Operación Kitchen

El PP inicia el curso político en medio de una tormenta perfecta en el Congreso y los tribunales

Casado evita actuar por ahora ante Kitchen: “Otros casos quedaron en nada”

Pablo Casado preside este lunes la reunión con los comités de dirección del Grupo Popular.
Pablo Casado preside este lunes la reunión con los comités de dirección del Grupo Popular.Europa Press

El avance del caso Kitchen, sobre el presunto pago del espionaje al extesorero del PP Luis Bárcenas con fondos reservados, ha trastocado la agenda de Pablo Casado, que pretendía iniciar el curso político con una comisión de investigación al Gobierno por la gestión de la epidemia. El líder del PP sostiene que “por ahora” no está preocupado porque el único imputado, el ex número dos de Interior, no es afiliado. Y lanza mensajes contradictorios: asegura que “caerá quien tenga que caer”, pero añade que no será “justiciero” y que están “acostumbrados a penas de telediario que luego quedan en nada”.

Casado había diseñado un curso político de desgaste del Gobierno por el coronavirus y los malos datos económicos. Pretendía alargar la última derrota parlamentaria de Pedro Sánchez —que ha desistido finalmente de su plan para usar parte de los 14.000 millones en superávit acumulados por los Ayuntamientos—, activar una comisión de investigación por la gestión gubernamental de la epidemia, explotar las discrepancias en el Ejecutivo de coalición y recordar en cada ocasión el riesgo de que se congele el sueldo de los funcionarios y las pensiones. Para ello había dejado a un lado el perfil de derecha “sin complejos” con el que revolucionó el organigrama del PP tras imponerse en las primarias, y había recuperado el viejo lema del partido “de la gestión” —lo que provocó que algunos perfiles pasaran a segundo plano y exministras como Ana Pastor o Elvira Rodríguez, al primero—. Pero el curso ha empezado con una tormenta perfecta obligándole a reaccionar a los escándalos que achican los espacios de su agenda política. El pasado viernes, Casado reunió a la cúpula del partido para debatir la mejor estrategia de choque.

En esa tormenta perfecta se mezcla el caso Kitchen, que investiga el espionaje a Bárcenas pagado presuntamente con fondos reservados durante el Gobierno de Mariano Rajoy; el de la trama Púnica —el juez acaba de invitar a declarar como imputado al senador popular David Erguido—; la moción de censura contra Sánchez que Vox ha planteado para tratar de recuperar protagonismo —Casado insistió este lunes en que no la apoyará porque la falta de votos “solo conduce a la melancolía”— y la rebelión de Cayetana Álvarez de Toledo que, como anticiparon a EL PAÍS barones del partido, ha montado una “disidencia interna” en forma de canal de YouTube para airear sus discrepancias.

Todo esto augura un calendario de pesadilla para el PP, con el levantamiento del secreto del sumario del caso Kitchen y una comisión de investigación parlamentaria en la que ya se reclaman la comparecencia de Casado, Rajoy, María Dolores de Cospedal y Jorge Fernández Díaz.

Casado quería contraatacar este lunes con la comisión de investigación por la gestión del coronavirus, para la que reunió a los comités de dirección de sus grupos parlamentarios, pero antes, en una entrevista en la Cope, Kitchen acaparó buena parte de las preguntas.

El líder del PP trata, de momento, de navegar sobre los titulares y las amenazas del exsecretario de Estado de Interior, Francisco Martínez — “Le contaré al juez todo lo que sé”, dijo a este diario— con un mensaje contradictorio, como son también distintas las visiones en el partido según la antigüedad y las lealtades. Casado aseguró que “por ahora” no le preocupa Kitchen porque el único imputado —el citado Martínez— “no es afiliado”. Declaró que “si un juez confirma esas informaciones”, tomará “las medidas que contemplan sus estatutos” —a partir de la apertura de juicio oral— y se “indignará” como “contribuyente y padre de dos hijos”. Pero dijo también que está “muy orgulloso de su partido”, tanto de Rajoy como de Aznar, que dejaron “una España mejor”, y aseguró que no va a “presuponer nada” porque el PP está acostumbrado “a penas de telediario” en cuestiones “que luego quedan en nada”. El líder de la oposición utilizó las preguntas sobre Kitchen para criticar a la fiscal general, Dolores Delgado —"una comisaria política"— y se remontó a finales de los ochenta: “¿Alguien le está diciendo a Sánchez qué opina de Filesa o los GAL?”. “No admitiré ni juicios paralelos, ni dobles varas de medir en un Gobierno que tiene al partido de su vicepresidente imputado por financiación irregular”.

Con todo, Casado presumió de haber excluido a “algunas de las personas de las que se está hablando”, en alusión a Fernández Díaz, de sus listas electorales porque entonces había “alguna evidencia indiciaria”. El exministro del Interior le apoyó en las primarias, así como Cospedal tras caer en la primera vuelta. En el caso de la secretaria general, Casado forzó su renuncia al escaño tras revelarse sus conversaciones con el comisario Villarejo. Fuentes del partido que sabían de la relación de la secretaria general y su marido con el policía encarcelado ya interpretaron en su momento su decisión de presentarse a las primarias como una operación arriesgada —"tuvo mucha suerte de que esto no saliera antes"— motivada por su rivalidad con otra candidata, Soraya Sáenz de Santamaría.

Vuelven, con el caso Kitchen, los viejos fantasmas: la tensión entre el partido y el Gobierno durante la era Rajoy y la trama Gürtel. Casado ha presumido siempre de haber roto “amarras” con la corrupción, pero fuentes del PP creen que tendrá que anticiparse también a los estatutos si se producen nuevas imputaciones.

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