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¿Volverá Christopher Nolan a salvar el cine con ‘Tenet’, su nueva película?

El tan aclamado como odiado director se ha visto obligado a posponer dos veces el estreno de su nueva cinta. Finalmente, llega a los cines el día 26. Si de su autor debemos fiarnos, esta obra lo va a cambiar todo

Un fotograma de 'Tenet', la película más esperada de los últimos años.
Un fotograma de 'Tenet', la película más esperada de los últimos años.

Conforme todos los estudios iban cancelando sus estrenos, Christopher Nolan se mantuvo firme: Tenet se estrenaría el 17 de julio y ninguna pandemia iba a impedirlo. La película se convirtió así en un tótem de la normalidad futura, el evento que devolvería al público la ilusión por sentarse en una sala con un cubo de palomitas sobrepreciadas. Nolan va a salvar el cine. Aunque según sus forofos lleva dos décadas haciéndolo. La grandilocuencia con la que se habla de sus películas ha generado dos únicas posturas posibles respecto a ellas: que Nolan es un visionario o que es un vendehumos y el director favorito de la gente que no entiende de cine (en un prejuicio cinéfilo parecido a lo que Muse es para los melómanos). El fervor que Nolan despierta entre sus fans es directamente proporcional a la animadversión que sienten sus detractores, pero ambos bandos coinciden en la condescendencia de su argumentario. Unos dicen que si no te gustan sus películas es porque no las entiendes (y, muy amablemente, estarán encantados de explicártelas), otros aseguran que el triunfo de Nolan radica en hacer que los paletos se sientan inteligentes (estos también te explicarán Origen aunque no se lo pidas). Y, si aun así no las entiendes, vuelve a verlas porque siempre hay un personaje que dedica una escena entera a explicarte la trama al principio del segundo acto.

Con El caballero oscuro, la adaptación cinematográfica de la frase “no es un cómic, es una novela gráfica”, Christopher Nolan se convirtió en el director más conocido entre el pueblo cuando el pueblo ya casi no iba al cine. El cineasta más famoso desde Steven Spielberg. Nolan se volvió un nombre familiar entre espectadores que nunca se percatan de quién dirige las películas: las películas de Marvel son de Marvel, las de El caballero oscuro son de Nolan. Pocas veces un culto ha sido tan masivo, exceptuando el cristianismo, y, según a quién le preguntes, en términos cinematográficos Nolan es la segunda venida de Jesucristo.

“Si no la hiciese él pensarías que es una película imposible, es un género en sí mismo, nos va a llevar a la próxima década del cine” (John David Washington, protagonista de 'Tenet')

Esa devoción ha llevado a El caballero oscuro a ocupar el tercer puesto de las mejores películas de la historia según los usuarios de IMDb (por detrás de Cadena perpetua y El padrino), una lista en la que Origen está 9ª. El perfil de votante de IMDb, claro, es tu primo el que cada vez que vas a tu casa te pone el home cinema para que flipes con la nitidez de su imagen 5K y su sonido Dolby Surround. La propia obsesión de Christopher Nolan por proteger La Experiencia de la gran pantalla, por convencer a los fabricantes de televisiones que configuren mejor el contraste de la imagen y por despreciar el cine de Netflix como “telefilms” o “películas directas a vídeo” suena para algunos a pataleta repelente cuando en realidad es una cruzada romántica (o, en todo caso, una pataleta romántica). Nolan rueda en celuloide de 70 milímetros y en formato Imax y, como casi no quedan cines que permitan esas condiciones técnicas, se encierra durante semanas en su sala de proyección para estudiar la copia original en doble pantalla con la digital e ir corrigiendo la imagen que la segunda se parezca lo máximo posible a la primera. “Es un hombre con una misión” asegura su director de fotografía, cuyo nombre es tan trepidante como cualquiera de sus películas: Hoyte Van Hoytema, “asigna todo su tiempo y su esfuerzo a servir esa misión”. Kenneth Branagh contaba que el director era el primero en llegar al set de Dunkerque y el último en irse, por eso cuando Nolan describía su labor con Batman como “asentar el cine de acción en un realismo elevado y contar la historia del origen de Batman como nadie la había contado antes” suena tan arrogante como irrefutable. Lo describió muy bien el presidente de Paramount para explicar por qué le concedió en Interstellar un presupuesto de esos que ahora mismo solo tienen las películas de superhéroes: “Chris entra en tu despacho, habla sobre volarte la cabeza y a continuación lo lleva a cabo con mucha tranquilidad”. El cine de Nolan extiende cheques enormes que, hasta ahora, su talento ha podido pagar con intereses.

Desde su segunda película, Memento, la filmografía de Nolan suele generar más conversación por lo que hace (contar unthriller en sentido inverso; inducir el género de superhéroes a la depresión mediante exploraciones sociales, morales y políticas; narrar una epopeya bélica en tres líneas temporales de distinta extensión que se solapan) que por cómo lo hace. Esto le atribuye cierto complejo de Dios en el sentido más literal del término, porque dispone del tiempo y el espacio según su capricho, e internet ha suplido su ausencia de sentido del humor con una personalidad megalomaniaca imaginaria: la gente se imagina a Christopher Nolan como un tipo que se levanta cada mañana, se mira al espejo y se dice “hala, a reinventar el cine, visionario”. Lo cierto es que uno casi puede ver a Joaquín Reyes con una peluca rubia con la raya al lado (un peinado que, tal y como observó Kyle Buchanan del New York Times, Nolan siempre le da a algún personaje de sus películas) en uno de aquellos de “Celebrities” de Muchachada Nui exclamando “¡Espistemología! ¡Física cuántica! ¡Broommm!”. Es gracioso porque no es verdad, pero sí verosímil.

Tenet ya viene precedida por las advertencias rimbombantes que acompañan cualquier estreno de la franquicia Nolan: “Si no la hiciese Nolan pensarías que es una película imposible, es un género en sí mismo. Nos va a llevar a la próxima década del cine, tiene una física teórica muy avanzada” (John David Washington, su protagonista), “Expande los límites del cine” (Aaron Taylor-Johnson), “Va más allá del tiempo. No se trata de viajes en el tiempo. Inversión” (sinopsis oficial). El propio Nolan ya está prometiendo llevar al espectador allá donde nunca ha estado y ni siquiera espera estar y esas expectativas, que no existían antes de que él mismo las plantease, generan entre algunos antipatía, sorna y unas ganas perversas de verlo fracasar: Interstellar decepcionó a muchos porque se presentaba a sí misma con tanta solemnidad que cabría haber esperad que ofreciese la respuesta al sentido de la vida. La verdadera premisa de todas las películas de Nolan es la ambición de Nolan, cuya escala le ha llevado a comprar un Boeing 747 para destrozarlo en Tenet solo porque no le gusta trabajar con efectos digitales, y también el motivo por el que muchos cinéfilos consideran su cine pretencioso, agotador y un momento a su ego. De ahí la guasa generalizada en internet cuando, después de dar tanto la turra con que las películas solo deberían ser experimentadas en una pantalla grande, el tráiler de Tenet se estrenó en el videojuego Fortnite.

Porque viendo sus películas uno comprende que una de las palabras favoritas de Nolan sea “contraintuitivo”, no solo por el hecho en sí sino porque Nolan sea el tipo de hombre que dice “una de mis palabras favoritas es 'contraintuitivo'”. Para Interstellar, Nolan se inspiró en los estudios sobre agujeros negros del teórico físico Kip Thorne con tanta precisión que cuando Thorne vio la película descubrió nuevos colores en el horizonte de sucesos y se ha basado en esas escenas para explorar el aspecto de los agujeros negros en sucesivos estudios científicos. Para Nolan eso debió ser su día de Reyes. No va a haber quién lo aguante si consigue salvar el cine este verano, porque si las superproducciones reciben el apelativo en Hollywood de “tentpole” (el poste que sostiene la tienda de campaña o, en este caso, la carpa del circo) Tenet parece destinada a ser un poste literal para la industria entera. Al menos, eso sí, la nueva distancia social entre butacas nos permitirá ver Tenet sin tener que escuchar al de la lado explicársela a su novia.

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