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El presidente ya puede dormir tranquilo

El nuevo Ejecutivo de Sánchez ofrece una estructura bien pertrechada para afrontar, si fuera necesario, el placaje político al socio de gobierno

Pedro Sánchez, aplaudido por los parlamentarios socialistas, el pasado martes en el Congreso.
Pedro Sánchez, aplaudido por los parlamentarios socialistas, el pasado martes en el Congreso. AP

Fue Pablo Iglesias el que afirmó que el acuerdo de coalición combinaba la “experiencia del PSOE y la frescura de Podemos”. Efectivamente, el PSOE acumula más de 140 años de historia y suma muchos trienios en la gobernabilidad de España. Aunque no todo hayan sido aciertos, una parte muy significativa de los grandes avances en la democratización de nuestro país y en la configuración de los pilares básicos del Estado de bienestar son fruto del trabajo realizado por gobiernos socialistas. Acierta Pablo Iglesias al concederle al PSOE el patrimonio de la experiencia. Alguna duda podría suscitar, sin embargo, eso de vincular frescura como el aporte de Unidas Podemos, más aún al conocerse los perfiles que este partido suma al Consejo de Ministros. El tiempo, en todo caso, dará y quitará razones.

Con un ambiente apocalíptico como el que proyectó la oposición sobre la investidura, el diseño del primer gobierno de coalición de España era la oportunidad para devolver al ciudadano dosis de confianza, serenidad y tranquilidad. El resultado parece logrado. España estrena un Gobierno con estructura ampliada, muy rotundo en clave de acción política y muy ortodoxo en su vertiente económica. Pedro Sánchez da prueba, una vez más, de su capacidad para hacer de la necesidad virtud (re)modelando una estructura gubernamental para acomodarla a unas circunstancias bien complejas y optando por nombramientos solventes, capaces de asumir con pericia técnica las responsabilidades.

El nuevo Gobierno asume su mandato con unos condicionantes, internos y externos, particularmente adversos. A la dificultad de armonizar el funcionamiento de la coalición, se añade la precariedad de una mayoría parlamentaria inestable y la hostilidad del frente en el que se ha alineado la oposición. El nuevo Ejecutivo de Sánchez ofrece una estructura bien pertrechada para afrontar, si fuera necesario, el placaje político al socio de gobierno. Dispone también de armazón institucional muy fortalecido en lo económico acompañado de perfiles destacados en áreas diversas que si, como es previsible, saludan favorablemente los mercados, permitirá corresponsabilizarlos con el impulso de la agenda social para hacer frente a la desigualdad. No es de menor importancia la experiencia que la mayor parte de los ministros pueden aportar al funcionamiento de la administración, algo imprescindible para una buena gestión de las políticas públicas con la vista puesta en su mejora y sostenibilidad.

Más allá de los instrumentos que ha aprobado la coalición de gobierno para ordenar un funcionamiento armónico de su acción política y parlamentaria, nadie está en condiciones de garantizar la deseada coherencia, cohesión y lealtad entre las partes que lo integran. Entretanto, es la estructura del nuevo Ejecutivo la fórmula para que, de momento, el presidente pueda dormir tranquilo.

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