Ciudadanos flexibiliza su política fiscal en pleno acercamiento al Gobierno

El partido de Arrimadas reconoce la necesidad de un gasto público elevado para salir de la crisis y apuesta por revisar la tributación de las Sicav y sociedades

El portavoz adjunto de Ciudadanos en el Congreso de los Diputados, Edmundo Bal, interviene durante la sesión de control al Gobierno en el Congreso de los Diputados.
El portavoz adjunto de Ciudadanos en el Congreso de los Diputados, Edmundo Bal, interviene durante la sesión de control al Gobierno en el Congreso de los Diputados.Pool / Europa Press

Una invitación al Gobierno a negociar. Así puede resumirse la propuesta económica de Ciudadanos para la reconstrucción del país tras la pandemia que el partido ha presentado en la comisión del Congreso y a la que ha tenido acceso EL PAÍS. El plan, de 30 páginas, reconoce la necesidad de un gasto público elevado para reflotar la economía y flexibiliza la política fiscal del partido, que pasa de las bajadas generalizadas de impuestos a abrirse a la revisión de algunos tributos, como en el caso de las Sicav y del impuesto de sociedades. Ciudadanos presenta un programa moderado con el que busca facilitar un gran acuerdo en el que también pudiera entrar el PP, según fuentes del partido. En los últimos días, diputados de Cs se han reunido en el Congreso con el PSOE y el PP con el fin de hacer de puente para buscar un acercamiento entre las dos grandes formaciones.

“Nos encontramos en un momento en el que el gasto público se irremediablemente tendrá que ser elevado, como consecuencia de las medidas económicas que deben afrontarse para ayudar a todos aquellos que se hayan visto seriamente afectados por la crisis. No obstante, y al margen de la crisis en la que nos encontramos provocada por una circunstancia tan excepcional como es una pandemia, España debe afrontar de manera seria, el elevado nivel de deuda con el que terminará esta crisis”, defiende la exposición de motivos del plan de Cs, la hoja de ruta del partido para la negociación presupuestaria.

La propuesta fiscal de Cs, que partía como uno de los principales escollos para un acuerdo presupuestario con el Gobierno de coalición, aparece en el plan mucho más flexible que en el programa electoral del partido de las pasadas elecciones generales. El partido aparca las bajadas generalizadas de impuestos y abre la puerta a revisar algunos tributos. El documento apuesta por “revisar el sistema especial de las SICAV, devolviendo la verificación del cumplimiento de los requisitos a efectos tributarios, a la Agencia Estatal de la Administración Tributaria”. Además, plantea “promover una revisión en profundidad del Impuesto de Sociedades, no solo de los tipos impositivos que resultan de aplicación, sino también del régimen de deducciones, régimen de exención por doble imposición de dividendos, uso de bases imponibles, regímenes especiales, eliminación de las medidas que desincentivan el crecimiento empresarial de las pequeñas y medianas empresas, etcétera”, así como una “revisión profunda” del IVA.

Cs sigue apostando en cambio por “armonizar a la baja” el impuesto sobre Sucesiones y Donaciones, “de tal forma que las herencias y donaciones dentro del núcleo familiar no tengan efectos tributarios y se reduzca sustancialmente la tributación cuando los beneficiarios sean los hermanos, así como, en menor medida, parientes más lejanos”, dice el documento. El partido tampoco habla en ningún momento de la posibilidad de subir los impuestos a las rentas altas o a las grandes fortunas, como pretende Unidas Podemos, ni tampoco contempla el impuesto a las transacciones financieras o la llamada Tasa Tobin por los que apuesta el Gobierno.

En materia laboral, Cs aboga por sus propuestas clásicas como el contrato único, el complemento salarial y la llamada mochila austriaca.

Las conclusiones de Ciudadanos cobran especial relieve porque el partido de Inés Arrimadas está dispuesto a negociar con el Gobierno un posible acuerdo para los Presupuestos generales, aunque este no se prevé fácil sobre todo por la presencia de Unidas Podemos en el Gobierno de coalición. El propósito del partido es conseguir un amplio consenso para las cuentas públicas del que también participara el PP, al que va a tratar de arrastrar al acuerdo, pero la presencia de los populares no es imprescindible para la formación, que seguirá su propio camino. En los últimos días, Cs ha mantenido varias reuniones en el Congreso con el PSOE y el PP con el fin de hacer de puente para acercar posturas entre ambos grupos, según fuentes parlamentarias.

El Gobierno apuesta para los Presupuestos por una “mayoría transversal” que englobe tanto a sus socios de la investidura como a Cs, pero el partido de Arrimadas y ERC pugnan por marcar el rumbo al Ejecutivo de coalición desde orientaciones ideológicas opuestas. La propuesta económica que los republicanos han registrado en las conclusiones de la comisión de reconstrucción incluye un impuesto a las grandes fortunas de más de un millón de euros del 3% y subidas impositivas para las rentas del ahorro, las Socimis, las Sicavs, los depósitos de crédito y un impuesto a las transacciones financieras, además de defender la derogación inmediata e íntegra de las reformas laborales del PP y del PSOE.

La tensión de Cs no es solo con ERC, sino también con Unidas Podemos, como ha puesto en evidencia la sesión de control de este miércoles. El portavoz adjunto de Cs en el Congreso, Edmundo Bal, y el vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, han protagonizado un áspero choque demostrando lo difícil que va a ser que haya sintonía entre los dos partidos en una eventual negociación presupuestaria. Bal ha cargado contra la “irresponsabilidad, la incompetencia y el guerracivilismo” con la que a su juicio ha actuado Iglesias en la gestión de la crisis, y le ha reprochado su pretensión de derogar íntegramente la reforma laboral y el caso de la tarjeta del móvil robada a su asistente. “Ustedes llegan a acuerdos con la derecha y la extrema derecha”, le ha respondido Iglesias, que ha sacado a relucir también la información revelada por eldiario.es de que Albert Rivera vivió casi dos años gratis en un piso del empresario Kike Sarasola.

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