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Australia arde

La oleada de incendios forestales se ha convertido en otra muestra clara de que los devastadores efectos del cambio climático no son un problema del futuro, sino del presente

Incendio forestal cerca de Sídney, el pasado 21 de diciembre.
Incendio forestal cerca de Sídney, el pasado 21 de diciembre. AFP

La oleada de incendios que padece el este de Australia, que han convertido el aire de Sídney en uno de los más contaminados del mundo y devastado cuatro millones de hectáreas, además de provocar la muerte de nueve personas, se alza como un símbolo del poder destructivo del cambio climático y, a la vez, ha dejado en evidencia la incapacidad de algunos gobernantes para hacer frente al mayor reto global al que se enfrenta la humanidad. El primer ministro, el liberal Scott Morrison, se ha convertido en blanco de críticas por su pobre política medioambiental y por su defensa de los combustibles fósiles, de los que Australia es uno de los máximos exportadores mundiales.

Los mortíferos fuegos que se han abatido sobre la inmensa isla continente demuestran que ningún país puede ser ajeno a la lucha contra la crisis climática. El principal argumento de Morrison para defender la economía del carbón es que su país es responsable únicamente del 1,3% de las emisiones globales y que, por lo tanto, son otros Estados los que deben llevar a cabo políticas medioambientales más eficaces. Sin embargo, los incendios forestales demuestran que la crisis climática es global.

Siempre ha habido fuegos en verano en Australia, pero nunca han tenido esta magnitud y esta intensidad, tanta que en algunos casos los servicios de emergencia se han declarado incapaces de controlarlos. Ni siquiera la leve lluvia de los últimos días ha logrado extinguirlos. Un fenómeno conocido se convierte en imprevisible por una transformación rápida de las condiciones medioambientales: hay zonas de Australia en las que prácticamente ha desaparecido la lluvia, lo que hace que los incendios avancen a toda velocidad y devoren amplias extensiones de terreno. A eso se deben sumar las altas temperaturas: ya se han batido dos récords absolutos y eso que el verano acaba de empezar en el hemisferio sur. Los meteorólogos esperan nuevas máximas en las próximas semanas. En las últimas décadas la media de hectáreas quemadas fue de 280.000. Este año ya se habían quemado casi cuatro millones, antes de los meses más cálidos.

Además de víctimas mortales, los fuegos han provocado evacuaciones, destrucción del patrimonio forestal y representan una amenaza para la supervivencia de especies animales protegidas, como los koalas, todo ello sin contar los daños económicos. En Sídney, a causa del humo, el aire se ha convertido en veneno y durante 30 días la contaminación ha superado los niveles tolerables. La crisis que padece Australia debería representar un aldabonazo para todos los gobiernos que niegan el cambio climático o se quedan de brazos cruzados. Esta oleada de incendios forestales se ha convertido en otra muestra clara de que los devastadores efectos del cambio climático no son un problema del futuro, sino del presente.

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