Reivindicar la tierra de la que vienen los vinos

Las etiquetas de las botellas españolas se llenan de nombres de pueblos, parajes y viñas. Procedencias específicas que aportan singularidad.

San Vicente de la Sonsierra vista desde las Bodegas Vivanco en Briones, La Rioja.
San Vicente de la Sonsierra vista desde las Bodegas Vivanco en Briones, La Rioja.David Silverman / Getty Images

A finales de abril, a los pies del macizo del Montsant y junto a las ruinas mágicas de la cartuja de Escaladei, el Consejo Regulador de la DOQ Priorat (Tarragona) escenificó el ascenso de lo que la legislación europea define como “unidades geográficas menores”. Mediante un detallado vídeo, presentaba las tres primeras etiquetas que acceden a la categoría de “gran viña clasificada” para la que se exige un estatus superior avalado por un reconocimiento unánime y prolongado del mercado. A L’Ermita de Álvaro Palacios, que ya exhibía este distintivo desde la cosecha 2017, se unían Vall Llach Mas de la Rosa y 1902 Tossal d’en Bou de Mas Doix.

Los tres, particularmente L’Ermita, son vinos de precio muy elevado que están fuera del alcance de una gran mayoría de aficionados, pero no ocurre lo mismo con otras etiquetas que permiten probar y conocer la personalidad de áreas más concretas dentro de las, en general, extensas regiones vinícolas españolas.

Hasta ahora nuestras denominaciones de origen no habían ido mucho más allá de distinguir subzonas. Rioja, por ejemplo, resumía en Rioja Alta, Alavesa y Baja (hoy Oriental) las 65.000 hectáreas de viñedo que se extienden a lo largo de unos 100 kilómetros a ambos lados del Ebro. Con casi el doble de superficie, la región francesa de Burdeos cuenta con algo menos de 60 denominaciones, y Borgoña, que acota sus 25.000 hectáreas casi al milímetro, supera las 80. Ambas tienen además sus crus o viñedos de calidad reconocida.

Hace ya tiempo que se reivindicaban clasificaciones similares en España. Priorat, la pionera en la materia, introdujo la figura del vino de municipio (vi de vila) en 2007. Diez años después ya había identificado 459 parajes en toda la denominación y reconocido sus primeros crus (viñas clasificadas). Su propuesta sigue el esquema francés de una pirámide que va estrechándose a medida que se aleja de la base de vinos regionales y de mezcla y se adentra en territorios cada vez más pequeños: pueblos, parajes y, finalmente, viñas. En León, la DO Bierzo ha seguido el mismo modelo, y los nuevos indicativos de vino de villa y de paraje ya aparecen en algunas etiquetas de las cosechas 2018 y 2019. Rioja, por el contrario, se ha limitado a los vinos de municipio (solo para bodegas ubicadas en el mismo pueblo donde están los viñedos) y a los vinos de parcela, que ha bautizado como viñedos singulares. El equivalente de estos últimos en la DO Cava son los cavas de paraje calificado. Otras denominaciones de origen empiezan a seguir también alguno de estos modelos. Es una tendencia al alza.

En la práctica, existen matices y distintos niveles de exigencia en cada región, lo que influye inevitablemente en el número y el perfil de los productores que se acogen a las nuevas menciones. Bierzo, por ejemplo, cuya clasificación ha sido la primera en tener el visto bueno de la UE, empodera a los viticultores y califica su uva de parajes y viñas para que la puedan vender a terceros. En general, los criterios de calidad son más estrictos a medida que se asciende por la pirámide.

Algunas de las críticas más habituales a las nuevas clasificaciones apuntan a que se traslada demasiada información al consumidor o que el mensaje es demasiado complejo. Pero la lectura de una etiqueta de vino también puede hacerse a varios niveles. Frente a quienes se fijan únicamente en la marca o la región, también hay quien valora el estilo del productor y la expresión que puede ofrecer, por ejemplo, una zona elevada, un suelo específico o un viñedo concreto. Y no siempre estamos hablando de vinos nuevos. En muchos casos, los nuevos indicativos aparecerán en etiquetas que tienen ya una cierta trayectoria en el mercado. Solo que ahora indicarán además la procedencia de las uvas con las que se elaboran.

¿Quién no quiere regalar un vino de su pueblo o se anima a pedir una botella de un lugar del que tiene un buen recuerdo o del que le han hablado especialmente bien? Como reza el lema de la clasificación de Priorat, se trata de llevar a la etiqueta “los nombres de la tierra”.

Historias de vinos. Municipio
OE Garnacha
Tudelilla
2019. Tinto. Rioja.

Municipio

OE Garnacha Tudelilla. 2019. Tinto. Rioja. Bodegas Ortega Ezquerro. 100% garnacha. 14,5% vol. Precio: 13,85 euros.

Tudelilla es un pueblo de Rioja Oriental poco conocido para el público general, pero sí para muchos productores que durante años han buscado sus excelentes garnachas de altitud para añadir fragancia y sabrosidad a sus reservas y grandes reservas. Es un lujo que ahora se pueda acceder a la fantástica expresión de estas uvas y conocer el lugar del que proceden. Nariz fragante, con notas florales de violeta y frutillos rojos y negros. Un vino profundo, expresivo, un punto sexy y de excelente relación calidad-precio.
Historias de vinos Viña
Alta Alella Mirgin Exeo Paratge
Qualificat
Vallcirera
2015. Espumoso Brut
Nature. Cava.

Viña

Alta Alella Mirgin Exeo Paratge Qualificat Vallcirera. 2015. Espumoso Brut Nature. Cava.
Alta Alella. 60% pansa blanca, 40% chardonnay. 12% vol. Precio: 55 euros.

Este cava de paraje toma su carácter diferencial de los característicos suelos de sauló (arena fruto de la descomposición del granito) que se encuentran en la comarca de Alella, a 15 kilómetros al norte de Barcelona, zona con alta influencia del mar y muy diferente del ­Pene­­dès, donde se concentra la mayor parte de la producción de cava. Es notable la combinación de una fruta un tanto opulenta con una acidez vivaz y un paladar sutil y de fina textura. Hay burbujas, sí, pero con un poderoso concepto de vino detrás.
Historias de vino Paraje
Pico Ferreira
Paraje Zagalín
2019. Tinto. Bierzo.

Paraje

Pico Ferreira Paraje Zagalín. 2019. Tinto. Bierzo. César Márquez. 85% mencía, 10% garnacha tintorera, 5% uvas blancas. 13% vol. Precio: 32 euros.

Estrella emergente en el Bierzo, César Márquez se crio entre viñas y se ha curtido trabajando con su tío Raúl Pérez, personaje clave del vino español de quien dice haber aprendido a respetar e interpretar los lugares. Enfrentado a una empinada ladera de suelos pizarrosos a 710 metros de altitud en el municipio de Corullón, la trabaja en clave de frescura y transparencia para sacar nervio y delicadeza; aromas herbales, de rosa y piedra pómez y un tanino firme para desarrollarse en el tiempo. Puro paisaje embotellado.

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