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La ‘izquierda Viriato’

Por un lado aumentan los derechos civiles y por el otro se reducen los derechos sociales

Pintura de José de Madrazo de la muerte de Viriato.
Pintura de José de Madrazo de la muerte de Viriato.

Las izquierdas españolas andan sumidas en debates paralelos: cómo poder gobernar y con qué principios y procedimientos hacerlo. El primer debate, que trata de lograr la investidura del secretario general socialista para la presidencia del Gobierno y encontrar el tipo de Gobierno más estable para avanzar en las reformas que son precisas a lo largo de cuatro años de legislatura, está a la vista de todos; se podría decir que las conversaciones entre el PSOE y Podemos se han retransmitido en directo. El segundo debate, por el contrario, está siendo un debate en off que hasta ahora se desarrolla solo en las sentinas de algunos medios digitales sin que hayan participado apenas en el mismo los medios de comunicación tradicionales (televisión, radio y prensa en papel). Gráficamente consiste en si el símbolo de la izquierda sigue siendo la lucha de clases (la hoz y el martillo) o es ya la bandera arcoíris (la cuestión de género, el ecologismo y otras batallas transversales). Se trata de un flujo todavía subterráneo que saldrá ineludiblemente a la superficie.

Han pasado casi cien días de las elecciones generales y de aquellas ilusiones que se coreaban en Ferraz, sede de los socialistas triunfadores en las urnas (“Sí se puede”, “Con Ciudadanos no”), no queda ni el recuerdo. Mucho menos la posibilidad de copiar los procedimientos establecidos en algunos países europeos (22 de los 28 disponen de Gobiernos de coalición), como por ejemplo, en Alemania: el pacto entre democristianos y socialdemócratas para mantener a Merkel en el poder, que daba seis ministros socialdemócratas (tres mujeres y tres hombres que ocuparían, entre otros, los departamentos centrales de Finanzas y Asuntos Exteriores) en un gabinete mayoritariamente democristiano, más un programa minucioso con la memoria económica de lo que costaba cada medida, y la aprobación por referéndum de las bases socialdemócratas tras 110 días de arduas negociaciones.

El debate en off es tanto más interesante tanto por el contenedor del mismo como por su contenido. Se activa inicialmente alrededor de una entrevista que el periodista de Elconfidencial.com Esteban Hernández hace a Diego Fusaro, un polémico intelectual italiano de quien se dice que ocupa al tiempo posiciones ideológicas marxistas y conservadoras, cercanas a las del vicepresidente Salvini. La entrevista tiene fuerte repercusión en algunos de esos medios digitales y en las redes sociales. En ella, Fusaro (calificado por muchos como “rojipardo”) afirma que, en estos tiempos, con una mano se multiplican los derechos civiles pero con la otra se reducen los derechos sociales.

Estas tesis conectan con las del libro La trampa de la diversidad (Akal), del escritor Daniel Bernabé, que ha vendido varias ediciones sin haber recibido apenas atención de los prescriptores del sistema. La trampa de la diversidad no consistiría en negar la importancia de la diversidad, del feminismo o el ecologismo sino en borrar del mapa cualquier asunto material. Así, se ha ganado en derechos de la mujer o del colectivo LGTBI y hay una conciencia exponencial sobre la emergencia climática, pero al tiempo el nivel de vida de las clases medias y de los trabajadores lleva décadas disminuyendo, hay mayores dificultades para encontrar trabajo o mantenerlo, los salarios se han bifurcado con pocos empleos muy bien retribuidos y muchos muy mal pagados y de estabilidad dudosa. No se puede abandonar a la izquierda sindical. La trampa de la diversidad consiste en negar la importancia de cualquier asunto material o dejarlo en segundo término. El titular de la entrevista de Fusaro era provocador: “Muchos tontos de izquierda combaten un fascismo inexistente y aceptan el mercado”.

Uno de los artículos que respondieron al de Hernández fue el de Xandru Fernández en ctxt.com, titulado Tácticas y delirios de la izquierda Viriato (de quien tomó el concepto que establece una analogía con aquel líder lusitano que hizo frente a la expansión de Roma). La polémica no ha hecho más que abrirse: el conjunto de lo ecológico, la cuestión de género y lo social pueden crear un bloque superior a las partes, de dimensión ganadora, pero también hay que poner música a la letra de las condiciones materiales.

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