El relato de la reunión entre los socios del Gobierno para la reforma laboral: “El PSOE tiene que estar en la negociación”

El gabinete de crisis de la coalición mostró que el punto de la discordia es quién dirige para decidir qué reforma se hace

El comisario europeo de Economía, Paolo Gentiloni, y la vicepresidenta económica, Nadia Calviño, este lunes en el Ministerio de Asuntos Económicos en Madrid.EPV (EUROPA PRESS)

El gabinete de crisis de la coalición de gobierno, convocado por Unidas Podemos, no logró el lunes un acuerdo. Pero, al menos, dejó muy claras las posiciones y, según varios de los presentes de ambas partes, mostró las líneas rojas políticas de los dos socios.

Adriana Lastra, número dos del PSOE y que fue quien negoció el Gobierno de coalición con la dirigente de Podemos Irene Montero, suele mostrarse tajante en este tipo de reuniones. Y rompió el hielo muy rápido, según distintos asistentes, quienes insisten en que el tono fue amable, pero el fondo no lo era tanto.

—El PSOE tiene que estar en esta reforma —dijo Lastra.

El secretario de Estado de Trabajo, hombre clave en la negociación, Joaquín Pérez Rey, le contestaba insistentemente.

—Somos un Gobierno. No dos. Y si estamos nosotros en la negociación también está el PSOE, porque representamos a todo el Gobierno.

Lastra no cedió en ningún momento en esa idea de fondo de reivindicar la presencia del partido mayoritario de la coalición en una ley tan trascendental para millones de personas.

—Cuando hablamos de un nuevo marco de relaciones laborales, el PSOE tiene que estar en la negociación. De la misma forma que vosotros estuvisteis en la negociación de vivienda, pese a que las competencias son de un ministerio de los socialistas, o en los Presupuestos, que fueron a negociar María Jesús Montero [del PSOE] y Nacho Álvarez [de Unidas Podemos].

Pérez Rey, que representaba la voz de Yolanda Díaz, explicó que meter a Economía en una negociación como esta puede ser muy problemático, porque es difícil gestionar algo ya de por sí complejo, con dos sindicatos y dos patronales en la mesa —CC OO, UGT, CEOE, Cepyme— cuando la voz del Gobierno no es una, sino varias y con posibilidades de contradicción, porque las visiones entre Trabajo y Economía son diferentes.

—Si queréis coordinación no hay problema, podemos hacerlo antes o después de la negociación en cualquier momento. Pero no es operativo tener a varias personas del Gobierno en la mesa de negociación. No se ha hecho nunca.

Bolaños, el negociador clave de Sánchez y el que acaba resolviendo la mayoría de los problemas, insistía en que este asunto era mucho más sencillo de resolver de lo que parece con un poco de buena voluntad, pero la situación volvía al mismo punto.

—No tiene sentido vetar al partido mayoritario —insistía Lastra.

María Jesús Montero, ministra de Hacienda y veterana del PSOE, también remataba en la idea de que Unidas Podemos no puede patrimonializar esta negociación porque es muy delicada, afecta a varios ministerios, entre ellos el suyo, y hay que hablar también con Bruselas.

Pasaba el tiempo y no había manera de ponerse de acuerdo. Pérez Rey, Josep Vendrell, jefe de Gabinete de Díaz, Montero, Belarra y Pablo Echenique entonces intentaron ir al contenido.

—Nos tenéis que decir qué puntos del último documento no os gustan.

Los representantes del PSOE insistieron en que no hay problema con el contenido. Los socialistas, obviamente, tienen objeciones a lo que plantea el equipo de Díaz, pero no las verbalizan, tal vez por temor a que se filtren.

—El problema no es el contenido. Todos estamos de acuerdo. Está en el acuerdo de Gobierno y es un compromiso del PSOE que ha salido del congreso federal del partido, insistían los socialistas.

—Si no hay problema con el texto que estamos negociando, ¿entonces cuál es el problema?, contestaban los representantes de Unidas Podemos.

Visto que la reunión no avanzaba y que nadie iba allí a hablar de contenido, se suspendió sin acuerdo, aunque siempre en buen tono. La reforma laboral lo ocupó todo, no hubo ni siquiera tiempo de hablar de la otra crisis, que ha quedado descafeinada, por la amenaza de querella de Podemos contra Meritxell Batet, presidenta del Congreso, finalmente no presentada. Las dos grandes protagonistas ausentes, Díaz y Nadia Calviño, seguían la cita desde fuera. Justo en ese momento, Díaz cenaba con Paolo Gentiloni, comisario de Economía europeo, que antes había estado con Calviño y era el otro gran protagonista en la sombra de una reunión que fracasó para resolver la crisis, pero sirvió para clarificar mucho las posiciones.

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