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Gordon Matta-Clark, el ‘anarquitecto’ que destruía edificios

El artista neoyorquino creaba a partir de la destrucción cortando casas o abriendo huecos en bloques a punto de ser derribados. Murió en 1978, pero su obra está más vigente que nunca

Un fotograma de uno de los vídeos de Gordon Matta-Clark. 'Tree Dance' (Danza del árbol). 1971.
Un fotograma de uno de los vídeos de Gordon Matta-Clark. 'Tree Dance' (Danza del árbol). 1971.

A principios de los años setenta Manhattan no era un lugar glamuroso. Una fuerte crisis urbana azotaba la ciudad debido a los desajustes financieros y la desindustrialización; según en qué zonas, brotaba el abandono, las ruinas, la suciedad, el crimen, las bandas juveniles. En aquellos años la ciudad llegó a pedir un rescate al gobierno federal, pero el presidente Gerald Ford la mandó, en principio, a paseo, como reflejó el célebre titular del Daily news (Ford to the city: drop dead). En este contexto sucedía la obra del joven artista Gordon Matta-Clark. “Gordon se veía a sí mismo como un alquimista que transformaba la basura de la ciudad en algo más”, en palabras de su viuda Jane Crawford.

Nacido en 1943, fue un artista hijo de artistas: su padre, con el que tuvo una relación problemática por su ausencia como figura paterna, era el pintor surrealista chileno Roberto Matta. Su madre, la artista estadounidense Anne Clark. Una fuerte influencia fue otro artista, Marcel Duchamp, amigo de su padre y de cuya mujer era ahijado. “Gordon vio durante toda su infancia a su padre y a Duchamp hacer travesuras y dijo: ‘yo quiero ser como ellos, quiero ser un artista”, según el relato de Crawford.

Sus obras más célebres son los cuttings: cortes realizados en los edificios, como franjas interdimensionales que abren la posibilidad de nuevos espacios, nuevas perspectivas, nuevos significados y mucho asombro.

Sus obras más célebres son los cuttings: cortes realizados en los edificios, como franjas interdimensionales que abren la posibilidad de nuevos espacios, nuevas perspectivas, nuevos significados y mucho asombro. Son cortes a mano, con sierra o cincel, donde se involucra el propio cuerpo del artista. No está claro si construye o si destruye, si agujerea la materia o esculpe la luz. Por ejemplo, Splitting (1974) es el corte de una vivienda en un barrio negro de Nueva York, un edificio no monumental, que estaba siendo demolido y que el artista partió en dos partes por la mitad. Desde fuera tenía un aspecto insólito y al transitar por el interior proporcionaba nuevos juegos de luces e impresiones: ahora solo se puede pasear por el interior de las obras de Matta-Clark a través de los videos experimentales que realizó.

“Se le suele conocer como el artista que cortaba edificios, pero es una visión simplista”, explica Harold Berg, coleccionista (y fanático) de Matta-Clark. “Hay que mirarle como alguien que está abriendo espacios, visiones, contextos que antes no existían. Y que teníamos miedo a explorar”. El coleccionista ha cedido piezas de su colección a museos como el Macba de Barcelona o el Whitney de Nueva York (que, por cierto, trabaja con el artista David Hammon en un proyecto de “monumento fantasma” a la figura de Matta-Clark cerca de sus instalaciones). Berg aprecia la versatilidad a la hora de mezclar disciplinas (lo arquitectónico y lo performático, el audiovisual y el texto, la fotografía y el dibujo) o a la hora de colaborar con otros artistas como la coreógrafa Trisha Brown o el director teatral Bob Wilson.

Vídeo de 'Conical intersect', intervención de 1975.

Otro ejemplo de esos espacios descubiertos es la excavación de un hueco cónico en un edificio de París (Conical intersect, 1975) que estaba a punto de ser demolido, en el solar donde ahora se asienta el centro cultural Pompidou. En los videos de la época se ve a los transeúntes parisinos alucinados ante la acción de aquellos señores que, sierra en mano, horadaban de forma inverosímil la mole arquitectónica. “Es una experiencia muy física. Cuando nos ves quitar una esquina de un edificio hay resoplidos, escalada y pequeñas acrobacias. Además, pasamos semanas enteras con herramientas en las manos, como una extensión de nuestro propio cuerpo. Es como una performance con casco de obra, produciendo una brutalidad de línea clara”, según dijo el propio artista en una entrevista recogida en el catálogo Collecting Matta-Clark, de una exposición de la colección de Berg en la Accademia Nazionale di San Luca, en Roma. Desde dentro del edificio, las fotografías muestran un mundo lisérgico y escheriano donde los diferentes espacios de los apartamentos y de la calle se suceden como en un milhojas raro.

"Es un artista que utiliza el espacio en un momento de cambios paradigmáticos l: hay una generación de artistas que entienden el arte como algo espacial, ya no está en el cuadro bidimensional”, (Gloria Moure)

“El voyeurismo y los juegos del lenguaje son muy evidentes en la obra de Matta-Clark, probablemente de inspiración duchampiana, y también el compromiso político habitual en los artistas chilenos de la época”, explica la crítica Gloria Moure, que comisarió la exposición de Matta Clark en el Museo Reina Sofía en 2006 y ha realizado estudios sobre el artista, como el libro Gordon Matta-Clark. Obras y escritos (Ediciones Polígrafa). “Además, es un artista que utiliza el espacio en un momento de cambios paradigmáticos en la cultura occidental: hay una generación de artistas que entienden el arte como algo espacial, ya no está en el cuadro bidimensional”, añade la comisaria.

Matta-Clark se fue en 1962 a París, donde estudió literatura francesa en la Sorbona y entró en contacto con las corrientes filosóficas y artísticas del momento, aunque la capitalidad mundial del arte estaba pasando en aquella época de París a Nueva York. Hay quien ve en su obra una impronta situacionista, su intervención en los edificios como un détournement de los que practicaban Guy Debord y sus secuaces; además de la influencia de la deconstrucción de Jacques Derrida.

Un vídeo introductorio de la muestra 'Anarchitecte ' en Jeu de Paume, París (2018)

Cuando regresó a Nueva York, Matta-Clark estudia arquitectura en Cornell, entra en contacto con el land art (otra posible influencia) y se convierte en uno de esos artistas exploradores y pioneros urbanos que se adentraron y afincaron en la degradada zona del SoHo, llena de talleres y almacenes industriales abandonados donde los artistas, por lo general pobres, tenían espacio para crear y para vivir. “Los propietarios desesperados hacían tratos con los artistas desperados para alquilar aquellos lofts como estudios, y hacían la vista gorda si vivían allí de forma ilegal”, explica la bailarina Carol Gooden en el libro Collecting Matta-Clark.

Cuando regresó a Nueva York, Matta-Clark  se convierte en uno de esos artistas exploradores y pioneros urbanos que se adentraron y afincaron en la degradada zona del SoHo

Aquella era aún la auténtica bohemia artística, en la prehistoria de los procesos de gentrificación, cuando la palabra SoHo señalaba para el gran público un lugar del que huir más que una manera de designar los barrios cool de todo el planeta. No deja de ser paradójico que un artista comprometido con los problemas urbanos y arquitectónicos estuviera en los inicios de unos procesos de mercantilización y elitización de la ciudad que probablemente hubiera repudiado.

En 1971 Matta-Clark abrió en el SoHo, junto con Gooden y algunos de los que serían miembros del colectivo Anarquitecture (que viene de anarquía y arquitectura) el restaurante Food, que era más que un restaurante: allí cocinaban diferentes artistas, según el día, y se celebraban eventos y performances. De hecho, Matta-Clark se inició en la intervención de edificios a la hora de acondicionar este espacio para la actividad artística. Una muestra del ambiente que se respiraba se encuentra en el breve documental Food (1972), obra del propio artista.

El documental 'Food' (1972, de Gordon Matta-Clark.

Por ahí pasaban artistas como Robert Rauschenberg y Donald Judd, bailarinas como Trisha Brown o músicos como Phillip Glass o John Cage. Harold Berg recuerda visitar Food durante su infancia neoyorquina: “Era muy pequeño para enterarme muy bien qué era aquello y todavía no sabía quién era Matta-Clark, pero recuerdo el ambiente relajado, lo extraño de la comida, de la forma de servirla… Era una experiencia diferente a lo que estaba acostumbrado. Fuera, las calles estaban desiertas”.

Matta-Clark y los anarquitectos estaban interesados en otros espacios. “Por ejemplo, los lugares donde te paras a atarte los cordones de los zapatos, lugares que solo suponen una interrupción en tus movimientos cotidianos”, según el propio artista. En este sentido, una de las obras más interesantes de Matta-Clark se titula Fake estates. El artista compró 15 terrenos pequeños e inútiles en el distrito neoyorquino de Queens: parcelas entre edificios, tierras baldías, espacios intersticiales de la ciudad, los lugares olvidados y sin uso que interesaban, precisamente, a los miembros de Anarquitecture. Como una constelación de la inutilidad urbana. “En esos lugares donde no se puede edificar, no se puede especular, que no le interesan a nadie, es donde puede brotar la libertad”, concluye Moure.

Matta-Clark murió en 1978 de un cáncer de páncreas fulminante. Toda su vida y su obra solo habían durado 35 años.

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