LA CRÓNICA
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El metaverso de Waterloo

Puigdemont se debate entre la presidencia de Junts y la del Consell Per la República

Carles Puigdemont, en una conferencia en Perpiñán (Francia) en febrero de 2020.
Carles Puigdemont, en una conferencia en Perpiñán (Francia) en febrero de 2020.David Ramos (Getty Images)

Hace unos días el vicepresidente de la Generalitat, Jordi Puigneró, presentaba el metaverso catalán, un mundo virtual que además de servir para los negocios supondrá “un paso hacia la república digital”. El CatVers, inspirado en el metaverso de Mark Zuckerberg, quizás más que aclarar habrá contribuido a sembrar dudas en el expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont a la hora de decidir si es mejor liderar el independentismo impaciente al frente del Consejo por la República —una suerte de “Gobierno en el exilio” articulado desde Waterloo que según fuentes de Esquerra “no tiene demasiado sentido”— o continuando en la presidencia de Junts per Catalunya o preparando su retorno a Cataluña “para culminar la independencia”, en palabras de su sucesor Quim Torra a TV3.

La mayoría de los pétalos de la margarita que Puigdemont se apresta a deshojar son virtuales, del jardín del metaverso unilateralista que mima Waterloo, coinciden en señalar diversas fuentes desde el soberanismo más moderado. Parece que febrero será el mes elegido para dilucidar el camino. No variará la retórica de fondo, pero sí desde dónde debe expresarse. “Al expresident le pesan dos cosas: lo que dirán sus vecinos y cómo pasará a la historia”, afirman fuentes posconvergentes. Por eso ha sido susceptible a los argumentos presentados por dos integrantes de la asamblea de representantes del Consell per la República para que quien presida esa suerte de Gobierno paralelo, de esencias soberanas insobornables, esté desvinculado de la dirección de un partido. El argumento ha hecho mella en el expresidente, que no quiere que su liderazgo desde Waterloo pierda su virtual pureza con la mácula de una simple duda. Pretende seguir ofreciendo la imagen de transversal presidente de todos los independentistas, aunque Esquerra se haya hecho con la primogenitura del secesionismo en las últimas elecciones catalanas realmente existentes, las del 14 de febrero de 2021. No fue fácil de asimilar, pues la pérdida de la hegemonía provocó que Junts no diera el sí a Pere Aragonès hasta tres meses después de celebrados los comicios.

En ese contexto, nada mejor para reforzar el liderazgo de Puigdemont que un “Parlamento y un Gobierno en el exilio” auténticamente independentistas que al tiempo sirvan de bastión para oponerse a la que en Junts llaman despectivamente la “política autonomista de Esquerra y la estéril mesa de diálogo con el Gobierno central”. El Consell per la República está copado por Junts per Catalunya, pues Esquerra juzga estéril esa aventura que se inició en 2018 con el objetivo de mantener a Puigdemont al frente de un independentismo unilateralista al que Esquerra no juega, pero que es competitivo en las urnas a la hora de restar votos a los republicanos. En las únicas elecciones a la asamblea de representantes de ese organismo, celebradas el pasado mes de octubre, votó el 25,7% del censo de inscritos. Los de Puigdemont, acompañados de algunos pequeños grupos independentistas, monopolizaron como era de esperar la representación. “El Consell es una herramienta del expresident y de Junts per Catalunya”, juzgan los más críticos desde las filas republicanas.

El divorcio del independentismo es más que evidente, pero Puigdemont, consciente de su ascendente sobre el electorado secesionista, se resiste a dar por perdido el liderazgo. “Ahora buena parte de sus esperanzas se fundamentan en que el Tribunal Superior de Justicia de la Unión Europea falle a favor de la libre circulación del expresidente por su territorio”, apuntan fuentes cercanas a Junts. De ser así y con las garantías de no ser detenido al llegar a España, la llegada de Puigdemont es vista por la presidenta del Parlament y diputada del Consell per la República, Laura Borràs, “como una oportunidad para culminar la independencia”. En cambio, desde Esquerra se contempla como una oportunidad “para movilizar a los suyos”, poco menos que una suerte de “juegos florales”, aseguran.

Puigdemont, en su papel de cabeza indiscutible del independentismo unilateralista, no se ha tomado demasiadas molestias en las tareas de organizar el partido que preside. “En base a su indiscutido liderazgo ha delegado la tarea de levantar a Junts como partido en Jordi Sànchez, expresidente de Assemblea Nacional Catalana (ANC)”, apuntan fuentes de Esquerra, y “se ha desentendido de la marcha cotidiana de la formación”. La prueba es que ahora mismo hay una pugna por hacerse con el control de la formación. No deja de ser paradójico que a Jordi Sànchez, el hombre elegido por Puigdemont, le disputen los más fieles al expresident —Laura Borràs o Elsa Artadi, aliadas ahora con el exrecluso y exconsejero Jordi Turull— la dirección de Junts. No obstante, Turull no tiene suficiente capacidad para dar la batalla con garantía de éxito, aseguran fuentes de los posconvergentes.

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Mientras eso sucede en el prosaico mundo partidista, el metaverso de Waterloo sigue su andadura por el universo de quienes creen en la declaración unilateral de independencia. Y Puigdemont se prepara para decidir si la mejor manera de hacerlo es presidiendo el Consell per la República, el “Gobierno en el exilio”.

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