo no aprende o sigue guiado por las mismas cuestiones que llevaron a la guerra de Irak, el negocio de las armas, la geopolítica de la energía, los riesgos de no resolver conflictos y que se enquisten…”.

En la sorpresa coincide Gómez-Olivé: “No me lo esperaba en absoluto. Es distinto, ahora salimos de una pandemia, es muy distópico. Sadam Hussein era un loco, ahora es una invasión de un estado a otro, muy cerca, Putin tiene el botón nuclear, su propio pueblo le está contestando. También es distinto que ahora podemos compartirlo con la gente de allí que vive entre nosotros y canalizar ayuda”.

Sobre la firma

Clara Blanchar

Centrada en la información sobre Barcelona, la política municipal, la ciudad y sus conflictos son su materia prima. Especializada en temas de urbanismo, movilidad, movimientos sociales y vivienda, ha trabajado en las secciones de economía, política y deportes. Es licenciada por la Universidad Autónoma de Barcelona y Máster de Periodismo de EL PAÍS.

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