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¿Era Rajoy el señor X?

Se trata de la democracia española a examen. Habrá que esperar que la justicia sea capaz de sacar adelante la investigación

Mariano Rajoy, durante una rueda de prensa en el Palacio de la Moncloa, en una imagen de archivo.rn
Mariano Rajoy, durante una rueda de prensa en el Palacio de la Moncloa, en una imagen de archivo.

El PP del aznarismo, como el PSOE arrollador de los ochenta, estaba ya condenado a arrastrar el estigma de la corrupción; y ahora se intuye que el PP, como aquel PSOE, también tendrá, a su manera, el estigma de una guerra sucia desde las cloacas del Estado. Rajoy parecía marcado fatalmente por Gürtel, cuya sentencia activó la maquinaria de la moción de censura que lo sacó de la Moncloa, pero ¿es el Señor X del caso de la Brigada Patriótica? Esta hipótesis gana peso tras la grabación del inspector Fuentes Gago que aseguraba actuar, en sus tejemanejes con un exministro chavista contra Podemos, bajo "mandato" del ministro del Interior, Fernández Díaz, y del presidente del Gobierno español. Esto es, ya, un escándalo mayúsculo.

Tal vez en otro contexto, este episodio habría estallado con la onda expansiva de Hiroshima. O tal vez no. Como decía Ben Bradlee, el legendario director del Post, en Todos los hombres del presidente: "¿Conoces los resultados de la última encuesta de Gallup? La mitad del país nunca escuchó la palabra Watergate. A nadie le importa una mierda". Es posible que la referencia Brigada Política o Policía Patriótica no le suene a muchos, aunque ya apeste de un modo inquietante. Seguramente tampoco Manuel Moix, fiscal anticorrupción, acusado de falsear y manipular datos con dos comisarios para favorecer a los "intereses políticos del PP" en el caso espías. Pero se trata de un asunto tenebroso, y cada vez más.

En 2015, Podemos amenazaba al sistema, y el sistema se defendió como es lógico... pero la cuestión es si lo hizo bajo las reglas del juego o hubo juego sucio. Ese es el quid. Y ya hay poco margen para la ingenuidad. De hecho, en el esquema del caso se concentran todos los indicios de estos escándalos: un sistema debilitado, con el bipartidismo herido, que recurre a sus fondos de reptiles y a sus reptiles para actuar desde la fontanería del Estado con guerra sucia ante la irrupción amenazante de un elemento de desestabilización para el statu quo. Hay una triple trama político, policial y mediática. De hecho, el exministro venezolano Isea aceptó avalar el informe falso de la financiación venezolana a Podemos pero este no llegó a un juez sino a las páginas de Abc, en víspera de las elecciones generales de 2016. La reconstrucción, en fin, puede proporcionar un retrato de época, eso sí, nada complaciente.

Esto no va del honor perdido de un dirigente o de la posible indignidad de un ministro del Interior que, movido por la fe ciega desde convicciones más religiosas que democráticas, financió las acciones de la policía patriótica. ¿Hasta dónde sabía Rajoy? ¿Era él, en este escándalo, el señor X? Aquí se trata, de hecho, de la democracia española a examen. Y habrá que esperar que la Justicia sea capaz de sacar adelante la investigación, sobre la que ya pesan sombras muy serias, para evitar además las teorías de la conspiración. Como en otros episodios semejantes, mirar para otro lado, urgidos por la competición electoral, sería la peor tentación para la sociedad.

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