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Horror por tierra, mar y aire

En la película de Christopher Nolan hay pocos diálogos; no los necesita ya que el lenguaje visual es muy poderoso

Dunkerque

DUNKERQUE

Dirección: Christopher Nolan.

Intérpretes: Fionn Whitehead, Aneurin Barnard, Tom Hardy.

Género: bélico. EE UU, 2017.

Duración: 106 minutos.

Imagino que en la guerra aparece toda la geografía emocional del ser humano, lo mejor y lo peor, pero supongo que la sensación que protagoniza ese panorama siniestro es el miedo a perder la vida, al propio miedo, al dolor, a quedarte tullido a perpetuidad por dentro o por fuera, a perder todo lo bueno que te haya donado la existencia. Y ese pavor no es controlable o soportable ni harto de alcohol, ni harto de sedantes, ni harto de anfetas, sustancias que no me extrañaría que proporcionaran ancestralmente los ejércitos a sus soldados para infundirles valentía. Qué inmorales las películas que glorifican las hazañas bélicas sin que aparezcan la mugre, los espasmos, el vértigo, la desesperación y el terror. Puedes haber olvidado el argumento posterior en Salvad al soldado Ryan pero es imposible no recordar lo que le ocurre a la tropa en los treinta minutos iniciales del desembarco de Normandía. Son hombres en situación límite, independientemente de que en la batalla actúen con coraje o huyan, sobrevivan o les condene la suerte, avancen o se queden paralizados, sean solidarios o solo se preocupen por salvar su piel.

Christopher Nolan vuelve a mostrar la humanidad de los combatientes en la espléndida Dunkerque, una película que te transmite con veracidad los sentimientos de los soldados británicos y una parte del ejército francés, que quedaron acorralados, derrotados, indefensos en el puerto y en la larga playa de Dunkerque al comienzo de la invasión alemana de Francia. En varios momentos descubro que me asalta el respingo y el acojone cuando las balas y las bombas están cebándose con esa gente que se ha metido en una ratonera, me olvido de que es una película, comparto lo que sienten los personajes. El director consigue ese efecto mediante una gran creación de cine puro. Hay pocos diálogos, no los necesita ya que el lenguaje de las imágenes es muy poderoso, como los sonidos, los silencios y el ruido, una banda sonora que te atrapa en perfecta sintonía con lo que vemos en la pantalla.

Nolan alterna el horror y el suspense en tierra, mar y aire. Abajo intentan resguardarse y esperan. Hay pocos barcos para tanta angustiada gente, pero la población civil en posesión de algo que navegue también se lanza al mar para salvar a los suyos. Y los spitfires se enfrentan en el cielo a los aviones de caza alemanes que están demoliendo a los de abajo. Y en esa espera y en la travesía funciona la solidaridad pero también el sálvese quien pueda, y entre los abatidos hay gente que mantiene la integridad y la cordura junto a otra rota emocionalmente y condenada para siempre a las tinieblas mentales. Tal vez sobre en los planos finales un alegato en el que piden al Nuevo Mundo (Estados Unidos) que ayude a salvar al Viejo (la Europa aliada). Es lo único que puede resultar enfático en una película que te mantiene en vilo y que desprende verdad.

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