Caminatas en Andalucía con escénicos embalses como protagonistas
Con el campo rebosante de verde por las lluvias invernales, echarse a andar junto a los pantanos del Guadalhorce, Iznájar, Zahara de la Sierra y Las Anchuricas es una buena idea para esta primavera


En Andalucía hay casi un centenar de embalses y las lluvias del pasado invierno los han llenado, consiguiendo que revivan tras los intensos años de sequía. Muchos de ellos cuentan con entornos naturales a los que escaparse lejos de la ciudad, con rutas senderistas que recorren sus alrededores y regalan vistas panorámicas desde las cimas más cercanas.
Echa una gorra, agua, crema solar y buenas botas. Del mayor pantano andaluz a uno de los más pequeños, a continuación detallamos cuatro propuestas para caminar con vistas a mares de interior.

Rutas a la sombra del Caminito del Rey (Málaga)
Hay pocos días al año que Laura García, de 36 años, se pierda un pateo de un par de horas por el campo. Acompañada de su perro, Momo, suele pasear por el entorno del hotel que dirige, el Complejo Turístico la Garganta, con 28 habitaciones, piscina y un comedor con unas increíbles vistas al Caminito del Rey. La joven sabe, como otros muchos lugareños, que mientras esa exitosa pasarela a cien metros de altura atrae las miradas, sus alrededores acumulan rutas deliciosas, gratuitas y sin aglomeraciones. “Hay sitios chulísimos”, señala la aloreña. Muchas de esas caminatas, además, permiten disfrutar del mar de interior que conforman los embalses del Guadalhorce, Conde del Guadalhorce y Guadalteba.

La cifras oficiales indican que los tres acumulan más agua incluso de su capacidad total y que tienen entre dos y tres veces más que la primavera de 2025. Pero no hace falta bucear en las estadísticas para comprobarlo: basta pasear por sus alrededores, cerca de la localidad de Ardales. Una de las excursiones más atractivas parte del aparcamiento público que hay junto a la venta El Kiosco y asciende hasta el pico de El Convento. Nace atravesando un túnel y continúa en un leve ascenso hasta el mirador de las buitreras. Allí es fácil ver a buitres apostados en las rocas —es un rincón ideal para amantes de la ornitología— y disfrutar desde las alturas del cañón esculpido por el río Guadalhorce. El paseo llega poco después —entre un intenso aroma a romero, que aquí crece por todas partes— hasta la cumbre de El Convento, donde se pueden ver conchas marinas fosilizadas entre la arena. “Estar allí arriba impresiona mucho”, reconoce García, que realiza esta senda —y otras más— de vez en cuando junto a los clientes del hotel.

El camino avanza por un cortafuegos hasta otro mirador hacia la presa Tajo de la Encantada, y después se acerca al Pico de la Cueva, donde hacer una parada con vistas a los tres embalses, que estos días parecen ser uno solo. La vuelta al punto de partida —unas cuatro horas después— se realiza por un sorprendente paisaje desértico de arenisca y formas singulares esculpidas por el viento y el agua. “Cuando voy con clientes, luego solemos coger el coche para ir al mirador de los Embalses, que es también un punto muy interesante”, reconoce García. Acabada la escapada, su restaurante es ideal para saciarse. El chivo al horno —con salsa de almendra y aceituna aloreña— es el plato estrella. Entre otras muchas opciones, también hay sopa perota, porra antequerana y migas.

Un mar entre olivos en Iznájar (Córdoba)
En la frontera que une las provincias de Granada, Córdoba y Málaga hay una enorme masa de agua que cubre más de 2.500 hectáreas. Nació en 1969 y, desde entonces, ha cambiado el paisaje y la vida de las poblaciones de alrededor. Una de ellas le da nombre, Iznájar, localidad cordobesa de calles blancas, rico patrimonio, cuestas infinitas, muchas macetas, hasta 19 aldeas y un cerro coronado por un castillo árabe. Su propio casco urbano sirve de punto de partida para algunas rutas senderistas que ofrecen la posibilidad de disfrutar del buen estado que tiene esta primavera el pantano de Iznájar, el más extenso de Andalucía, que ronda el 80% de su capacidad. “No lo veíamos así desde hace muchos años”, cuenta Antonio García, concejal de Turismo, quien destaca que el lugar es también ideal para quienes disfrutan de observar aves. Aquí hay cormoranes, patos, gansos del Nilo, cernícalos o ejemplares de águila real.

Nacido en Cádiz pero residente en el pueblo desde pequeño, es uno de los vecinos que mejor conoce el embalse y su entorno. Fue, de hecho, quien trazó la llamada Ruta de los Pinares, inaugurada en septiembre del año pasado. Es circular, tiene casi nueve kilómetros y se realiza en unas tres horas. Parte del mirador de las Tres Cruces y recorre tanto el casco urbano como el olivar del entorno. Pasea, también, por el paraje de Valdearenas, donde hay una playa de interior que en los días de calor invita al baño. La vuelta se realiza por un paso peatonal paralelo a la carretera A-333, con varios tramos de pasarelas al puro estilo Caminito del Rey, pero en pequeñas dimensiones. “Es una pasada y se ven perfectamente los siluros que hay en el agua”, dice García, con más de 20 años dedicados a la difusión de los encantos de su tierra.
Otras opciones recomendables son la subida a la sierra de Valdearenas desde el Centro de Interpretación del embalse, con buenas vistas. Algo más lejos, casi en la cola del pantano, el poblado prehistórico de Villavieja —casi 5.000 años de antigüedad— también regala una foto con el embalse como protagonista.
Para saborear los platos locales hay opciones junto a la playa y en el propio casco histórico del pueblo, como el mesón La abuela María, con ensaladas, salmorejo, flamenquín y postres caseros. Desde finales de abril a principios de junio, el XV Festival de los Balcones y Rincones de Iznájar viste de flores el pueblo, que también acoge actividades culturales y de naturaleza.
Los aires nórdicos de Las Anchuricas (Jaén)
Con naturaleza exuberante y grandes acantilados con vistas a aguas de colores imposibles, tiene aires de fiordo nórdico. Pero no hace falta ir a Noruega. Basta desplazarse hasta el municipio Santiago-Pontones y el entorno del embalse de Las Anchuricas, en Jaén, ya cerca de la frontera con Albacete. “Es una zona muy peculiar que, la verdad, no parece Andalucía”, reconoce Yolanda Vizcaíno, de 40 años y responsable de la empresa Aventura Hernán Pelea, que este 2026 cumple su primer lustro de vida. “Y lo mejor es que es una zona bastante desconocida, así que no estamos nada masificados. Vivimos tranquilos”, destaca sobre una zona incluida dentro del parque natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas.

Construida en los años cincuenta, Las Anchuricas es una infraestructura pequeña —su capacidad es de apenas seis hectómetros cúbicos— y su ribera se puede recorrer, a cierta altura, en una mañana. La opción más recomendable es la ruta —lineal— que une las aldeas de Miller y La Toba. Un camino de casi 16 kilómetros y cierto desnivel —algo más de 600 metros— que pasa por el llamado Puntal de los Canteros, con grandes vistas sobre el embalse, igual que el Puntal de la Escalera y el Puntalón. La senda viaja a veces bajo el abrigo de grandes paredes y otras entre bosque de pinares, regalando sombra para ir paseando despacio. Otra alternativa es subir al Puntal de la Misa desde Las Gorgollitas. “Esta es para un público más montañero, pero ofrece unas panorámicas de 360 grados increíbles”, subraya Vizcaíno.
Para completar la jornada hay tres paradas imprescindibles. La primera, casi cualquier restaurante de la zona —para comer mal en esta comarca hay que tener una pésima suerte—. Destacan las migas de La Casa del Cordero (avenida Sierra de Segura, 28) y la tosta de lomo de orza de Ruta del Segura (Camino La Peguera, 2), ambos en la localidad de Pontones. La segunda, las panaderías: difícil encontrar mejor pan de pueblo y dulces, como magdalenas o tortas de manteca. La tercera, los tres secaderos de jamones de la comarca, que suelen disponer de espacios de degustación. Más allá, el municipio de Santiago-Pontones cuenta con hasta 80 núcleos de población, además de nacimientos como el del río Segura, así que las excursiones son infinitas. “Y para verano no hay que olvidar nuestros cielos nocturnos, perfectos para la observación astronómica”, señalan desde Aventura Hernán Pelea.
A los pies del castillo de Zahara de la Sierra (Cádiz)
Construido en el silgo XIII, el castillo de Zahara de la Sierra despunta entre el paisaje. En su día estuvo rodeado de grandes murallas de protección, de las que apenas quedan algunas huellas en forma de ruinas. Sí está en pie la torre del homenaje, a la que se llega atravesando un conjunto de pasarelas, caminos de piedra y unas estrechas escaleras interiores. El paseo, entre esparragueras, matagallos y una amapola en peligro de extinción, tiene como premio una preciosa imagen hacia el embalse Zahara-El Gastor. Construido en 1992, su imagen está ya ligada a la de este pueblo blanco como una de las postales más idílicas de Andalucía. Hoy llena de vida sus alrededores mientras luce al 72% de su capacidad, cifra difícil de creer cuando hace apenas dos años estaba el 3,9%.

El agua se observa con cierta facilidad desde el propio casco urbano, pero hay una caminata accesible que permite disfrutar aún más del medio natural. Es la que asciende hasta el Cerro Coros desde el puerto de las Palomas. Es circular y, a excepción de otras excursiones de la zona, se puede realizar sin solicitar permiso a la Junta de Andalucía. “La primavera es perfecta para realizar este paseo, uno de los que siempre aconsejamos”, cuenta Paco Sierra, enfermero de vocación que el año pasado fundó Andalucía Naturaldoor, empresa de turismo activo donde promueven el senderismo guiado, entre otras actividades de naturaleza. “Se pueden ver muchos buitres leonados y también ciervos, cabras montesas o jabalíes, señala. La ruta permite divisar toda la zona de Grazalema y su pinsapar, además de la comarca de Ronda. Y, si el día está claro, incluso se ve Sierra Nevada.
El especialista también apunta hacia una ruta que recorre los alrededores del embalse. Es circular, nace en el propio pueblo y pasa por el paraje de Arroyomolinos, justo donde se ubica la llamada Playita de Zahara: una enorme piscina creada aprovechando el curso natural del río que le da nombre. Tiene a su alrededor más de 60.000 metros cuadrados de área recreativa para convertirse en un oasis que, eso sí, solo abre desde mediados de junio hasta mediados de septiembre.

Para comer, de vuelta al casco urbano, dos recomendaciones: La Tasquita de Zahara, en pleno centro y con opciones de tapas y raciones; y, unas calles más abajo, Bar Josefi, con carnes de caza como especialidad y un delicioso plato local, la olla zahareña. Ya en la carretera, la venta El Tropezón —en el municipio vecino de Montecorto— propone menú del día y propuestas para recargar muchas energías y seguir la ruta.


























































