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VOX

La nueva extrema derecha irrumpe en escena

“Casado legitima nuestro discurso”, asegura el líder de Vox, a quien el CIS otorga un escaño en el Congreso

Santiago Abascal, líder de Vox, saluda a sus seguidores el pasado 3 de junio en Madrid. En vídeo, miembros de Vox despliegan una bandera de España en Gibraltar, en 2016.

Son las siete de la tarde del viernes 28 de septiembre. Cuando termina de hablar por el teléfono con el periodista, el líder de Vox, Santiago Abascal —que está a punto de entrar en un acto en Valladolid— coge de nuevo el móvil y adjunta varios documentos a su interlocutor: fotografías de un auditorio atestado y un vídeo en el que se ve a toda la gente que, tras hacer cola 40 minutos, se ha quedado fuera (“Vengo a pediros disculpas, pero esto es un síntoma excelente. ¡Viva España!”, les dice). Envía también imágenes de una charla que está dando a la misma hora Javier Ortega Smith en Zaragoza en una sala repleta. Ortega Smith, número 2 de su formación, fue militar de operaciones especiales de Ejército; hace dos años, con varios cargos más, entró en Gibraltar para desplegar en un monte una bandera española: mientras el jefe de Vox en Madrid era detenido, él dijo haber escapado del Peñón nadando. El partido difundió la acción con un himno de fondo y el texto: “Imagínate a un puñado de españoles así en el Congreso”.

De este modo, con charlas abarrotadas, acababa una semana histórica para el partido extraparlamentario al que el CIS ha separado de la categoría "otros" para darle entidad propia y vaticinarle un 1,5% de los votos, que se traducirían en un escaño en el Congreso.

Pregunta. Presumen de políticas sociales y de robar votantes a Podemos, ¿podrían votar algunas propuestas suyas en el Parlamento?

Respuesta. Hablamos de un partido de ultraizquierda fuera de la realidad. En materia social sí podríamos coincidir alguna vez. Pero votar con ellos…

P. Si es el partido más alejado de ustedes y le llaman ultraizquierda, ¿son ustedes ultraderecha?

R. Visto de esa forma… Pero no me identifico con esa etiqueta, ni con la xenofobia, ni con el racismo. Y no pierdo el tiempo en justificarme ni en buscar otra etiqueta.

P. No cree en el mestizaje, en la fusión de culturas.

R. Me identifico con la identidad cultural europea y me gustaría que se preservase. No creo en el multiculturalismo ni en esas ensaladas con las que es imposible vivir. No tengo ningún problema con el color de las personas sino con lo que tienen dentro de la cabeza. Ese es mi problema con cierta inmigración y, sobre todo, con las necesidades de la economía nacional.

En Vox manejan todo tipo de encuestas. Han llegado a difundir una de “una popular web” que los ponía como cuarto partido de España: la web resultó ser Forocoches. Vox, creado en mayo de 2014, se mantuvo hasta septiembre de 2017 entre los 3.000 y los 3.500 afiliados. A partir de entonces empieza a subir hasta llegar a los 10.681 que tiene hoy. Todos, asegura el partido, pagan una cuota de nueve euros. ¿Por qué? Verónica Fumanal, asesora en comunicación, cree que el cambio de eje propicia la fortaleza de la derecha. “El conflicto catalán, la exhumación de Franco, la migración o la seguridad son el marco perfecto. Para Vox la unidad de España y la migración son terrenos abonados para su auge. PP y Ciudadanos, más institucionales, no sugestionan a ese electorado; un discurso antisistema como el de Vox, sí”. Fumanal apunta al estilo que mantiene el partido ultra en redes sociales: “Se mueve como pez en el agua y hace discursos que conectan con una parte de la sociedad que ve la política tradicional como un problema, y no como parte de la solución”. Abascal coincide sobre las causas de su ascenso: “Nuestra posición beligerante en redes sobre el sector público y la inmigración”.

Pero hay un tercer pilar que explica su ascenso, dice el líder de Vox. En pleno debate sobre el aumento de la violencia de género, Abascal cree que hay una batalla que librar en España: contra el feminismo. Cataluña, inmigración y mujeres son los “tres elementos con los que percibimos con claridad que nos metemos en el terreno de la izquierda”.

Pregunta. ¿Por qué el feminismo?

Respuesta. Hay un feminismo asociado a una ley que convierte a los hombres en culpables por el hecho de ser hombres.

P. Ustedes dan conferencias tituladas Los hombres, víctimas del Estado. ¿Cómo pueden los hombres ser víctimas de algo ocupado mayoritariamente por hombres?

R. Tiene que ver con la Ley de Violencia de Género. Muchas denuncias se producen los viernes porque hay instrucciones de abogados y abogadas: eso lleva al hombre de manera preventiva a una detención de todo el fin de semana y sale el lunes dispuesto a firmar lo que sea en un proceso de divorcio.

La Fiscalía General del Estado recordó hace un año que el 0,01% de las denuncias por violencia machista, entre 2009 y 2016, fueron falsas. Poniendo el foco sobre ellas y apartándolo del 99,99% que son ciertas y cuestan vidas, Vox se siente —también ahí— en un terreno a la contra, el suyo. Lo políticamente incorrecto, como dicen de forma incansable.

“Comulgan con una parte del electorado que ve a la derecha española, sobre todo la de Rajoy, timorata, con falta de determinación, frente a discursos que hablan de recentralizar competencias o de expulsar a todos los migrantes, al más puro estilo Salvini o Trump”, explica Fumanal. “Son pocos, siguen siendo pocos”, dice el politólogo Pepe Fernández de Albertos. “La intención directa es 0,9% de los encuestados. Las encuestas privadas sabemos que les dan posibilidades de tener escaño. Están por encima del 3% en Madrid, algo que le viene muy bien al partido porque Madrid es una circunscripción en la que es más barato tener escaño, pero, al mismo tiempo, limita su capacidad para que tenga representación más allá de eso”.

Es inútil mirar para otro lado: “El fenómeno de Vox existe”, dice Fernández de Albertos. Verónica Fumanal recuerda el efecto Vox en las primarias del PP: “Cada vez que Casado nombraba a VOX los elevaba de fuerza marginal sin posibilidades a rival político. El principal problema de estos partidos es su grado de desconocimiento; cuanto más se hable de ellos, aunque sea para criticarlos, más aumentará su intención de voto. Pensar que no existe en España una parte de la sociedad que conecta con un discurso populista, xenófobo, antimigratorio y antieuropeo es negar que la crisis política propiciada por los propios partidos no ha dado un espacio natural a aquellos que hacen de la antipolítica su modo de vida”.

Vox ofrece datos. Tras su repunte en otoño de 2017 se ha mantenido en 15 afiliados diarios. Eso, antes de que llegara Pablo Casado a la presidencia del PP. Desde entonces, la afiliación se ha acelerado hasta alcanzar los 50, 60 o 70 afiliados al día. “Gente que se apunta para sostener el partido, afiliados de cuota”, dice Abascal. “Pablo Casado irrumpió con una mención específica a Vox diciendo que había recuperado votantes que se habían venido a nuestro partido. Lo que ha hecho Casado es legitimar nuestro discurso ante una parte muy importante del electorado, y luego se ha retirado de las posiciones que iba a defender”.

“Lo curioso es que esta dinámica de derechización que vemos entre PP y Ciudadanos se podría dar en ausencia de Vox”, dice Fernández de Albertos. “La estrategia del PP, que tiene relativo sentido, es empujar a la izquierda a Ciudadanos, y eso fuerza a Ciudadanos a tirar hacia la derecha. Entre los dos lo hacen solos, pero bien es cierto que la aparición de Vox los obliga a endurecer sus posiciones aún más”.

El domingo, este hombre que vivió, como su padre, media vida amenazado por ETA, y dijo en El Español que iba “siempre” armado (“no habitualmente”, dice ahora, “pero si lo estoy, cuando nos encontremos no tienes por qué preocuparte”) recibirá su bautizo de fuego en Vistalegre, en un acto en el que dice tener ya vendidas 9.000 entradas. Recuperó la fe religiosa hace pocos años debido a un acontecimiento que mantiene en secreto (“si no se lo dije al semanario católico Alba, no se lo voy a decir a EL PAÍS”) y anuncia su disposición “total” para entrar en el Parlamento. Con él dentro, España tendría un ejecutor de las políticas que ya amenazan los valores democráticos en países como Hungría, Francia o Italia.

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