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Del punk a los ‘influencers’: estas son las botas que pisan todas las modas

Primero fueron calzado obrero. Luego, el uniforme de casi todas las subculturas juveniles que desfilaron por el último tercio del siglo XX, desde los punks hasta los grunges. Con el nuevo siglo, fueron abrazadas por las celebridades y los diseñadores de moda. Hoy, las Dr. Martens son un fenómeno global y baten récords de ventas.

Unas Dr. Marftens se elevan entre el público durante un concierto de la banda estadounidense Korn en 1996.
Unas Dr. Marftens se elevan entre el público durante un concierto de la banda estadounidense Korn en 1996.Al Schaben (Los Angeles Times / Getty Images)

Muchos de los puestos que antes vendían grabaciones piratas de conciertos de bandas alternativas, camisetas no oficiales, chaquetas de cuero con algún agujero, botas sin cordones…, son ahora estandarizados locales de souvenirs o, sobre todo, de pad thai, tacos o hamburguesas. El mercado de Camden Town, en el norte de Londres, fue durante décadas el epicentro de las subculturas juveniles en Europa. Mods en los sesenta, punks en los setenta, indies y nuevos románticos en los ochenta, grunges, ravers y britpoperos en los noventa. Hoy los vestigios de todos aquellos movimientos conviven con los efectos de la turistificación y de un incendio que en 2008 arrasó el mercado y propició una reconstrucción que se acometió al gusto del consumidor contemporáneo. En Camden ahora se puede comer bien, algo impensable hace 20 años. Y en Camden sigue teniendo sus oficinas y su tienda emblema Dr. Martens, la marca de calzado que vistieron todas y cada una de las subculturas que hicieron del barrio donde nacieron desde Madness hasta Amy Winehouse su patio de recreo y expresión personal durante medio siglo. Mientras la mitad de los negocios de la zona parecen una traición a los orígenes de la misma y la otra mitad un desesperado y condenado al fracaso intento nostálgico por mantener una idiosincrasia que ya no se vive, solo se visita y se consume, el espacio de Dr. Martens es de lo poco que tiene aún sentido: no es una reliquia, tampoco una trampa para turistas.

“Las subculturas no son lo que eran, pero la idea de rebelarse y de expresarse a través de la ropa se mantiene ahí, y en eso nuestras botas siguen desempeñando un papel importante”, apunta Darren McKoy, director creativo de Dr. Martens, sentado en un sillón en el pequeño museo y sala de conciertos que alberga la tienda de la marca. “Ahora mismo, nos pueden vestir a la vez celebridades con millones de seguidores en Instagram y jóvenes bandas de punk. Con las celebridades no trabajamos directamente, no tenemos embajadores. Las bandas, por su parte, siguen entendiendo nuestras botas como el trampolín que les ayuda a subirse al escenario”, remata.

Darren McKoy, director creativo de Dr. Martens, retratado en el mercado de Camden, en Londres.
Darren McKoy, director creativo de Dr. Martens, retratado en el mercado de Camden, en Londres.Manuel Vázquez

El origen de las botas Dr. Martens no puede estar más alejado de la estética punk o de la imagen de ­Kendall Jenner luciéndolas mientras sale de un Starbucks en West Hollywood sosteniendo un café de medio litro. En 1947, tras haber sufrido un accidente de esquí dos años antes del que aún sufría secuelas, el doctor Klaus Martens desarrolló en Múnich junto a su colega el doctor Herbert Funk una suela de suspensión neumática, sólida y cómoda. La idea era venderla principalmente a mujeres mayores. Doce años más tarde, una familia de zapateros de Northamptonshire, los ­Gribbs, adquirieron la licencia de aquellas suelas y las convirtieron en la base de una bota para obreros. Ocho agujeros, un encordado amarillo y aquella revolucionaria suela alemana serían las señas de identidad de aquel calzado. Así nació el modelo 1460, el más emblemático de Dr. Martens. “Durante los primeros años sesenta, estas botas fueron ropa de trabajo, pero, a medida que avanzaba la década, su pedigrí obrero despertó interés en otras capas de la sociedad y saltó al universo de las subculturas, en principio, a los primeros y multiculturales skinheads, luego las popularizó Pete Townsend, guitarrista de The Who. Esos son los dos momentos que marcan el devenir posterior de este calzado”, apunta Martin Roach, historiador británico y autor de Dr. Martens: The Story of an Icon (Dr. Martens: historia de un icono). “Para mí, existen dos grandes momentos en el esplendor de las botas. El primero tiene lugar durante finales de los setenta y principios de los ochenta, con el punk y todos los movimientos culturales que vinieron justo después. El segundo, el grunge en los noventa”, interviene McKoy. “Hubo en aquella época un uniforme entre las chicas que consistía en vestidos ligeros y estampados y sólidas botas 1460. Aparte de ser estéticamente muy atractivo, fue el momento en el que las chicas realmente se apropiaron de las Dr. Martens. Hoy la mitad de nuestros productos los compran mujeres”.

En 2020 se cumplieron 60 años del modelo 1460. La marca lo celebró lanzando una docena de colaboraciones con diseñadores de moda, algo que Dr. Martens lleva enfatizando desde que en 1993 Marc Jacobs subiera estas botas a la pasarela para presentar una de sus memorables colecciones grunge. “Para nosotros es importante colaborar con diseñadores”, apunta McKoy, “pero siempre manteniéndonos fieles a nuestro ADN. Tampoco es complicado porque, ya sea Marc Jacobs o Supreme, la gente con la que trabajamos siempre ha sido fan de las botas, sabe lo que son y las entienden. Eso sí, no somos una firma de moda ni de lujo, y jamás lo seremos”.

Manifestante arrestado durante las protestas mineras en Londres en 1985.
Manifestante arrestado durante las protestas mineras en Londres en 1985.Jean Gale (Keystone / Getty Images)

El año pasado fue el mejor para las ventas de Dr. Martens, y en junio de este 2022 se anunció que se espera terminar este ejercicio con una facturación por encima de los 1.000 millones de euros y un aumento en las ventas de un 18% con respecto al año anterior. Inmediatamente, las acciones de la firma subieron un 19%. Este año la casa británica ha decidido expandir las tiendas propias. En España han abierto en Madrid y Valencia.

“Las subculturas no van a morir. Fluyen y cambian, pero no desaparecen. Sí es cierto que hoy las tribus son muy distintas y que las redes sociales han provocado un marasmo de estéticas muy complicado de definir, ya que todo el mundo coge elementos de distintas fuentes y los mezcla a su gusto, resultando casi siempre en propuestas estéticas que no habíamos visto jamás”, interviene Roach. McKoy cree que, aunque en un primer instante podríamos pensar que esta idiosincrasia iría en contra del legado de la firma, adscrita siempre a estéticas concretas. La realidad, como las cifras de ventas confirman, es la contraria. “Es la era de la customización y de la expresión personal, y estas botas siempre han sido un lienzo en blanco para que la gente juegue con ellas, las adapte, las transforme”. Uno de los últimos retos virales en TikTok consiste en jóvenes que no pueden permitirse los más de 150 euros que cuestan unas 1460 pintando de amarillo los cordones de sus botas para que estas parezcan Dr. Martens. Las primeras 1460 lanzadas por la marca se vendían a dos libras el par.

Jóvenes bailan al ritmo del northern soul.
Jóvenes bailan al ritmo del northern soul.PYMCA (Dr. Martens)

Los cleintes más madrugadores entran en la tienda de la casa en Camden Town. Casi todos son turistas y casi todos son extremadamente jóvenes: no habían nacido cuando los Buzzcocks lucieron ese par de Dr. Martens firmadas por ellos que se exhiben en una de las vitrinas del local. Pero eso no impide que sientan la misma conexión con este calzado que sintieron todos aquellos punks, ya sea porque sus hermanos mayores llevaban un par o simplemente porque la marca tiene una línea vegana. Pocas firmas son relevantes tanto por la nostalgia como por la novedad.

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Sobre la firma

Xavi Sancho

Forma parte del equipo de El País Semanal. Antes fue redactor jefe de Icon. Cursó Ciencias de la Información en la Universitat Autónoma de Barcelona.

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