Jamás he subido esa escalera


Para Roland Barthes, con perdón, el punctum de una fotografía es aquello que hiere al espectador de manera íntima e involuntaria. Se define en oposición al studium, que es lo que comprendemos culturalmente: el tema de la foto, su contexto histórico, social o político; en otras palabras, lo que podemos compartir a través de una lectura educada, consciente. El punctum, con frecuencia, ni siquiera es objetivable, se trata de un detalle que rompe el equilibrio de la imagen y produce una conmoción privada. El punctum no informa, afecta. Cuando se racionaliza, se convierte en studium, porque el punctum se resiste a ser dicho.
Intentaremos, no obstante, decirlo. A mí esta instantánea de un hostal ilegal, situado en una céntrica plaza de Madrid, me hiere. ¿Por qué? Ni idea. No he dormido en él, pero tengo el vago recuerdo de haber despertado allí. La imagen posee esa cualidad de los sueños en los que todo es perfectamente reconocible y, sin embargo, nada termina de encajar. La barandilla que se desliza hacia el piso inferior desciende en realidad hacia la conciencia. El verde dominante, más que un color, es un estado de ánimo. La puerta no se abre a un pasillo, sino a un secreto. Algo extraño ocurre al cruzarla. El misterio no procede de lo extraordinario, sino de lo domésticamente torcido. Lo onírico no entra por la vía de lo fantástico, sino por la de lo ligeramente incorrecto, como cuando una habitación es idéntica a la tuya salvo por un detalle mínimo que la vuelve extraña. El punctum quizá surge entonces, sí, de la certidumbre de haber estado ahí sin haber subido jamás esa escalera.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.




























































