crisis del coronavirus

Los rebrotes de Barcelona dan la puntilla a la economía costera

La crisis triplica la demanda de ayuda social en los municipios del litoral

Unas turistas en la terraza de un bar de Lloret de Mar.
Unas turistas en la terraza de un bar de Lloret de Mar.Agusti Ensesa / EL PAÍS

Los rebrotes en el área metropolitana de Barcelona y las recomendaciones de no salir de casa pueden suponer un golpe mortal para las poblaciones costeras que viven del turismo. El turismo de masas ha dejado paso al turismo de proximidad en municipios como Lloret de Mar. El sector, que se ha centrado en captar viajeros del área de Barcelona, alerta de que las nuevas restricciones dejarán la temporada en blanco, y auguran una importante crisis social en invierno.

La pandemia de coronavirus ha cambiado el paisaje de Lloret, Roses, Salou y demás poblaciones costeras catalanas que viven casi exclusivamente del turismo. El primer municipio es uno de los ejemplos de un modelo que ha entrado en una crisis profunda a causa de la covid-19. Lloret, con 40.000 habitantes, tiene 30.000 plazas hoteleras en más de 120 establecimientos. Recibe cada año un millón de turistas que en conjunto pasan cinco millones de noches en la población. El 95% de la economía de la ciudad, que a la vez es un centro de servicios para las poblaciones de alrededor, se sustenta directa o indirectamente gracias al turismo.

El municipio está acostumbrado a trabajar con grandes grupos de viajeros que vienen con touroperadores, y acoge principalmente a turistas franceses, ingleses, centroeuropeos y de la Europa del Este, especialmente de Rusia. Todo ello ha cambiado: en Lloret ya no se ven turistas extranjeros llenando hasta los topes la playa, el paseo marítimo o la calle que concentra las discotecas y bares.

Del total de plazas disponibles, está abierto el 60%. “El problema es que solo llenamos los fines de semana. De lunes a viernes estamos en una ocupación de entre el 10% y el 15%”, explica Antoni García, portavoz de la asociación turística de apartamentos de la Costa Brava. García tiene una empresa de gestión de edificios turísticos en Lloret. “Después de la pandemia vimos que teníamos que empezar de cero la temporada, muchos apostaron por abrir, pero nadie se esperaba que la demanda fuese tan baja”, resume. Los precios, explican los hoteleros, han tenido que bajar y se sitúan, en plena temporada alta, a niveles de mayo. “Entiendo a los compañeros que no han abierto. Lo que todo el mundo está intentando salvar es la empresa, no la temporada”, señala García.

El sector admite que vive al día, con reservas y cancelaciones de última hora. El patronato de turismo de Girona y Costa Brava ha dirigido su campaña a captar turistas de Francia y del área metropolitana de Barcelona. Pero los rebrotes de las últimas semanas han perjudicado también esta estrategia. “El turismo extranjero es muy sensible a las noticias. Cuando desde Bélgica o Alemania se lee que hay un brote en el Segrià, no piensan que está lejos de Lloret, para ellos el peligro es el mismo, y cancelan”, explica García. La obligación de llevar mascarilla también fue disuasoria, según lamenta el sector turístico. “Esto, y las limitaciones en todas las actividades: bares, discotecas, trayectos en barco, actividades de grupo en playas…”, añade.

La puntilla la han dado los brotes en el área metropolitana de Barcelona, de donde proceden la mayoría de turistas esta temporada. “En cada momento hay que hacer lo que toca, pero vamos añadiendo restricciones que el mercado difícilmente puede asumir”, admite Jaume Dulsat, alcalde de esta localidad en la Costa Brava.

El Ayuntamiento de Lloret ha instalado un sistema de control en las playas que demuestran la caída del turismo extranjero: en las playas centrales, normalmente atestadas de viajeros de fuera, estos días siempre hay aforo disponible, mientras que las calas y playas más alejadas, conocidas por el turismo local, están completas.

Pero no solo los comercios y hoteles están sufriendo el impacto de las restricciones de movilidad. La crisis del coronavirus ya ha triplicado la demanda de ayuda y alimentos, pero eso no es nada, avisan las entidades sociales, comparado con lo que vendrá en invierno si esta temporada acaba siendo tan corta y floja en turismo. Dolors Puigdevall, directora de Cáritas Diocesana de Girona, detalla que en Lloret de Mar el aumento de la demanda ha sido del 100%, mientras que en Roses ha crecido un 129%.

En Tossa de Mar las familias que piden alimentos han pasado de 60 a 180. “Muchísima gente viene por primera vez. Tenemos personas que se han quedado en el paro, pero también muchas que viven de la economía sumergida y de pronto se han quedado sin ingresos”, explica. En Lloret el Ayuntamiento tuvo que trasladar el centro de distribución de alimentos al pabellón deportivo para atender el aumento de la demanda. “En otras ciudades hemos reforzado los centros, pero en algunas no, con lo que la lista de espera crece”, explica Puigdevall. El Ayuntamiento ya está buscando un nuevo local para atender la demanda, y está en proceso de revisar sus presupuestos: “Tenemos que rediseñar las cuentas para que sean más sociales”, explica el alcalde.

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