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Mary por fin pudo quitarse las cadenas

La autora, supervisora de matronas en el Proyecto Gorama Mende/Wandor, en Sierra Leona, cuenta el impacto que le produjo encontrase a una enferma de psicosis posparto atada en una de las localidades bajo su responsabilidad y la incomprensión familiar

Kristine y Mary se reencuentran tras un mes de tratamiento.
Kristine y Mary se reencuentran tras un mes de tratamiento.

En los lugares donde trabajamos no te queda más remedio que estar siempre preparada para enfrentarte a situaciones muy complicadas. Y sin embargo, cada vez que se me ocurre pensar que en todos estos años como trabajadora humanitaria y como matrona ya lo he visto casi todo, la realidad se encarga de colocarme de nuevo en mi sitio..

Como supervisora de matronas en el Proyecto Gorama Mende/Wandor, en Sierra Leona, soy en gran parte responsable de la supervisión y formación del personal médico que trabaja para el Ministerio de Salud. Esto significa horas de docencia junto a las camas de los pacientes y enseñanzas informales basadas en las necesidades específicas que nos vamos encontrando.

Sierra Leona tiene una de las tasas de mortalidad materna e infantil más altas del mundo. Y uno de los objetivos que Médicos Sin Fronteras (MSF) se marca en este proyecto es el de reducir esas tasas reforzando los conocimientos del personal sanitario local cualificado. Esto, en mi caso, a menudo implica tener que responder a las consultas telefónicas que me hacen mis colegas desde los diversos puntos en que prestamos apoyo.

Arrebatos de ira y de violencia

El pasado mes de mayo, recibí una llamada desde la pequeña localidad de Punduru. Era acerca de una mujer que había dado a luz allí cuatro meses antes y a la que su familia había traído de vuelta con el argumento de que estaba sufriendo arrebatos de violencia. Y al parecer, según sus acompañantes, estaba teniendo un comportamiento bastante conflictivo. El caso parecía bastante serio, así que hablé con Musa, nuestro enfermero de periferia, y días más tarde cogimos el coche y nos dirigimos hacia allí.

Después de tres horas dando botes a través de tortuosos caminos de barro, algo a lo que también estamos muy acostumbrados aquí, llegamos a la casa donde nos habían dicho que estaba aquella mujer. Y efectivamente, allí la encontramos, sentada sobre un banco de madera en una de las esquinas del patio. Desde lejos ya se podía intuir su aire apenado y abatido. Y en cuanto me acerqué un poco más, pude constatar rápidamente cuales eran los motivos de tanta tristeza.

Sus pies estaban apoyados en una tabla de madera y alrededor del tobilllo llevaba amarrada una pesada cadena que alguien había cerrado con un candado. La cadena estaba a su vez atada a aquella tabla de madera.

Su nombre era Mary y ahora mismo me resulta imposible de describir el tsunami de emociones que me invadió al encontrarme con aquella escena. Sin embargo, tuve que apartar de mi mente todos aquellos sentimientos y hacer lo que se suponía que tenía que hacer allí: evaluar las condiciones de salud del paciente y dar una recomendación médica.

Pregunté por sus síntomas a la enfermera que llevaba su caso y esta me explicó que probablemente se trataba de una psicosis posparto, pero que aún tenían que hacerle diversas pruebas. También me dijo que, al parecer, ya había tenido otros arrebatos de ira tras el nacimiento de su anterior bebé, así que no se trataba de nada nuevo.

Mary ya había estado embarazada ocho veces, lo que la ponía en mayor riesgo de sufrir complicaciones si se volvía a quedar encinta. De hecho, si su problema de salud mental estaba relacionado con el posparto (es decir, con el hecho de tener más hijos), esta era otra razón de peso para que no se quedara de nuevo embarazada

La psicosis posparto es una enfermedad mental rara, pero tratable, que aparece de pronto sin necesidad de que el paciente haya tenido previamente ningún otro problema de salud mental. Sus síntomas incluyen manía, delirios, confusión, agitación, insomnio, paranoia y alucinaciones, sin necesidad de que todos ellos estén presentes al mismo tiempo. Los motivos que causan la enfermedad siguen siendo un misterio a día de hoy.

Una crisis de salud

En Sierra Leona, las enfermedades mentales representan una crisis sanitaria en toda regla. Hay escasos conocimientos al respecto, las personas muestran muy poca comprensión con los pacientes y estos se encuentran claramente estigmatizados. También hay un componente asociado a la superstición, ya que es muy frecuente que a alguien que tiene un problema de salud mental le acusen de estar maldecido por los demonios, de estar casado con una bruja, o de haberse tragado una serpiente malvada.

Las personas que buscan ayuda para tratar sus problemas de salud mental generalmente acuden a curanderos tradicionales. Allí expulsan el mal de sus cuerpos, les afeitan las cabezas, les administran hierbas medicinales y les aplican todo tipo de hechizos. La familia de Mary también la hizo pasar por este proceso, pero afortunadamente para ella también la llevaron a una estructura de salud con personal médico.

Estableciendo una conexión con Mary

Por mi experiencia con otros pacientes con problemas psiquiátricos, sabía que para ganarme su confianza y poder ayudarla, tenía que tratar de establecer algún tipo de conexión con ella. Con la imprescindible ayuda de Musa para hacer de traductor, comenzamos a hablar. Me contó que tenía unos 32 años, que había dado a luz ocho veces y había perdido a tres de sus hijos a causa de "fiebres". Le quedaban cinco hijos vivos, incluido Emanuel, el bebé de cuatro meses.

Aparentemente, no presentaba ningún tipo de agitación y no estaba experimentando sentimientos de agresión. De hecho, desde hacía varios días no había tenido ningún episodio violento y no sentía tentaciones de hacerse daño a sí misma o a su bebé.

Me explicó que estaba durmiendo bastante bien y que ya no estaba teniendo alucinaciones, pero estaba enfadada porque su familia le había afeitado el cabello, en contra de sus deseos, ya que pensaban que así sacarían el mal que le estaba afectando. Se quitó la tela para enseñarme su cabeza rapada y me dijo que se sentía fea.

Musa le señaló el hecho de que yo también era calva y Mary se quedó mirándome fijamente, como si tratara de solidarizarse conmigo. En ese momento, vi clarísimamente que aquel hecho fortuito podría convertirse en nuestro punto de conexión, así que me dirigí a Musa y le pedí que por favor le dijera que ella y yo éramos como dos hermanas gemelas. Y que añadiera que las dos éramos hermosas. Ella se echó a reír y me regaló una sonrisa deslumbrante.

Toda la familia de Mary estaba allí, con la excepción de su esposo, que estaba trabajando en otra aldea. Desde que enfermó, eran ellos quienes cuidaban de sus cinco hijos. Su tía le llevaba el bebé de manera regular para que le diera el pecho, pero nunca la dejaban sola con él.

Por la noche le quitaban las cadenas para que pudiera dormir en el interior de la casa, pero el resto del día permanecía presa en el patio. El motivo que esgrimían para tenerla allí es que había amenazado a varios miembros de la comunidad y que la gente le tenía miedo. A pesar de que me parecía inhumano verla así, hice un esfuerzo por no emitir ningún tipo de juicios y escuchar los razonamientos de su familia. A ellos tampoco les gustaba tenerla así, pero sentían que no les quedaba más remedio que hacerlo.

No me pareció apropiado pedirles en aquel momento que la liberaran. Aunque es verdad que mientras hablaba conmigo estaba tranquila, entendí que de vez en cuando estallaba y que, debido a su imprevisibilidad y por el bien de la comunidad, querían tenerla atada.

Kristine, Mary, y el hijo de esta última.
Kristine, Mary, y el hijo de esta última.

Entendiéndonos la una a la otra

Mary ya había estado embarazada ocho veces, lo que la ponía en mayor riesgo de sufrir complicaciones si se volvía a quedar encinta. De hecho, si su problema de salud mental estaba relacionado con el posparto (es decir, con el hecho de tener más hijos), esta era otra razón de peso para que no se quedara de nuevo embarazada.

Por todas estas razones, sugerí la planificación familiar en forma de implantes. Lo bueno que tienen es que duran cinco años, pero pueden retirarse en cualquier momento si se desea un nuevo embarazo, y la fertilidad se restablece de inmediato.

Todos estuvieron de acuerdo, incluida Mary, pero para mí era importante que ella entendiera de verdad lo que esto implicaba y que no se sintiera coaccionada de ninguna manera. Por esa razón, no le colocamos los implantes ese mismo día. Le dijimos que volveríamos una semana más tarde para que tuviera tiempo de pensarlo bien y que, si cambiaba de opinión, buscaríamos una forma alternativa de anticoncepción para ella. También le dije que pediría opinión a nuestro médico y a nuestro coordinador médico sobre qué medicamento podríamos ofrecerle para ayudarle a lidiar con los episodios violentos. Mary dijo que estaba dispuesta a tomar los que le recomendáramos y la familia apoyó su decisión.

Estabilidad

Dejarla atada a aquella cadena se me hizo especialmente duro, pero al mismo tiempo me sirvió como acicate para tratar de encontrar una solución urgente al problema.

Aunque nunca tendríamos un diagnóstico definitivo, dado que no había trabajadores de salud mental que pudiesen hacer una evaluación apropiada, teníamos la posibilidad de tratar los síntomas con medicamentos y ver si eso le hacía estar mejor. Había que intentarlo.

La psicosis posparto es un reto en cualquier parte del mundo, incluso en entornos donde las pacientes disponen de la mejor atención médica y de una amplia variedad de tratamientos.

Tras consultar por teléfono y por correo con varios psicólogos de la organización, decidimos encargar un medicamento llamado Haloperidol. Mis compañeros creían que le iría muy bien y que pronto estaríamos viendo los cambios. Además, no era necesario que tomara una dosis muy alta, por lo que la lactancia materna no se vería afectada.

La semana siguiente a nuestro primer encuentro, regresé para colocarle los implantes anticonceptivos y para ver cómo estaba. Su familia me dijo que seguía bastante estable y que solo había sufrido un leve episodio de violencia hacia su esposo.

A los pocos días nos vimos de nuevo. Fui a llevarle el medicamento a su casa. Allí seguía, sentada como siempre en el aquel banco y encadenada. Me dijo que no había sufrido grandes cambios y aparentemente seguía tranquila, así que quedamos en vernos en un par de semanas.

Una sonrisa hermosa y una mirada llena de brillo

Había pasado casi un mes desde mi primer encuentro con Mary y no había dejado de pensar en ella ni un solo día. Mis compañeros me habían hecho llegar noticias de que se encontraba bien, pero había llegado el momento de ir a comprobar por mí misma la evolución del tratamiento. Cogimos de nuevo la moto y nos dirigimos una vez más hacia Punduru.

Mary estaba de vuelta en su propio hogar, al final de la calle donde viven sus padres (el lugar donde estaba encadenada cuando yo la conocí). Tenía a su bebé asido con una tela a su espalda y en cuanto me vio vino hacia mí con los brazos abiertos. Me dio un fuerte abrazo y me dedicó una enorme y preciosa sonrisa. Su mirada tenía un brillo que no había visto antes en ella y aparentemente estaba muy bien. Corrió a presentarme al resto de sus hijos y luego nos sentamos a charlar unos minutos.

Dejar a Mary atada a aquella cadena se me hizo especialmente duro, pero al mismo tiempo me sirvió como acicate para tratar de encontrar una solución urgente al problema

Fue una alegría enorme verla tan recuperada, sin cadenas y de nuevo en su casa, con su familia y haciendo vida normal. Me dijo que efectivamente se sentía muy bien y que no había tenido más episodios violentos desde que empezó a tomar la medicación.

A día de hoy, Mary sigue dando pasos en la dirección correcta. Continuaremos haciendo seguimiento de su caso durante los próximos meses con la esperanza de poder confirmar su recuperación completa. Y estoy segura de que será así.

Y yo, la matrona que me sentía preparada para ver cualquier cosa, me llevé una enseñanza más de esta experiencia: en Sierra Leona, y en muchos sitios más, tenemos mucho trabajo por delante para acabar con el estigma y conseguir que las personas con problemas de salud mental acudan en busca de ayuda. De lo contrario, historias como la de Mary, pueden tener un final muy diferente a la suya.

Kristina Lauria es matrona de MSF.

La sección En Primera Línea es un espacio en Planeta Futuro en el que miembros de ONG o instituciones que trabajan en terreno narran sus experiencias personales y profesionales en relación al impacto de su actividad. Siempre están escritos en primera persona y la responsabilidad del contenido es de los autores.

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