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Programas

La mayor abundancia de opciones ya no hace tan fácil votar según el método tradicional, es decir, contra alguien. Ahora hay que hilar más fino

Elecciones Generales 2019
Hinchable del partido animalista PACMA.

Poca gente lee los programas electorales. Es lógico. Los aficionados a la ficción literaria disponen de textos mucho más hermosos e instructivos en cualquier librería. Y ninguna novela exige tanta “suspensión de la incredulidad” como las promesas de un partido político. Sin embargo, algo parece estar cambiando dentro de este subgénero. La mayor abundancia de opciones ya no hace tan fácil votar según el método tradicional, es decir, contra alguien: voto a estos para que se vayan aquellos, o voto a aquellos para que no lleguen estos. Ahora hay que hilar más fino. No digo que sea necesario estudiarse los programas, pero sí tener en cuenta algunos de sus rasgos esenciales.

Para empezar, compruebe si un programa determinado incluye bajar los impuestos. De ser así, pregúntese si es usted rico. ¿No? Pues no siga leyendo, no vale la pena. En la historia reciente del mundo occidental solo se han registrado dos descensos significativos de la presión fiscal sobre los ciudadanos de a pie. Uno fue el aplicado por Ronald Reagan, porque Estados Unidos imprime dólares y puede permitirse un déficit colosal. El otro correspondió a Margaret Thatcher y marcó el rumbo del Reino Unido hacia un futuro (que ya es presente) como país de pobre cobertura social, ajeno a la Unión Europea y dedicado a los servicios financieros. El tránsito, como vemos cada día, resulta doloroso y puede acabar en gran fracaso.

Tenga en cuenta que, al margen de esas dos excepciones, en ningún país bajan los impuestos (salvo para los ricos). Puede que el planeta esté gobernado por una confabulación de idiotas. También es posible que los impuestos sean necesarios. Otra cosa es organizarlos mejor. Lo de bajarlos no ocurre nunca.Luego pregúntese cómo se ha confeccionado el programa. Existen tres grandes modalidades: prêt-à-porter, por sondeo y por asamblea. El prêt-à-porter sigue las modas internacionales y vale para Estados Unidos, Brasil o Alpedrete. Ahora se lleva mucho la ultraderecha: patria, religión, xenofobia, armas y neoliberalismo. El programa por sondeo se hace, en cambio, casi a medida del presunto elector. ¿Qué podemos ofrecerle para que nos perdone de nuevo? ¿Qué podemos inventar para impedir que vote a ese otro partido nuevo y prêt-à-porter que nos hace competencia? Todo se realiza por modernísimas vías demoscópicas. Los grandes partidos tradicionales suelen recurrir a ese proceso de fabricación.

Por último, la fórmula asamblearia o de militancia. De ella se obtienen los programas más ambiciosos; suelen combinar la sensatez, la grandilocuencia y el detalle disparatado.

Me permito señalar como ejemplo de este último método el programa del Partido Animalista (antes Antitaurino) Contra el Maltrato Animal. A grandes rasgos, aunque no soy partidario de la prohibición de los toros, me parece el más razonable, por su ambición humanista y ecológica. Incluso la parte económica suena bien. Luego tiene las cosas raritas: la prohibición de la pesca con caña, el fomento de las danzas regionales y así. Ideas de asamblea. Si sacara algún diputado, si el voto de ese diputado hiciera falta para aprobar el presupuesto, si el hipotético diputado consiguiera a cambio de su voto que las granjas industriales y los mataderos fueran menos indecentes, yo me llevaría una alegría.

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