Tribuna
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La cultura como respuesta a los retos urbanos globales

La Carta de Roma 2020 invita a las ciudades y a la sociedad civil a trabajar para garantizar la participación en la vida cultural como derecho humano

Una ciclista recorre las calles de Roma (Italia).
Una ciclista recorre las calles de Roma (Italia).GUGLIELMO MANGIAPANE / REUTERS

La ciudad de Roma ha impulsado un amplio debate sobre la participación en la vida cultural de las ciudades, con la presentación de la Carta de Roma 2020, un documento sin precedentes promovido por Roma Capitale y la Comisión de Cultura de Ciudades y Gobiernos Locales Unidos (CGLU) y que, durante los meses de confinamiento, registró una extraordinaria adhesión que actualmente involucra a más de 45 ciudades de todo el mundo. En los días 1, 2 y 3 de octubre de 2020 una conferencia internacional presentó los resultados de este trabajo.

El poder de las ciudades

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Más de la mitad de la población mundial vive en espacios urbanos que son también los centros de mayor innovación. En su origen, hace ya diez milenios, las ciudades estaban estrechamente ligadas a la naturaleza. Hemos perdido este vínculo, y en las soluciones que estamos obligados a darnos, este vínculo debe regresar, y debe ir acompañado de un redescubrimiento y de una reinvención de nuestra identidad. También en su origen la economía estaba al servicio del intercambio, mientras que hoy la financiación de la economía global llega a extremos incompatibles con los derechos humanos que atesoramos y con la sostenibilidad que necesitamos para sobrevivir en el planeta. Las desigualdades crecen exponencialmente en todas las latitudes y tanto el planeta como la vida que nutre siguen siendo considerados simplemente una fuente ilimitada de materia prima.

Necesitamos cambiar y tenemos que hacerlo rápidamente. Los tiempos para responder como una sola humanidad a los retos que tenemos son cada vez más acuciantes. Los miles de millones de personas cuyo destino es ser parte de este cambio deben ver cumplido sus derechos.

Tras los horrores de la Segunda Guerra Mundial, y habiendo ponderado las condiciones que los hizo posibles, los ciudadanos, pensadores y líderes se enfrentaron con desafíos gigantescos, un cambio de época como el que estamos viviendo, y reconocieron que la protección e implementación de los Derechos Humanos eran esenciales.

Si la paz y la prosperidad fueron su brújula en aquel cambio de época, hoy la sostenibilidad debe ser la nuestra

Desde nuestra perspectiva, el artículo 27 de la Declaración Universal no es una ocurrencia tardía: es el derecho que asegura a todos los demás: "Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten". 

Si la paz y la prosperidad fueron su brújula en aquel cambio de época, hoy la sostenibilidad debe ser la nuestra, lo que implica la dignidad humana para todas y todos y un cuidadoso respeto por la naturaleza.

Nos encontramos hoy también, debido a otras causas, en un contexto enormemente complejo y con la necesidad de refundar nuestras sociedades alrededor de unos principios y unos valores que nos permitan asegurar las libertades y garantizar que no dejamos a nadie en el camino. La crisis de la covid-19 ha acentuado las dificultades de un modelo de desarrollo agonizante, que no resuelve unas desigualdades profundas y que amenaza la vida humana sobre nuestro planeta. ¿Qué es el desarrollo y el progreso? ¿Quién participa en la inclusión? ¿Cómo profundizamos en la democracia y de qué manera nos reconocemos como ciudadanía? Si no conseguimos hacernos estas preguntas en el marco de esta crisis que atravesamos, estaremos perdiendo una oportunidad.

El sentido de la Carta de Roma 2020

Esa es la necesidad subyacente y el propósito de la Carta de Roma 2020 que CGLU y el Ayuntamiento de Roma han impulsado. Las elecciones que tomemos en este momento de transición impactarán en las condiciones de vida de todos los seres humanos, así como en la vida con la que compartimos el planeta. Lo sabemos, pero a menudo miramos hacia otro lado, temiendo asumir la responsabilidad.

Cartel promocional de la Carta de Roma 2020.
Cartel promocional de la Carta de Roma 2020.CGLU

El objetivo de la carta es influir en los debates globales sobre desarrollo, ciudadanía y democracia. Es una invitación para fomentar la transformación partiendo de un prisma diferente al económico y productivo. Es, además, inspirar y comprometer a todas las autoridades locales en la eliminación de los obstáculos que impiden el cumplimiento de los derechos culturales, y empoderar a las personas en el desarrollo de su potencial humano y en la contribución a las comunidades de las que todos formamos parte.

La carta reconoce que la ciudad es la gente que la habita. Afirma que las ciudades son formaciones sociales, moldeadas por las creencias, los valores y la creatividad de sus habitantes, para bien o para mal. Reconoce que nuestra forma de vida está determinada por nuestras culturas porque la cultura es la forma en que las personas transforman la experiencia en significado, y no solo en significados buenos o verdaderos: es un poder que ha sido y es utilizado con malos fines. Es también una actividad económica que requiere investigación, competencias, creatividad y trabajo duro, no solo placer.

La cultura es todo lo que hacemos más allá de la supervivencia, y para enriquecer nuestras vidas, afirma la Carta

La Carta llama a la acción de las instituciones públicas:

Los gobiernos nacionales y locales tienen el deber legal de garantizar la participación en la cultura, consagrado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y demás tratados y convenciones internacionales

Una invitación a la acción

El texto de la Carta de Roma 2020 es el resultado de un proceso de consulta que duró varios meses, durante los momentos más difíciles de la primera ola pandémica, y en el que participaron un grupo de 45 ciudades de todos los continentes, decenas de redes internacionales y expertos de todos los continentes. La carta se ofrece como la base y el inicio de un debate de relevancia mundial, con los auspicios de CGLU y con el apoyo de sus socios. Aseguraremos que este intercambio sea genuinamente global, que incluya todas las voces.

Con los desafíos que provoca, una crisis conlleva la responsabilidad de pensar más allá de lo existente. Si algo bueno puede venir de la covid-19, será porque hemos sido lo suficientemente valientes como para imaginar formas diferentes, mejores y más sostenibles de vivir juntos. Y porque no dejaremos de hacerlo después de que pase la emergencia sanitaria. Los difíciles meses de confinamiento han hecho evidente en todo el mundo la profunda necesidad de cultura que tenemos: la gente se ha volcado en ella para reforzar el sentido de pertenencia en las comunidades y las ciudades, inventando nuevas formas de participación, reconociendo lo que nos reúne y creando significado y solidaridad. La pandemia también ha evidenciado que los actores culturales necesitan unas mejores condiciones de trabajo, que ya eran precarias y difíciles en la vieja normalidad. Por ello, promovemos que la cultura se reconozca como la cuarta dimensión del desarrollo sostenible y, ciertamente, la identificamos como un antídoto contra los efectos secundarios de la crisis.

Las ciudades son fundamentales en este desafío. Necesitamos que las urbes y las organizaciones de la sociedad civil trabajen conjuntamente para garantizar que el derecho a participar en la vida cultural esté en el centro de los derechos humanos, de los derechos de la humanidad y del futuro del planeta. La Carta de Roma 2020 es nuestra contribución como movimiento municipalista internacional para este esfuerzo hacia un nuevo pacto global para el desarrollo.

Emilia Sáiz es la Secretaria General de CGLU.

Luca Bergamo es vice-alcalde de Roma y vicepresidente de la Comisión de Cultura de CGLU.

Requisitos de una ciudad que quiere una democracia cultural

Debe cumplir con su deber de apoyar a sus habitantes en:
  • DESCUBRIR sus raíces culturales, para que todas las personas puedan reconocer su patrimonio, identidad y lugar en la ciudad, así como comprender los contextos de los demás.
  • CREAR expresiones culturales, para que puedan formar parte de la vida de la ciudad y enriquecerla.
  • COMPARTIR culturas y creatividad, para que la vida social y democrática avance con el impulso del intercambio.
  • DISFRUTAR de los recursos y espacios culturales de la ciudad, para que todas las personas puedan inspirarse, educarse y renovarse.
  • PROTEGER los recursos culturales comunes de la ciudad, para que todas las personas puedan beneficiarse de ellos, tanto ahora como en los años venideros.

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