El Gobierno choca con derecha e izquierda por la crisis de Ucrania

El ministro de Asuntos Exteriores defiende en el Congreso la “firmeza” de la OTAN frente a las “intimidaciones” de Putin

El ministro de Asuntos Exteriores en su comparecencia en el Congreso este martes.

El ministro de Asuntos Exteriores llegó este martes al Congreso para dar explicaciones de la crisis de Ucrania con una petición de unidad: “Que lo que ha sido posible en Europa y con los aliados trasatlánticos sea posible también con las fuerzas políticas españolas”. La respuesta al llamamiento de José Manuel Albares a cerrar filas ante “un momento gravísimo” fue tibia. La derecha, PP y Vox, no cuestionó la posición española, pero cubrió de críticas al ministro. A la inversa, el socio minoritario del Gobierno, Unidas Podemos, evitó cualquier reproche, pero dejó sentada una posición diferente a la de los socialistas. Y la izquierda nacionalista, frecuente respaldo del Ejecutivo, le afeó la participación española en el despliegue militar de la OTAN. Solo Ciudadanos y el PNV dieron su respaldo al Gobierno, sin entrar en críticas y cargando las tintas contra la agresividad de Rusia, en un debate en la Comisión de Exteriores del Congreso que se prolongó hasta el filo de la medianoche.

El Gobierno apuesta por el diálogo para solucionar la crisis de Ucrania, pero al mismo tiempo respalda el “mensaje claro de firmeza” que ha transmitido la OTAN frente a las “intimidaciones” de Rusia. Albares combinó ese doble discurso en su comparecencia a petición propia en el Congreso para explicar la posición española ante la amenaza de una invasión rusa de Ucrania. “Cualquier agresión rusa” a su país vecino “supondría una violación gravísima del derecho internacional que debería tener una respuesta contundente”, recalcó.

La naturaleza de esa respuesta sería básicamente económica, aseguró el ministro: “Sanciones masivas” que comportarían un “alto coste” para el régimen de Vladimir Putin. ¿Y, llegado el caso, España estaría dispuesta a participar en un conflicto bélico?, le preguntaron varios diputados, desde la popular Valentina Martínez a la republicana catalana Marta Rosique. Ahí Albares no quiso entrar escudándose en que no hay que dar por supuesto que la guerra es inevitable porque extender esa sensación “angustia a los españoles” y no contribuye a la distensión. “No estamos en un escenario de guerra”, repitió varias veces, “ni hay que dar la impresión de que nos estamos conduciendo ineluctablemente hacia él”. Pese a la insistencia de los diputados y que el propio ministro habló de “una situación muy, muy preocupante”, Albares se negó a ir más allá.

Frente al rechazo de ERC, EH Bildu, CUP o BNG a la participación española en el despliegue de la OTAN en zonas próximas a la región de conflicto, el jefe de la diplomacia sostuvo que eran misiones previstas desde antes de que estallase la crisis. La fragata Blas de Lezo, enviada al mar Negro, estará hasta el 30 de junio, un plazo mayor del inicialmente anunciado. El Ejecutivo no tiene la menor intención de retirarla ni tampoco los cazas desplazados a Bulgaria, dijo Albares con toda rotundidad frente a las recriminaciones de la izquierda.

El ministro repitió por activa y por pasiva la palabra “diálogo” e instó a hacer todo lo posible para no dar por supuesta una “escalada militar”. Pero al mismo tiempo quiso sentar algunas “líneas rojas” o “principios irrenunciables”. El principal, que Ucrania es un Estado soberano y, como tal, tiene derecho a elegir las alianzas militares que desee. La pretensión de Rusia de “limitar la soberanía” de sus vecinos va contra el derecho internacional, insistió Albares, y, por tanto, es inaceptable.

Tras las críticas de días anteriores, Unidas Podemos bajó esta vez el tono ostensiblemente. Su diputado Antón Gómez-Reino evitó cualquier palabra que se pudiese interpretar como un reproche, aunque las posiciones de fondo que desarrolló evidenciaron las diferentes visiones que conviven en el Ejecutivo. Sobre todo, cuando el diputado defendió que Ucrania debería ser un territorio neutral. Gómez-Reino también insistió en que cualquier escalada bélica no contaría con apoyo popular en España: “La ciudadanía de este país es la del no a la guerra”. Albares solo rebatió con tono suave algunas críticas a la OTAN de Gómez-Reino, quien acabó felicitándose de que el ministro apueste por el diálogo.

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Las disensiones dentro del Gobierno fueron uno de los argumentos favoritos de la oposición. La popular Martínez y el portavoz de Vox, Iván Espinosa de los Monteros, señalaron que esas divergencias han debilitado la posición de España ante el conflicto. “Ni son creíbles ni son fiables”, resumió la diputada del PP, una de la que más apretó al ministro para que aclarase si el Gobierno estaría dispuesto a participar en una operación militar. Martínez cargó con insistencia contra la actitud del Gobierno y de su presidente, al mismo tiempo que presumía del apoyo brindado a la posición española por el líder de su partido, Pablo Casado. “Lo ha hecho, sin información y sin ser consultado, por sentido de Estado, ese del que ustedes carecen”, atacó Martínez. El ministro consideró “especialmente grave” la actitud del primer partido de la oposición y lo acusó de no haber explicado cuál es su postura.

Frente a las dudas sobre el discurso de Vox en los últimos días, Espinosa de los Monteros hizo una condena rotunda de la política rusa. Eso sí, le sentó muy mal que Gómez-Reino recordase los lazos con Putin de la extrema derecha europea.

El amigo americano

La supuesta falta de sintonía del Gobierno de Pedro Sánchez con EE UU fue otro de los argumentos recurrentes de la derecha. PP y Vox hicieron sangre con que Sánchez hubiese quedado al margen de una ronda de llamadas del presidente norteamericano, Joe Biden, el pasado lunes, a varios mandatarios europeos. La popular Martínez incluso aventuró que en este clima la próxima cumbre de la OTAN a celebrar en Madrid será un fracaso.

Albares aseguró que la ronda de llamadas de Biden se dirigía a los jefes de Gobierno de los países europeos que pertenecen al G-7, en el que no está España, y que incluyó también a Polonia porque es el presidente de turno de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE). Para demostrar que las relaciones con EE UU son buenas, el jefe de la diplomacia recordó que se entrevistó recientemente en Washington con el secretario de Estado norteamericano, Antony Blinken. “Y me llama ‘mi amigo José Manuel”, reveló.


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