Verdad incómoda: el mejor ejemplo arquitectónico de Vigo son sus luces de Navidad

Su iluminación festiva la representa tanto como un gol de Iago Aspas en la última jornada de Liga

Alumbrado de Navidad de la ciudad de Vigo en 2018.
Alumbrado de Navidad de la ciudad de Vigo en 2018.

La arquitectura nace en el Barroco. No todo el mundo lo sabe y, de hecho, la mayoría de la gente cree que la arquitectura nació con las pirámides de Egipto o, como mucho, en la era del Imperio Romano, que llenó la Europa mediterránea de templos, acueductos, coliseos y panteones diversos. Pues no. La mayoría de la gente se equivoca. La arquitectura nace en el Barroco. Más o menos a mediados del XVII; o sea, unos cuatro mil años después de que se construyesen las pirámides y 15 siglos después de que Apolodoro de Damasco terminase el Panteón de Agripa.

Antes del Barroco solo existía la construcción. En peor o mejor medida, en algunos casos con resultados felicísimos como el ya citado Panteón, pero sin ser verdadera arquitectura porque los edificios no estaban pensados para ser recorridos. Se experimentaban de un plumazo, y eso cuando se hubiese contemplado que quienes los tenían que experimentar eran los seres humanos. Porque, a saber: las catedrales góticas buscaban establecer un diálogo con Dios, los acueductos servían para dar respuesta a problemas civiles (importantísimos, pero civiles), y los coliseos no dejaban de ser pantallas estáticas donde tú te sentabas y pasaban cosas delante.

Detalle del edificio del rectorado de la Universidad de Vigo. |
Detalle del edificio del rectorado de la Universidad de Vigo. |Duccio Malagamba / Miralles Tagliabue EMBT

¿Qué es lo que cambia en el Barroco? Pues la cosa es sencilla: dice Bruno Zevi en Saber ver la arquitectura que el espacio solo puede ser completamente comprendido mediante un recorrido. Es decir, que el espacio solo se entiende a si circulamos por él, si le aplicamos el tiempo. Y eso es exactamente lo que empieza a hacerse en el Barroco: pensar que un espacio debe ser recorrido por los seres humanos. El Barroco entiende que un edificio no es un artefacto ensimismado; es una obra de teatro inmersiva cuya verdadera razón de ser son las personas que la experimentan. La arquitectura no se construye, la arquitectura se enseña. Es perfectamente lógico entender, por tanto, que la arquitectura que mejor define a la ciudad de Vigo sean sus luces navideñas.

Detalle del Real Club Náutico de Vigo (1945), de estilo racionalista. |
Detalle del Real Club Náutico de Vigo (1945), de estilo racionalista. |Real Club Náutico de Vigo

No me malinterpreten, en la ciudad olívica hay unos cuantas obras, digamos convencionales, de enorme calidad. Por ejemplo, el edificio universitario de Enric Miralles y Benedetta Tagliabue es una amalgama magníficamente articulada de usos, tránsitos y materiales, y el Real Club Náutico, inaugurado en 1945, es una curiosa anomalía histórica, pues lo normal en un edificio del franquismo de posguerra es que apelase al españolismo rancio en lugar de al racionalismo del que hace gala, y que lo aproxima más a los postulados del Movimiento Moderno europeo que al tradicionalismo carpetovetónico.

Tan de Vigo como un gol de Iago Aspas al final de la Liga

El Centro Galego de Arte Contemporánea, de Alvaro Siza, en Santiago de Compostela.
El Centro Galego de Arte Contemporánea, de Alvaro Siza, en Santiago de Compostela.

Sin embargo, estos edificios (y alguno más) no dejan de ser joyas pequeñas y ocultas en una ciudad que no es conocida precisamente por su patrimonio arquitectónico. Y eso la coloca en clara desventaja frente sus dos competidoras directas: A Coruña y Santiago de Compostela. Porque esta competición intergalaica define tanto a Vigo como la fábrica de Citroën (hablaremos de esto un poco más tarde) o un gol de Iago Aspas en Balaídos de los que certifican la permanencia en la última jornada de liga.

La competicion territorial, y más aún en entornos acotados, no es desde luego exclusiva de Galicia: por cada Madrid-Barça hay un Madrid-Atleti, un Betis-Sevilla y un Athletic-Real Sociedad. En el noroeste peninsular es esencialmente lo mismo. Sí, claro que existe un Celta-Depor (en paréntesis momentáneo mientras militan en categorías distintas), pero aquí también hay un Faro de Vigo-La Voz de Galicia y un Rías Baixas-Costa da Morte. Si a ello le sumamos que Vigo es la ciudad más poblada de Galicia pero las instituciones están en Santiago, y lo salpimentamos con el fenómeno de las baronías socialistas frente a los gobiernos autonómicos populares, obtenemos como resultado una figura prácticamente irreproducible fuera del ecosistema que la ha generado: Abel Caballero [alcalde de la ciudad desde 2007].

Domus: La casa del hombre, en A Coruña, de Arata Isozaki. |
Domus: La casa del hombre, en A Coruña, de Arata Isozaki. |Getty

Por supuesto que ni Vigo ni Caballero pueden competir con Santiago o A Coruña en temas de patrimonio histórico-artístico. Por un lado, Santiago de Compostela es intratable. Tan solo con la catedral ya sería inalcanzable pero es que, además, tiene el CGAC, de Siza, y el bellísimo parque de San Domingos de Bonaval justo al lado (también está ahí la Cidade da Cultura que resta puntos, pero no los suficientes). A Coruña no es tan potente pero entre el Faro de Hércules y el Domus del último Pritzker, Arata Isozaki, ya van sobrados. Mientras, aparte de las ya mencionadas excepciones, el patrimonio social de Vigo es fundamentalmente industrial.

Industrial, posmoderno y para la admiración

El patrimonio más fuerte, pese a ejemplos como el Club Náutico y el edificio universitario de Enric Miralles y Benedetta Tagliabue, es el industrial, poco protegido y esencialmente efímero. |
El patrimonio más fuerte, pese a ejemplos como el Club Náutico y el edificio universitario de Enric Miralles y Benedetta Tagliabue, es el industrial, poco protegido y esencialmente efímero. |Getty

En realidad, no hay nada malo en que el patrimonio de una ciudad sea industrial. El problema cuando hablamos de arquitectura es que los edificios industriales casi nunca se consideran patrimonio. Casi nunca se consideran merecedores de ser valorados, conservados y mucho menos, protegidos. Así, la arquitectura industrial acaba siendo una colección de obras perecederas, modificables, a veces intercambiables. Precisamente por eso, y dure lo que dure, la arquitectura industrial es conceptualmente efímera. Nacida sin ambición de permanencia. Nacida para ser sustituida.

Y si me han acompañado hasta aquí y han seguido los tres hilos que hemos lanzado en el artículo, muy probablemente hayan llegado a la misma conclusión: la arquitectura que mejor define a la ciudad de Vigo son sus luces navideñas, porque es la confluencia perfecta de un patrimonio eléctrico, efímero y teatral concebido para ser recorrido y ser admirado desde A Coruña hasta la ciudad de Nueva York.

La noria de luces LED que este año ha incorporado el alcalde Abel Caballero a la iluminación navideña de Vigo.
La noria de luces LED que este año ha incorporado el alcalde Abel Caballero a la iluminación navideña de Vigo.

Un artefacto industrial que este año ha elevado su coste al millón de euros, al incorporar una enorme noria iluminada, un árbol de 32 metros de altura y un total de 10 millones de bombillas LED (con su correspondiente y criticado consumo energético), y que durante unos días se convierte cada año en la nueva envolvente de la ciudad, en una nueva cara. Como las fachadas-anuncio de Las Vegas. Como la mejor arquitectura posmoderna y barroca. Como la mejor arquitectura.

Oficina del rectorado de la Universidad de Vigo, de Enric Miralles y Renatta Tagliabue. |
Oficina del rectorado de la Universidad de Vigo, de Enric Miralles y Renatta Tagliabue. |Fernando Suárez / Miralles Tagliabue EMBT
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