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La variopinta familia que arropa a Michael Bloomberg, el aspirante a la presidencia de EE UU

El magnate, que fue alcalde de Nueva York, presenta su candidatura demócrata apoyado por sus dos hijas, Georgina y Emma, y su pareja desde hace dos décadas, la financiera Diana Taylor

michael bloomberg
Diana Taylor y Michael Bloomberg, con las dos hijas del empresario, Georgina (a su izquierda) y Emma, el pasado abril en Nueva York.

Michael Bloomberg (Boston, 77 años) solía decir en broma que no terminaba de ver cómo un multimillonario bajito, judío y divorciado cómo él podría ser elegido presidente. “¿Qué opciones tendría?”, se preguntó el que era alcalde de Nueva York cuando Barack Obama emergió con fuerza como el rival a batir en las elecciones de 2008. Ocho años después, con Donald Trump de contendiente, su hija Georgina suspiraba de alivio al ver que se mantenía de nuevo al margen. Era muy amiga de Ivanka y no le gustaba la idea de que sus mayores insultaran a sus respectivas familias para llegar a la Casa Blanca.

La situación, casi cuatro años después, es muy distinta y también los sentimientos que hay entre las dos familias. El país está completamente partido en dos. En marzo pasado, cuando el empresario neyorquino pareció descartar cualquier posibilidad de entrar en la contienda para 2020, su hija pequeña acudió a las redes sociales para expresar su posición. En el mensaje que publicó se ve un falso cartel de campaña con el eslogan: “Bloomberg: que jodan esta mierda”.

Georgina, de 36 años, es una persona intrigante. Madre soltera desde 2013, está llamada a ser junto su hermana Emma la heredera de una fortuna valorada en 52.000 millones de dólares (unos 47.021 millones de euros) y ahora es también la hija del candidato a presidente de EE UU. Empezó a montar a caballo con cuatro años y a los seis ya competía. Tiene publicadas cuatro novelas para adolescentes y es una activista reconocida en la defensa de los derechos de los animales.

Michael Bloomberg, en su reelección como alcalde de Nueva York, en 2006. ampliar foto
Michael Bloomberg, en su reelección como alcalde de Nueva York, en 2006. AP

El apellido de su padre fue para ella una carga hasta que se hizo adulta. En el documental Nacido rico, que protagonizó junto a Ivanka Trump, llegó a decir que “apestaba”. Pero aprendió a separar a la persona pública que representa su padre de la faceta humana. “Acabé teniendo mucho más respeto hacia todo lo que hizo y lo duro que trabajó para darnos una vida magnífica”, admitió, “es un apellido del que estoy orgullosa. A los 19, no”.

La carrera de Georgina como amazona no fue fácil, ha tenido dos graves lesiones de espalda y decidió que su pasión por este deporte no iba a impedirle ser madre. Una entrevista después de nacer su hijo Jasper desveló que Michael Bloomberg no es el tipo de persona que se maneja bien con los niños. Aunque la falta de destreza del abuelo no ha impedido que su nieto cuente ya con una galería dedicada en el museo Whitney de Nueva York.

Como su hermana mayor, es hija del matrimonio de Bloomberg con Susan Brown, de quien se separó en 1993. Mientras Georgina parece disfrutar paseando por las alfombras rojas de las galas, Emma mantiene un perfil muy discreto. Tiene 40 años, es madre de una hija y su carrera se concentra en las organizaciones sin ánimo de lucro. Trabajó durante varios años en la fundación Robin Hood, dedicada a la lucha contra la pobreza y después creó Murmuration, para mejorar la enseñanza de los niños.

Georgina y Emma son privilegiadas incluso en los círculos de lo que se considera como la aristocracia estadounidense. Pero siempre dejan claro que sus padres les enseñaron que deben cuidar a las personas menos afortunadas, a ser humildes y a no pensar demasiado en ellas mismas. La entrada oficial de su padre en las primarias demócratas impactará, sin duda, en sus vidas. Lo que está por ver es si se implicarán en la campaña de su padre si consigue la nominación, como hicieron los hijos de Trump.

La que no pasará desapercibida en esta carrera electora es Diana Taylor, la pareja del magnate desde hace dos décadas aunque entre ellos nunca ha habido planes de boda. Ambos residen en la mansión que el empresario tiene en el Upper East Side, y ella mantiene una buena relación con las hijas de Bloomberg. Taylor, de 64 años, tiene una dilatada carrera como financiera y también experiencia en el terreno político ya que ejerció, aunque con discreción, como primera dama oficiosa durante el triple mandato de Michael Bloomberg como alcalde.

La pareja se conoció durante un evento benéfico cuando ella era la vicepresidenta de la compañía KeySpan Energy. Después ejerció como supervisora de la banca en el Estado de Nueva York con el republicano George Pataki en el cargo de gobernador y, desde esta posición, alertó de los abusos que llevaron a la crisis. Su nombre circuló incluso para dirigir la agencia que garantiza los depósitos bancarios en EE UU. Ha ocupado puestos en consejos tan diversos como Citigroup, Sotheby’s, Mayo Clinic, la International Women’s Health Coalition y el Council on Foreign Relations. Su interés por la vida pública le llevó a plantearse disputar a la demócrata Kirsten Gillibrand su asiento en el Senado, pero con Michael Bloomberg como alcalde, lo tenía complicado.

El empresario dice de ella que “puede hacer lo que se propone” y la define como una persona sofisticada, directa, inteligente y que tiene los pies en la tierra. Bastante conservadora en asuntos económicos, se decanta por posiciones muy liberales en cuestiones sociales y, al igual que su pareja, se desvía de los republicanos tradicionales al defender el matrimonio entre personas del mismo sexo, el derecho al aborto o la regulación de posesión de armas.

Empresario, político y filántropo

Michael Bloomberg siempre ha actuado como un verso suelto en la política estadounidense. Ha sido demócrata, republicano e independiente. Su punto débil es ser demasiado capitalista para el ala progresista entre los liberales y demasiado progresista entre los conservadores. Alcalde de Nueva York durante 11 años (2002-2013), el fundador y consejero delegado de Bloomberg LP, una compañía de información financiera, tiene una fortuna estimada en 50.900 millones, según la revista Forbes. Esto lo coloca el undécimo en la lista global de multimillonarios y el octavo más rico de EE UU. Una fortuna con la que financia proyectos de forma filantrópica. El pasado noviembre anunció una donación de 1.800 millones de dólares a la Universidad Johns Hopkins —donde estudió— para facilitar el acceso a personas de pocos recursos. A esta donación, la más alta en el sector educativo, hay que añadir otras a causas como la lucha contra el cambio climático y el control de las armas de fuego, además de su férrea defensa al derecho al aborto y a los derechos de la comunidad LGTBI.

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