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En Suecia, la Convención de los Derechos del Niño es ley

El respeto a la infancia se coloca en el centro de la planificación urbana en el país nórdico, que se ha comprometido a aplicar los 54 artículos relacionados con intereses socioeconómicos, culturales y políticos de los menores de edad

Parkleken Draken, Södermalm, Estocolmo via Nyréns Arkitektkontor Ampliar foto
Parkleken Draken, Södermalm, Estocolmo via Nyréns Arkitektkontor

La Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Convención sobre los Derechos del Niño el 20 de noviembre de 1989. Veinte países –entre ellos España– la ratificaron al año siguiente, lo que significa que este acuerdo se aplica de manera activa desde 1990. Hoy por hoy, esta convención ha sido aceptada por todos los países del mundo a excepción de Estados Unidos, tal como se menciona en el sitio oficial de UNICEF.

La Convención sobre los Derechos del Niño es un acuerdo internacional jurídicamente vinculante que contiene disposiciones sobre los derechos humanos de la infancia. En él se reconocen los derechos humanos de los niños y niñas (definidos como personas menores de 18 años) y que obliga a los gobiernos a cumplirlos.

A pesar de que en todos los países del mundo existen leyes y normativas que protegen tanto a los más pequeños como a los jóvenes, Suecia ha decidido ir un paso más allá. Este país escandinavo fue uno de los países que ratificó esta convención en 1990, pero este 1 de enero de 2020 la Convención sobre los Derechos del Niño se convirtió en ley en el propio país. Es decir, como signataria de la Convención sobre los Derechos del Niño de la ONU, Suecia se ha comprometido a aplicar de una manera responsable todas las normativas que aparecen en este pacto, el cual recoge 54 artículos relacionados con intereses económicos, sociales, culturales, civiles y políticos de todos los menores. De este modo, todos los niños, niñas y jóvenes que residen en el país están protegidos tanto por la legislación internacional como la nacional, considerando tanto sus derechos como su total protección.

Entre estos 54 artículos destacan:

- Los políticos, organismos públicos y juzgados siempre deben asegurar que prevalezcan los intereses del niño cuando toman decisiones que le afectan.

- El niño tiene derecho a expresar su opinión y ser escuchado. Los organismos públicos y los juzgados deben consultar al niño en cuestiones que le afecten.

- El niño tiene derecho a la privacidad.

- El niño tiene derecho a protección contra la violencia doméstica. Los niños deben ser protegidos contra el abuso de padres u otros adultos que son violentos con ellos o no les cuidan bien.

En Suecia ya se están desarrollando investigaciones que ilustran la forma en como la planificación y la construcción social afectará la vida cotidiana de los más pequeños, las llamadas evaluaciones de impacto sobre la infancia. El propósito de una evaluación de impacto infantil es averiguar e informar sobre los efectos que el trabajo de planificación tiene para los infantes, y proponer medidas para reducir las consecuencias negativas. Esta evaluación proporciona una mejor base para la toma de decisiones y es una herramienta importante para lograr los objetivos de la Convención sobre los Derechos del Niño.

Quienes trabajan con la infancia en Suecia, ahora cuentan con una herramienta legal más precisa. Pero cabe destacar que, con los derechos también vienen las obligaciones. Por lo tanto, ciudades y municipios suecos tendrán que fortalecer sus conocimientos para justificar las decisiones que se tomen para construir entornos amigables, particularmente beneficiando también a los más pequeños. El sector de la construcción, de hecho, necesitará revisar los artículos de la Convención sobre los Derechos del Niño e integrarlos en sus operaciones, entendiendo que los niños y niñas no deben ser vistos como pequeños adultos, sino como individuos que tienen condiciones específicas que se deben tomar en cuenta en el proceso de diseño urbano.

Las condiciones de vida de los más pequeños se ven afectadas por la forma en que se planifica y se percibe el entorno construido y, por lo tanto, ellos también deben participar y tener más influencia en la construcción y diseño de comunidades. Esto requiere que los planificadores urbanos y los responsables en la toma de decisiones adapten sus formas de influencia para que niños y niñas puedan y quieran participar. Lo ideal sería que la perspectiva de los más pequeños se viera reflejada en la etapa más temprana del diseño, que es cuando existe la mayor oportunidad para influir.

Cabe destacar que UNICEF ya lanzó en 2018 la publicación Shaping urbanization for children. A handbook on child-responsive urban planning (“Construyendo el entorno urbano para niños. Un manual sobre la planificación urbana responsable con la infancia”); un manual que propone poner a los niños y niñas en un primer plano de la planificación urbana, ofreciendo orientación sobre el papel que esta debe tener para alcanzar los diecisiete Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Según este manual, los entornos urbanos responsables con la infancia deben pensarse desde diversas escalas; deben incluir e involucrar a los más pequeños –así como otras partes interesadas– en los procesos de desarrollo urbano; y, además, utilizar plataformas de datos geo-espaciales y otro tipo de plataformas a la hora de tomar decisiones.

Así, son varios aspectos los que deben incluirse en la planificación urbana amigable como la seguridad vial, protección, barreras físicas y sociales, orientación y transparencia, libertad de movimiento, accesibilidad, actividad física, lugares públicos, espacios verdes, oportunidades de juego, etc. Y Suecia ya ha apostado rotundamente en la creación de ciudades amigables y amigas de la infancia, comprometiéndose con el cumplimiento de los derechos de los niños, niñas y adolescentes.

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