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Santos Cerdán se declara víctima de una conjura del “Estado profundo” y lo niega todo

El exdirigente socialista evita ataques al partido y descarta financiación ilegal, pero lamenta que sus compañeros le “dieran la espalda”

Santos Cerdán, este miércoles en la comisión de investigación del 'caso Koldo' en el Senado.Foto: Álvaro García

“Más vale solo que mal acompañado”. La frase de Santos Cerdán, a los pocos minutos de comparecer este miércoles ante la comisión del Senado que investiga el caso Koldo, sonó como un mal presagio para sus antiguos compañeros socialistas. La senadora de UPN María Caballero le había hecho notar su soledad al ser recibido, a diferencia de la cohorte que le acompañaba en abril de 2024, cuando acudió a testificar en la misma comisión, investido de todos los poderes de secretario de organización del PSOE y sin ninguna amenaza penal en el horizonte. Esta vez el único que acudió a estrecharle la mano fue el letrado de la comisión.

Pero si alguien abrigaba expectativas de que Cerdán se lanzase contra su antiguo jefe, como sí han hecho José Luis Ábalos y Koldo García, quedó defraudado. Los únicos reproches que salieron de su boca fueron para lamentar que el partido le haya “dado la espalda”. Por lo demás, lo negó todo, incluso el documento firmado por él en que el empresario Antxon Alonso le cede el 45% de las acciones de la empresa Servinabar, adjudicataria de sustanciosos contratos públicos. “Soy inocente, no soy un corrupto”, proclamó. Los audios de sus conversaciones con Ábalos y García, sostuvo, están manipulados por IA. Y él ha sido víctima de una conspiración de “los resortes del Estado profundo” por haber negociado con Junts y la izquierda abertzale.

Más delgado tras su paso por la cárcel, pero con aspecto saludable y actitud firme, el ex número dos de Pedro Sánchez llegó a la sala Campoamor del Senado con 15 minutos de antelación. Durante ese tiempo aguantó de pie e impávido los ininterrumpidos disparos de las cámaras. Anunció que se acogería a su derecho a no declarar y así lo hizo ante las preguntas más comprometidas. Lo que no significó que se callase ni que rehuyese enfrentarse a los senadores del PP, con algunos momentos muy tensos que provocaron una breve suspensión del careo. Cuando abandonó la sala, habían transcurrido más de dos horas y media.

El popular Gerardo Camps también quiso explotar la visible distancia que sus antiguos compañeros estaban marcando con quien hasta hace medio año dirigía el aparato del partido. Cerdán lo lamentó, pero cortó a Camps: “Para defender mi inocencia no hace falta que me acompañe nadie”. Lo más que consiguieron los populares fue que dejase sin responder la pregunta de si Sánchez había participado en una reunión con él y con Arnaldo Otegi para negociar en 2018 la moción de censura, encuentro que niegan el presidente y el líder de EH Bildu. A lo que sí contestó el exdirigente navarro fue a la pregunta de si el PSOE se financió ilegalmente durante los siete años de su estancia en Ferraz. Y se mostró lapidario: “No, lo aseguro rotundamente”. Del mismo modo manifestó que la campaña de Sánchez en las primarias socialistas de 2016 se nutrió exclusivamente de aportaciones de los militantes.

La presencia de quien lo fue casi todo en el PSOE representaba un papelón para el grupo socialista. Le tocó lidiarlo a Alfonso Gil, quien confesó de entrada: “Es una de las intervenciones más difíciles de mi vida”. Gil, senador vasco, no le formuló ninguna pregunta. Y se esforzó en no provocar reacciones peligrosas. Echó por delante su respeto a la presunción de inocencia en el plano penal, a la vez que le formulaba un “reproche ético” y le transmitía que la militancia está “defraudada”. Acabó con una cita de Alfredo Pérez Rubalcaba: “Si no vives como piensas, acabas pensando como vives”. La enigmática réplica sí que sonó amenazante: “Pregúntese si usted está en condiciones de hacerme un reproche como me ha hecho”.

La comparecencia se había iniciado con el interrogatorio más exhaustivo y estructurado, el de la senadora de UPN. Caballero no se dejó casi nada en el tintero: los contratos supuestamente amañados, la presencia de familiares directos en la nómina de Servinabar, la tarjeta de esa empresa de la que presuntamente dispuso para gastos personales, el origen del dinero para pagar su ático en Madrid… El exsocialista oscilaba entre el silencio y el negarlo todo.

Cerdán afirmó que ha sufrido una “persecución propia de la Inquisición” a partir de “hipótesis policiales sin ningún tipo de certeza”. Aludió de forma reiterada a un informe pericial encargado por su defensa que concluye que los audios de sus conversaciones con Ábalos y Koldo están manipulados con un software que ni existía en 2018, de cuando datan esos diálogos. Ahí comenzó a deslizar su teoría conspiratoria para presentarse como víctima de jueces y policías que se habrían conjurado para vengarse de sus actuaciones y de su partido.

El político navarro se sintió reforzado cuando el senador de Vox Ángel Pelayo Gordillo le recriminó sus relaciones con “golpistas, separatistas y herederos de ETA”:

-En eso tiene usted razón: todo viene de ahí.

Para argumentar ese supuesto contubernio aludió reiteradamente – y pese a las intervenciones del presidente de la comisión, Eloy Suárez, para cortarlo- a contactos entre dirigentes de Vox y miembros de la Guardia Civil.

Quienes dieron cierto pábulo a las teorías de Cerdán fueron los independentistas catalanes. Ni Joan Queralt, de ERC, ni Eduard Pujol, de Junts, cuestionaron las acusaciones de corrupción, pero dejaron caer que el pretendido complot, en palabras de este último, “no parece solo una creación literaria”. Cerdán vio el cielo abierto para situar el origen de sus cuitas: la imagen de él junto a Carles Puigdemont en Bruselas tras haber negociado el acuerdo de investidura en nombre de Sánchez. “Hay un antes y un después de esa foto”, declaró. Pujol insistió:

-¿Entonces todo nace de ese Estado tramposo, podrido, enfermo…?

-Eso podría investigarlo una comisión del Senado. Yo no lo sé.

-¿Pero usted está limpio, limpio?

-¿El Estado?

-No, usted.

-Yo, sí.

El exsocialista elevó la actitud desafiante cuando llegó el turno del PP. Entonces trató de esgrimir otro caso para sostener sus tesis: la contratación por la Comunidad de Madrid de un capitán de la Guardia Civil, Juan Vicente Bonilla, quien en una grabación presumió de tener informaciones contra Ábalos y Koldo. Entre que el presidente de la comisión le prohibía tocar el tema y que el senador Camps se empeñaba en preguntar a grito pelado, se formó un alboroto y el interrogatorio se suspendió brevemente. Camps, siempre con un volumen atronador, se extendió en las relaciones entre Cerdán y Ábalos sin obtener ninguna respuesta. A esas alturas el ex secretario de organización ya tenía la mirada perdida e ignoraba las preguntas, mientras garabateaba en un cuaderno o tecleaba en el ordenador portátil con gesto melancólico.

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Sobre la firma

Xosé Hermida
Es corresponsal parlamentario de EL PAÍS. Anteriormente ejerció como redactor jefe de España y delegado en Brasil y Galicia. Ha pasado también por las secciones de Deportes, Reportajes y El País Semanal. Sus primeros trabajos fueron en el diario El Correo Gallego y en la emisora Radio Galega.
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