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Botsuana levanta la prohibición de cazar elefantes

El Gobierno afirma que el elevado número de ejemplares crea problemas en los asentamientos humanos y destruye cultivos

Una manada de elefantes en el área de Mababeen Botsuana, el 19 de septiembre de 2018.
Una manada de elefantes en el área de Mababeen Botsuana, el 19 de septiembre de 2018. REUTERS

Botsuana comenzó a ser llamado "el paraíso de los elefantes" en 2014. cuando el entonces presidente, Ian Khama (2008-2018), prohibió la caza en todo el territorio nacional. Ahora, este país, que posee la mayor población de esta especie de paquidermos del mundo, ha levantado esa prohibición. El anuncio se ha hecho oficial este miércoles por la noche mediante un comunicado del Ministerio de Medioambiente, Conservación y Turismo. En una rueda de prensa celebrada este jueves, el titular de esa cartera, Kitso Mokaila, ha defendido que nunca se pensó que la suspensión fuera una medida permanente, sino una forma de "observar qué ocurría en nuestros ecosistemas".

"Siempre hemos sido muy responsables con nuestra vida silvestre y siempre los preservaremos. El levantamiento de la prohibición de la caza no significa la matanza indiscriminada de la fauna, sino permitir enfoques científicos para mantener el equilibrio ecológico correcto estudiando los límites de capacidad y permitiendo a las comunidades que conviven con los animales desarrollar sus vidas en armonía con los elefantes", indica un portavoz de la Organización de Turismo de Botsuana en conversación telefónica.

El Gobierno del país africano ha rectificado su anterior enfoque porque después de estos cuatro años se ha observado un aumento de los conflictos entre humanos y elefantes. Botsuana tiene una población de ejemplares de esta especie que ronda los 135.000, de los 350.000 que quedan en África, según las últimas estimaciones de WWF. Es la mayor del mundo y son frecuentes las incursiones de los paquidermos en aldeas y campos, que quedan arrasados a su paso. "Observamos que nuestros esfuerzos de conservación se habían vuelto en contra de la vida salvaje", ha justificado el ministro. Mokaila ha especificado también que no han aceptado sin embargo la recomendación de sacrificar ejemplares que planteó el comité que ha estudiado este asunto. "El sacrificio es una matanza masiva para reducir el número de ejemplares y ese nunca ha sido el objetivo; el objetivo es controlar", aseguró.

Las razones que aduce el Gobierno son la cantidad y alto nivel de conflictividad entre humanos y paquidermos; el aumento del número de depredadores y el consiguiente daño que han causado al ganado; el impacto negativo en los medios de vida que conllevó la prohibición de la caza para comunidades que antes se mantenían de ella y la escasa capacidad del Departamento de Vida Silvestre y Parques Nacionales para controlar los animales problemáticos.

"La prohibición de la caza se impuso hace solo cuatro años, cuando los números ya eran mayores de los que la tierra podía albergar", han explicado fuentes de la Oficina de Turismo de Botsuana. "En un área que puede acoger en torno a 54.000 ejemplares, tenemos más de 130.000. Han comenzado a introducirse en asentamientos humanos, destruyendo cultivos y matando gente... Es realmente catastrófico", indican funcionarios de este organismo.

Botsuana tiene una población estimada de 135.000 ejemplares de los 350.000 que quedan en África

El Fondo Mundial de la Naturaleza (WWF) no celebra esta decisión. "No podemos apoyar esta posición, sobre todo porque estamos hablando de cazar una especie sometida a una presión brutal y que está en peligro", indica Luis Suárez, responsable del programa de especies de WWF España. "El mensaje que se está transmitiendo es que se pueden cazar especies amenazadas", lamenta.

Suárez reconoce que el Gobierno de Botsuana "ha hecho bien los deberes" porque ha logrado una buena conservación de la especie, pero opina que la solución a los problemas entre humanos y paquidermos no es matar a estos últimos. Garantizar que haya una buena conexión entre espacios naturales donde se puedan mover con libertad y proteger a las comunidades con medidas de prevención de daños son algunas de las alternativas que propone WWF.

Impacto en el turismo

Hace año y medio, el entonces ministro de Turismo y hermano del presidente, Tshekedi Khama, defendía la prohibición de cazar elefantes a capa y espada durante la asamblea anual del programa marco del turismo sostenible de la ONU (10YFP por sus siglas en inglés) celebrada en diciembre de 2017 en Kasane, al norte del país. Khama centraba su discurso en cómo trabajar con las comunidades para mejorar la convivencia entre fauna salvaje y humanos. También en la importancia de estos animales para el turismo en un momento en que las últimas investigaciones revelaban que la humanidad había acabado con el 30% de su población durante los siete años anteriores.

Esta restricción se ha anulado tras cuatro meses de consultas del Ejecutivo con diversos sectores de la sociedad, como las comunidades afectadas por el aumento de la población de paquidermos, las organizaciones conservacionistas o las empresas turísticas. El fin de la prohibición ha reabierto una gran polémica entre quienes defienden la protección total de la especie y quienes están a favor de la caza controlada.

El nuevo presidente de Botsuana, Mokgweetsi Masisi, es partidario de permitir la caza. La economía del país se ha beneficiado enormemente gracias al turismo de safaris de lujo que se ha desarrollado en los últimos años. De hecho, el turismo es el segundo motor económico del país (junto a la industria de la carne) y la esperanza de Botsuana desde que la producción de diamantes (joya de la corona de la economía nacional) comenzó a descender.

El furtivismo, el verdadero problema

WWF recuerda que el verdadero problema reside en el furtivismo, un crimen contra la naturaleza que mueve entre 8.000 y 20.000 millones de euros al año según la campaña Stop Tráfico de Especies de esta organización. "Es cierto que la caza deportiva bien llevada no es un problema, nos guste o no". Otra cosa es el mensaje que se lanza, pues a veces es complicado transmitir la diferencia entre la caza legal y la ilegal. Según Suárez, permitir la caza legal favorece que se blanqueen productos como colmillos de marfil. "Cuando se permite la caza legal se otorgan unos permisos para sacar los trofeos del país. A través de ellos hemos detectado que se utiliza un mismo permiso para traficar con otros objetos legales e ilegales, sobre todo colmillos de marfil. Se falsifican, se hacen copias..." ilustra.

En este sentido, el ministro ha indicado que la caza se limitará a zonas designadas para ello y las licencias se concederán de forma limitada y no serán transferibles.

Suárez concluye que aunque su organización es más partidaria de restringir la caza, el control del furtivismo depende mucho del trabajo de conservación de cada país. "La presión se va moviendo según los esfuerzos por controlar y proteger las especies. Al final, los furtivos se van a los países con reglas más laxas y menor vigilancia", resume. 

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