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Cómo evitar el contacto con el coronavirus y otras siete enfermedades infecciosas

Así se protege uno del Covid-19 y de otras siete enfermedades bien conocidas

Detener el avance de una epidemia antes de que se convierta en la "potencial pandemia" que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya contempla para el coronavirus de Wuhan, es cuestión de poner diques. El más radical es el que está experimentando el millar de personas aisladas en un hotel de Tenerife después de que un huésped italiano diera positivo para el Covid-19. La instrucción básica para frenar el contagio es evitar el contacto con las personas enfermas, pero ¿qué cuenta exactamente como contacto? ¿Cómo y por qué varía de una enfermedad a otra?

En el caso del nuevo coronavirus, el patógeno avanza de una persona a otra a través de las gotas de las secreciones que se producen con la tos y los estornudos. Cuando los microorganismos que contienen llegan a las mucosas de la boca o de las vías respiratorias, o a la conjuntiva de los ojos, se produce un contagio en el que habitualmente las manos desempeñan un papel importante: cuando el virus está en ellas y nos tocamos alguna de estas zonas es cuando se produce el contagio. El Covid-19 persiste con capacidad infecciosa hasta 9 días en superficies como los pomos de las puertas, según lo que se sabe de otros coronavirus como el que causa el síndrome respiratorio agudo y grave (SARS, por sus siglas en inglés) y el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS).

Para evitar el contagio se aconseja aislar a la persona enferma, restringir las visitas y hacer que las que haya usen mascarilla y se laven frecuente las manos con jabón líquido o gel hidroalcohol. También hay que limpiar los utensilios que use el enfermo y desinfectar la habitación con una disolución de una parte de lejía por nueve de agua. Por evitar un "contacto cercano" con una persona que podría estar infectada por el Covid-19, la OMS considera no estar a menos de un metro de distancia de quien tosa o estornude, y no darle la mano, abrazarle o besarle. En el caso de tener que cuidar a alguien en estas condiciones, aconsejan no olvidar usar una mascarilla y lavarse las manos frecuentemente.

Para otras enfermedades, las recomendaciones pueden cambiar considerablemente, como explica José María Molero, miembro del grupo de Enfermedades Infecciosas de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria y del Comité de Expertos que ha constituido el Servicio madrileño de Salud para Control de coronavirus.

Sarampión, la enfermedad que viaja en el aire

Es causado por un virus de la familia de los paramixovirus. Es muy contagioso porque se transmite por vía aérea, a través de pequeñas gotas evaporadas desde las secreciones respiratorias de los infectados, que se conocen como gotículas y que se caracterizan por ser inferiores a cinco micras. Gracias a ellas, los microorganismos pueden permanecer en el aire durante periodos largos y aprovechar las corrientes para expandir su área de influencia. El sarampión también se contagia por contacto directo con los enfermos, con sus secreciones o las lesiones que produce en la piel. El virus que lo causa puede permanecer infeccioso durante, al menos, una hora en un espacio cerrado, y dos horas en superficies u objetos contaminados por secreciones respiratorias o la saliva. Se contagia mientras dure la enfermedad y todas las lesiones tengan costra. O sea, que entrar en la habitación donde descansa el enfermo puede ser suficiente contacto. Afortunadamente, la vacuna del sarampión está incluida en el calendario vacunal desde los años ochenta.

Rubeola y paperas, sobre gotas y polvo

Los responsables de estas enfermedades son dos virus diferentes, del género rubivirus en el primer caso y de los paramixovirus en el segundo. Pero ambas patologías se transmiten igual: a través de gotas que surgen de las vías respiratorias, de la mucosidad de la boca, de la nariz o de la garganta. Lo que las diferencia de las gotículas que producen el contagio por vía aérea es que su tamaño es superior a cinco micras. Los virus salen al exterior cuando la persona tose, estornuda o sencillamente habla, y también pueden pasar de una persona a otra mediante objetos contaminados, donde permanecen activos unas 20 horas.

En el caso de la rubeola, el contagio es posible mientras dure la enfermedad (7 días), en el de las paperas, hasta 10 días después de iniciado el aumento de tamaño de la parótida, una glándula salival que está situada a ambos lados de la cara, esa zona que los médicos palpan frecuentemente en sus exámenes. En general, para las enfermedades que se contagian a través de gotas, la recomendación para no entrar en contacto es aislar a los enfermos en una habitación, usar mascarilla a menos de un metro de distancia, lavarse las manos y los objetos que haya tocado la persona afectada, así como limpiar la habitación con una dilución de una parte de lejía por nueve de agua. "Es importante usar mascarilla, pero, más que por no contraer un virus, para no contagiarlo. Cuando alguien va a un hospital y cree que tiene gripe, por ejemplo, debe advertirlo para que se le proporcione una", explica Molero.

El efecto de las costras de la varicela

El virus varicela-zóster se contagia por vía aérea y a través de la saliva, y la infección puede producirse por contacto con las secreciones del enfermo, con objetos contaminados y con las lesiones de la piel, que se conocen como vesículas. Este virus sobrevive fuera del cuerpo durante unas pocas horas, aunque a veces llega a un día o dos. Para evitar el contagio que llega por contacto se aconseja establecer las mismas precauciones recomendadas para el que se produce a través de gotas, solo que no hace falta lavar los objetos empleados por el enfermo de una manera especial. Si lo que se pretende es sortear el que tiene lugar por vía aérea, la mascarilla debe ser de alta eficacia (FFP2). En general, cando hay riesgo de transmisión aérea se aísla a la persona (que no salga de casa); se le restringen las visitas, se utiliza mascarilla cuando hay que acercarse a menos de un metro y se limpian cuidadosamente utensilios como vasos y platos. También hay que desinfectar diariamente la habitación con lejía. En este caso, el consejo es evitar el contacto directo hasta que hayan pasado 24 horas después de terminar el tratamiento con fármacos antivirales y que las lesiones tengan costra.

Meningitis bacteriana: a salvo gracias a los antibióticos

Hay diferentes virus y bacterias que pueden desencadenar la meningitis, pero la bacteria causante más característica es la Neisseria meningitidis, que provoca la meningitis meningocócica. Hay seis serotipos que pueden causar epidemias de meningitis (que se conocen por las letras A, B, C, W, X e Y), que se transmiten por gotas procedentes de las secreciones respiratorias o de la garganta por la tos, los estornudos o la saliva. En este caso, la bacteria no permanece en aire pero sí puede contaminar utensilios, superficies, manos…, que se convierten en un vehículo para los microbios. Se sabe que puede sobrevivir en vidrio y plástico durante días a temperatura ambiente.

Para evitar el contagio se aconseja seguir las pautas recomendadas para el contagio por gotas, las mismas que las de la rubeola y las paperas: aislar al enfermo, restringir sus visitas, usar mascarilla al estar a menos de un metro de él, lavarse las manos con jabón y lavar sus utensilios de uso. La meningitis bacteriana se contagia hasta 24 horas después de iniciada la terapia con antibióticos, lo que significa que el contacto con objetos que los enfermos hayan podido contaminar o sus secreciones debe estar controlado hasta entonces.

Catarro, el peligro está en los primeros días

Lo pueden producir varios virus, pero el más frecuente y característico es el rhinovirus. Se trasmite por gotículas evaporadas a partir de las secreciones respiratorias de los infectados y por contacto directo. Lo más común es contraerlo al tocarse la nariz o los ojos con las manos infectadas. Puede sobrevivir en superficies lisas e impermeables unas tres horas, y una hora en superficies porosas como algodón, pañuelos faciales y toallas de papel. Las personas en contacto con alguien que está acatarrado deben lavarse las manos con jabón neutro o con gel hidroalcohol si no quieren que dicho contacto les ponga en riesgo de contagio. Todas estas precauciones deben mantenerse hasta entre uno y tres días después de que se manifiesten los primeros síntomas.

Gripe, en contacto a través de las manos

Se transmite a través de gotas procedentes de secreciones nasales y faríngeas, y también por entrar en contacto con superficies contaminadas. El virus de la gripe permanece activo más tiempo que los del resfriado y el catarro: puede estarlo entre 24 y 48 horas en superficies duras y no porosas, y aproximadamente de 8 a 12 horas en telas, papel y pañuelos. En la piel dura generalmente menos de 15 minutos, lo que es una suerte porque el contagio por contacto es habitual. Las precauciones típicas del contagio deben mantenerse hasta cuatro días después de los primeros síntomas. Si tienes un mínimo de vida social, el contacto con personas que tengan una gripe o un resfriado está garantizado todos los años, pero siempre quedará la bendita posibilidad de lavarnos las manos. "Por tocar a una persona enferma o un objeto infectado no nos contagiamos, nos contagiamos cuando, con esas manos infectadas nos tocamos la boca, la nariz o los ojos. Lo hacemos inconscientemente, por eso es tan importante lavarse las manos con frecuencia", concluye Molero.

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