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Guiñar el ojo al fascismo

Nadie encuentra una palabra mejor para este ejercicio de seducción repugnante entre partidos políticos

La portavoz de VOX, Rocío Monasterio, junto a Isabel Díaz Ayuso, de PP, y el portavoz de Ciudadanos, Ignacio Aguado.
La portavoz de VOX, Rocío Monasterio, junto a Isabel Díaz Ayuso, de PP, y el portavoz de Ciudadanos, Ignacio Aguado.

No sé qué pasará entre hoy y el día en el que publique esta columna. Falta casi una semana y, a pesar de ser julio, un mes que normalmente es remolón, tenemos sorpresas políticas diarias: Ciudadanos estira hasta límites insospechados su victimismo y Vox su dignidad; Sánchez e Iglesias escenifican un partido de pimpón con la culpa como pelotita que va y viene y deja tuerta a la izquierda. Para cuando se publique esta columna, igual Vox ha cedido y dado su consentimiento a la investidura de Díaz Ayuso para la Comunidad de Madrid. Estaremos, más que seguro, a la espera de una ya anunciada investidura fallida para la presidencia del Gobierno español. Igual para entonces se habrán olvidado de que el martes 9 de julio los “guiños” que el PP-Ciudadanos hace a Vox para conseguir la investidura de Díaz Ayuso han sido titular. Esta noticia me preocupa, tanto por el tratamiento en los medios como porque corresponde a un patrón de actuación en contra de derechos fundamentales de comunidades vulnerables ya reconocible en los debates políticos de nuestro país.

En todos los medios se habla de “guiños”. Parece que nadie encuentra una palabra mejor para este ejercicio de seducción repugnante: entre otras medidas (anunciadas bien en el acuerdo escrito, bien a los medios), el PP y Ciudadanos abren la posibilidad de revisar la ley que protege los derechos LGTBI en la Comunidad de Madrid, particularmente los artícu­los que recogen la inversión de la carga de la prueba en casos de delitos relacionados con la identidad sexual y la inclusión de contenidos sobre el colectivo LGTBI en los colegios. También permitirán que los cuerpos de la Seguridad del Estado accedan a la información que tenga la Administración regional sobre extranjeros en situación irregular. Los medios de comunicación, al señalar estas medidas como “guiños”, están minimizando lo que realmente hay detrás: una ideología que señala, estigmatiza y persigue, que abre la puerta a un retroceso en libertades fundamentales y a la posibilidad de una persecución abierta a las personas migrantes en situación irregular. La ley que protege y ampara a personas LGTBI y los talleres en los que se enseña a niños y niñas a respetar y entender la diversidad existen porque responden a la necesidad de proteger el derecho fundamental a una vida digna, segura y en igualdad. No se puede llamar “guiño” a considerar propuestas de un partido que defiende que el único matrimonio legalmente válido (y, por tanto, garante de derechos) es entre hombre y mujer, que considera la homosexualidad una enfermedad, que pide listas de educadores/as del colectivo LGTBI, etcétera. Guiñar es enviar a través de un gesto un mensaje implícito. Aquí el mensaje es explícito: el colectivo LGTBI está marcado con una cruz o con una estrella, lo que ustedes prefieran.

Como es también explícito el mensaje de persecución contra las personas que llegan a Madrid en situación irregular. Que los cuerpos de seguridad tengan acceso a su información en la Administración regional implica su absoluto desamparo. Si saben que la Administración puede compartir su información con la policía, estas personas no buscarán cuidados médicos cuando lo necesiten, ni ningún otro servicio público, porque hacerlo significará arriesgarse a ser expulsados del país, previo paso por un CIE. Esto que llaman “guiños” es una clara invitación a políticas de señalamiento, estigmatización y persecución. Sí, me repito, pero si digo políticas fascistas, igual hay alguien que no me entiende.

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