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TRIBUNA i

Así aprenderán más los niños

Hagamos que la educación en primera infancia sea prioritaria para construir un mejor futuro. Nada es más productivo ni tiene más beneficios

Los servicios de educación durante la primera infancia se han ampliado considerablemente en América Latina y Caribe desde el año 2000, según datos de la UNESCO, y países como Costa Rica, Ecuador, Honduras, Paraguay y Uruguay han extendido el ciclo inicial obligatorio en los últimos años. La educación infantil ha mejorado mucho en la región iberoamericana, pero los progresos que hacemos en esta dirección nunca serán suficientes. Hay que continuar siendo ambiciosos. Es de vital importancia seguir incrementando esfuerzos y recursos en formar a los más pequeños.

La educación debería ser siempre un objetivo prioritario de la política pública de cualquier Gobierno. Conocemos sus innumerables e incuestionables efectos positivos: cohesión social, crecimiento económico o calidad de vida, entre otros. También sabemos que comenzar en edades más tempranas resulta decisivo para el aprendizaje a lo largo de la vida y que este enorme impacto que tiene después es lo que la hace tan rentable en los primeros años: James J. Heckman, premio Nobel de Economía, llega a señalar que invertir en mejorar la infancia "tiene una rentabilidad del 10% anual". Además, hay estudios que argumentan la importancia de la educación infantil para evitar el abandono escolar (Aprendizaje y ciclo vital. La desigualdad de oportunidades desde la educación preescolar hasta la edad adulta. Obra Social La Caixa). Entonces, ¿por qué no se dedica mucha más atención a ella?

Pensemos ahora el tipo de población más vulnerable: ¿quién se encuentra en mayor riesgo de exclusión? La primera respuesta suele ser las personas con menos recursos. Después, empezamos a identificar a otros grupos como aquellos con alguna discapacidad, condición o identidad de género, los migrantes o, en algunos países, la población indígena. Pero, ¿acaso las niñas y niños no son un grupo objetivo de especial atención cuando hablamos de vulnerabilidad? Por supuesto que sí. La situación no tiene que dejar de preocuparnos porque, de acuerdo con algunos datos de UNICEF, solo seis de cada 10 niños y niñas de tres a cuatro años de la región reciben algún tipo de educación. Tenemos que ser conscientes que solo a través de la inversión vamos a poder paliar la situación de desigualdad en la que viven muchos de esos niños. Los beneficios tienen efectos positivos directos en ellos y, sobre todo, en los contextos más desfavorecidos.

Cuando hablamos de educación en la primera infancia, según a qué nos refiramos, hay algunos aspectos en los que nos cuesta encontrar cierto consenso. Sobre la incorporación de las nuevas tecnologías, por ejemplo: unos están a favor y otros cuestionan el uso de esta herramienta en edades tan tempranas. Fenómeno similar ocurre con la lectura: parece que no es tan evidente entre la comunidad educativa a qué edad se puede empezar a fomentar la lectura con los niños o si la interacción y el movimiento son asuntos aún más importantes. En definitiva, hoy en día todavía hay temas donde nos encontramos con más interrogantes que convicciones.

Seis de cada 10 niños y niñas de tres a cuatro años de la región reciben algún tipo de educación

De acuerdo con información de CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), existen diferencias notables en la región iberoamericana en cuanto a obligatoriedad, gratuidad, matriculación, asistencia, cualificación de docentes, estimulación temprana, etc. Entonces, ¿a qué aspectos nos referimos al decir que cualquier progreso en la educación infantil nunca es suficiente? La respuesta es a todos ellos.

La educación es un derecho fundamental. También es un bien público y el Estado es el principal responsable de la protección, atención y cumplimiento del derecho a recibirla, pero ninguna meta, ninguno de esos aspectos que nos propongamos trabajar para contribuir a mejorarla en la primera infancia la alcanzaremos si no lo hacemos en colaboración con otros actores clave. Esta circunstancia la tenemos muy presente en la Organización de Estados Iberoamericanos, donde desde mediados del presente año hemos comenzado a poner en marcha una Red Iberoamericana de Administradores Públicos de Primera Infancia en estrecha colaboración con los ministerios de Educación de 23 países de la región y otras instituciones públicas. De esta manera, se da respuesta a la Agenda de Desarrollo Sostenible a través del ODS 4 y el ODS 17, pensando en que “niños y niñas tengan acceso a servicios de atención y desarrollo en primera infancia” y logrando estas transformaciones a partir de “mejorar la cooperación regional” y “aumentar el intercambio de conocimientos”.

Se ha empezado a conformar esta red con el objetivo de motivar y promover políticas públicas a favor de la primera infancia. Para apostar por este espacio común de aprendizaje y avanzar en la definición de estrategias compartidas, se está empezando a llevar a cabo un programa de pasantías para el intercambio de experiencias de funcionarios públicos, a identificar buenas prácticas y a impulsar la elaboración de estudios y análisis para el desarrollo de capacidades en torno a primera infancia.

No es una tarea sencilla gestionar la educación de la etapa inicial. Resulta complejo detectar cuáles son las posibles carencias o analizar si un niño debe jugar o escribir más. Sin embargo, lo que sí sabemos es que se debe destinar a esta etapa de la vida mucho más tiempo y muchos más recursos económicos y humanos. Hagamos de verdad, entre todos, que la educación en la primera infancia sea prioritaria para construir un mejor futuro. Nada es más productivo, nada tiene más beneficios, ni nada perdura más en el tiempo que educar a niños y niñas en cualquier lugar del mundo. Como dijo César Bona, el español entre los 50 mejores profesores del mundo en 2015 según el Global Teacher Prize: “¿Podéis imaginar cuánto pueden aprender los niños con esa capacidad de absorber de que disponen?”

Juan José Leal Martínez es técnico de Educación de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI).

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