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Coordinado por Gonzalo Fanjul

ONG: renovación o irrelevancia

Cuando su función es más importante que nunca, el 'tercer sector' se enfrenta a un triple desafío: narrativo, geográfico y generacional

Distribución de alimentos en el Sur de Madagascar durante la sequía de 2018. La cara de la niña que mira a cámara expresa bien lo que piensan de los recortes de la financiación a las ONG.
Distribución de alimentos en el Sur de Madagascar durante la sequía de 2018. La cara de la niña que mira a cámara expresa bien lo que piensan de los recortes de la financiación a las ONG.RIJASOLO (AFP)

No corren tiempos fáciles para las ONG. Mientras las causas para las que nacieron se hacen cada día más urgentes y relevantes, el modelo que les ha permitido desenvolverse durante décadas resulta alarmantemente inadecuado para los tiempos que corren. Parte está relacionado con un contexto desinformado, atomizado y digitalizado que diluye su papel como intermediario necesario; parte con su rigidez, endogamia y resistencia al cambio. El hecho es que el llamado tercer sector corre el riesgo de verse despojado de la credibilidad y la legitimidad que otorgan las sociedades en las que operan. Por tanto, debilidad política y financiera.

Y esa es una pésima noticia para todos.

Este zoo de la sociedad civil organizada, con animalitos muy diferentes en su forma y estilo, cumple un papel insustituible en el alivio del sufrimiento, la garantía de derechos básicos, el control ciudadano y la generación de ideas e iniciativas en beneficio del interés común. Dentro y fuera de España. En determinados asuntos –ayuda humanitaria, litigio estratégico, investigación aplicada a políticas, por mencionar algunos– su trabajo sencillamente no tiene reemplazo.

Por eso es tan importante que se pongan las pilas y recuperen su protagonismo en la sociedad. Cómo hacerlo fue el objeto de un interesante encuentro virtual con directivos de ONG organizado por ESADE y en el que intervenimos varios miembros de la red de innovación social Ashoka (Clara Jiménez, Pablo Santaufemia y servidor). Mi contribución se centró en la urgencia de tres pequeñas revoluciones:

  • Narrativa. Como ha demostrado la reciente crisis humanitaria en Canarias, demasiadas ONG se hablan principalmente a sí mismas. El modelo de comunicación es rígido, vertical y opaco, pero el problema es mucho más grave: carecen aún de una narrativa sustitutiva que les saque de la esquina en la que las ha colocado el populismo desvergonzado, mentiroso y eficacísimo de los xenófobos con escaño. Es necesario estudiar con mayor precisión a las audiencias, replicar las herramientas emocionales del Maligno y apoyarse en organizaciones más pequeñas y ágiles que trabajan ya en el siglo XXI.
  • Geográfica: En su reciente carta al nuevo presidente de los EE UU, la directora de Save The Children USA hizo un contundente alegato por los derechos de los niños “en casa y en todo el planeta”. Su mensaje reflejaba la visión de una organización de desarrollo que entendió hace tiempo la necesidad de abrir programas nacionales, por convicción y por estrategia. Es un camino que ya han recorrido otras ONG y que en mi opinión tiene todo el sentido: apuntalar la legitimidad en lo glocal. Cuando nos asomamos a una de las peores crisis socioeconómicas que ha conocido nuestra generación, la sociedad reclamará legítimamente un compromiso interno; es responsabilidad de las ONG mostrarles que la causa de la justicia social, económica y climática carece de fronteras.
  • Generacional: los jóvenes no necesitan que nadie les explique los desafíos a los que hacen frente. La precariedad, el colapso ambiental, el feminismo de boquilla o la regresión nacionalista forman parte de su contexto cotidiano. Pero su involucración en lo común transcurre en paralelo a la de las ONG, que no ofrecen para ellos un canal atractivo de activismo y compromiso. Tal vez esté relacionado con el hecho de que buena parte de los cuadros directivos y estratégicos de las organizaciones están en el grupo 1 de vacunación. Pero este asunto necesita ser pensado a fondo, porque precisamos de una alternativa clara y eficaz que convierta esa nueva movilización social en transformaciones políticas reales.

La lista de asuntos pendientes es mucho más larga, claro está. Uno de los más acuciantes es el del modelo de financiación, que exige ONG menos pendientes de lo público, ciudadanos más conscientes de su responsabilidad e incentivos fiscales menos decimonónicos. Pero quiero pensar que parte de este problema se resolverá cuando la sociedad recupere su fe en este sector y lo haga suyo. Renovarse o desaparecer.

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