La ‘rave’ de los domingos para toda la familia

Loïc Le Joliff y François Jozic iniciaron una pequeña revolución en Barcelona –que ha llegado hasta Lima, y calado en Madrid y Lisboa– al servir los domingos, en los parques del centro de las ciudades, la electrónica a curtidos y no entendidos, a niños y a mayores.

El francés Loïc Le Joliff y el belga François Jozic, autores del festival Brunch-In.
El francés Loïc Le Joliff y el belga François Jozic, autores del festival Brunch-In.Francis tsang

Durante mucho tiempo la música electrónica en este país estuvo atrapada en la oscuridad de los viernes, bajo las escaleras del underground y asociada a las raves. Hace 10 años, el francés Loïc Le Joliff y el belga François Jozic, autores del festival Brunch-In, iniciaron una pequeña revolución en Barcelona (que ha llegado hasta Lima, y calado en Madrid y Lisboa) al servir los domingos, en los parques del centro de las ciudades, los ritmos 4×4 y las transiciones infinitas propias de este género urbano a curtidos y no entendidos, a niños y a mayores. Ahora sus fiestas saludan y despiden el verano.

No es ni la una de la tarde un domingo cualquiera en el Jardín Botánico de Madrid y una amalgama de cuerpos parece asentir y negar al mismo tiempo con el acid techno de DJ Gela. Bailar en día santo suena a sacrilegio. El cierre, a las diez de la noche, para desgracia de quienes tienen la costumbre de alargar las veladas. Pero para estos dos francófonos “es el mejor momento para hacer la fiesta”. Cuando no hay Brunch-In, con muchas tiendas y bares cerrados, los domingos amanecen desolados para los profesionales que libran un solo día. Terminar a las diez de la noche ameniza las resacas. Y hay también una cuestión práctica: quedan libres los artistas que Ibiza acapara hasta el sábado.

El francés Loïc Le Joliff y el belga François Jozic, autores del festival Brunch-In.
El francés Loïc Le Joliff y el belga François Jozic, autores del festival Brunch-In.

El kilómetro cero es Montreal, cuna del legendario Piknic Électronik. Antes de conocerse por e-mail, Jozic —economista— y Le Joliff —­publicista— no habían cruzado palabra a pesar de haber vivido ambos en Montreal y Barcelona, y compartir amistades. Un día, Jozic sugirió exportar el Piknic a la capital catalana, pero su conocimiento sobre el género era nulo. Un amigo le habló del francés: “De repente me aparece este DJ, 10 años más joven, que sabe todo lo que yo no sé”. Y explica: “El uno sin el otro hubiera sido imposible”. Le Joliff matiza: “En realidad ninguno tenía ni idea de cómo montar un festival”.

Que, en 2012, Barcelona acogiera a Montreal como ciudad invitada a las fiestas de La Mercè ayudó a que ni al año de conocerse pudieran celebrar su primera fiesta en el Ayuntamiento. “Fue un caos pero tuvimos éxito”, valoran. Prueba de ello es que otros han terminado imitando su modelo. Ahora, tras desligarse del sello canadiense y montar su propia marca, están en más de 30 ciudades y este fin de semana han estrenado su primer festival de tres días, el Brunch Weekender en Barcelona.

En sus carteles —que huyen del puritanismo típico de la electrónica y mezclan subgéneros— es raro que haya menos de tres mujeres DJ. Desde 2016 —antes incluso de que despertara la conciencia sobre los abusos sexuales en los eventos— cuentan con psicólogos en el terreno y el personal recibe charlas sobre cómo actuar en caso de abuso. Lo de invitar también a los niños a una zona reservada con su propio DJ set, fue idea de Jozic, padre de un niño de seis años: “Quería que personas como yo, que el domingo tenemos a los peques, pudiéramos disfrutar de la música”. “Siempre tenemos un impacto”, afirma Le Joliff: “Por eso no nos centramos solo en la alegría, sino también en el compromiso, ese es nuestro lema”.

En un momento en el que aún perduran los prejuicios contra este estilo musical, la misión de estos francófonos enamorados de Barcelona y Madrid es enseñar a la gente y a los políticos que “esto no es una rave, es cultura”.

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